Rusia lanza a Finlandia la misma amenaza que vertió Putin contra Ucrania al acercarse a la OTAN

Los expertos cercanos al Kremlin consideran que el movimiento del país nórdico no representa para Moscú una línea roja del calibre de la sintonía de Kiev o Georgia con la Alianza

Tropas rusas en un tanque circulaban por la ciudad de Mariupol, en el sur de Ucrania, el 11 de mayo.
Tropas rusas en un tanque circulaban por la ciudad de Mariupol, en el sur de Ucrania, el 11 de mayo.ALEXANDER ERMOCHENKO (REUTERS)

El Gobierno ruso ha respondido al acercamiento de Finlandia a la OTAN con las mismas amenazas que proclamó Vladímir Putin en diciembre ante la posibilidad de que Ucrania formase parte de la Alianza Atlántica. “Rusia se verá obligada a adoptar medidas de respuesta de carácter técnico-militar, y de otro tipo, con el objetivo de detener las amenazas a su seguridad nacional”, ha advertido este jueves el Ministerio de Exteriores ruso tras denunciar “un giro radical” en la posición del país nórdico. La entrada en la OTAN de Finlandia, epítome de la neutralidad entre Occidente y la URSS en la Guerra Fría, es visto desde Rusia como una amenaza, aunque los expertos no lo consideran una línea roja tan clara como pudieran ser Ucrania o Georgia. En cualquier caso, desde el think tank más importante del Kremlin, el Club Valdái, avisan: “Vivimos tiempos peligrosos”.

“Helsinki debe ser consciente de la responsabilidad y de las consecuencias de esta medida”, ha subrayado el Ministerio de Exteriores en un comunicado. El Gobierno ruso acusó a la OTAN de haber convencido a Finlandia para dar este paso. “El objetivo claro es continuar expandiéndose hacia las fronteras de Rusia y crear otro flanco en la amenaza militar a nuestro país”, afirma el texto.

La primera vez que Moscú habló de “medidas técnico-militares” fue el 21 de diciembre, en plena negociación con EE UU y la OTAN. Putin dijo aquel día a su ministro de Defensa y sus generales que Rusia adoptaría ese tipo de respuesta si continuaba “claramente la línea agresiva de los colegas occidentales”. Durante aquella reunión, Putin afirmó “tener todo el derecho a hacerlo para garantizar la seguridad y la soberanía de Rusia” y afirmó que Ucrania planearía un supuesto ataque contra Crimea si tuviera el paraguas de la OTAN. Exactamente los mismos argumentos que proclamó este lunes en su discurso por el Día de la Victoria.

Tras el inicio de la ofensiva rusa contra Ucrania, Putin advirtió el pasado 14 de abril de que la entrada de Suecia o Finlandia en la OTAN podría obligarlo a desplegar armas nucleares cerca del Báltico. Su portavoz, Dmitri Peskov, ha matizado este jueves que la respuesta se adecuará a los movimientos militares en los países nórdicos. “Todo dependerá de cómo se formalice esa expansión, de cuánto se acerque la infraestructura militar [de la OTAN] a nuestras fronteras”, ha expresado el representante del Kremlin tras supeditar el nuevo despliegue ruso “a equilibrar la situación y garantizar nuestra seguridad”.

Entrar en la Unión Europea ya era una amenaza

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El presidente francés, Emmanuel Macron, propuso semanas antes de comenzar la ofensiva rusa una “finlandización” de Ucrania. Ese término es polémico en el país nórdico porque aquella supuesta neutralidad supuso 44 años de autocensura y restricciones a medios y políticos críticos con los soviéticos. Sin embargo, en Rusia es aún visto como un ejemplo de supuesta neutralidad.

“Finlandia pudo entonces acceder al mundo capitalista limitando su participación en organizaciones occidentales. Eso fue beneficioso para ella y para las relaciones entre la URSS y Occidente”, afirma por teléfono a EL PAÍS Ígor Istomin, experto del Club Valdái y profesor del Instituto de Relaciones Internacionales del Ministerio de Asuntos Exteriores de Rusia (MGIMO, por sus siglas en ruso).

Sin embargo, todo ha cambiado desde la óptica rusa. “No es un secreto que desde los noventa han rechazado mantener su posición de país neutral pese a los continuos llamamientos de las autoridades rusas. Decían: ‘No somos neutrales, queremos unirnos a la Unión Europea”, agrega Istomin como argumento.

“¿Qué significa esto? Desde que comenzó el conflicto de Ucrania en 2014, Finlandia y Suecia han participado en las sanciones contra Rusia desde dentro del mercado de la Unión Europea”, explica el experto, quien subraya que desde aquel año “se ha visto una cooperación de facto con la OTAN”, tanto en las maniobras militares como con su participación en consultas políticas.

“Las contradicciones, que se suavizaban y estaban ocultas, han aflorado ahora a la superficie”, opina. Sin embargo, el experto del Club Valdái coincide con otros analistas rusos en que la ampliación de la OTAN “deja cada vez menos países que sirven de amortiguadores entre Rusia y la OTAN”. “Austria, Suiza, Finlandia, Suecia e, incluso, Yugoslavia ejercían como mediadores”, agrega tras recordar que Finlandia respondió bien a la crisis de los transpondedores en 2015, cuando los aviones rusos desactivaron esta señal de aviso sobre el Báltico.

Esa misma opinión la compartió con la agencia Tass Dmitri Súslov, subdirector del Centro de Estudios Complejos Europeos e Internacionales de la Escuela Superior de Economía, quien considera que el nuevo escenario reduce la confianza mutua. “Si Finlandia y Suecia entran en la OTAN, se convertirán en potenciales escenarios de guerra en caso de un conflicto directo entre Rusia y la OTAN”, afirmó.

También las voces más críticas alertan de que el movimiento puede tener consecuencias de calado. Christopher Chivvis, experto del Centro Carnegie de Moscú, un reputado think tank vetado en el país por las autoridades rusas hace pocas semanas, compartió en un análisis de abril que la neutralidad de esos países podía ser “una invitación a Rusia para atacar”. En su opinión, “los dos tienen motivos genuinos para estar preocupados” tras el ataque ruso contra Ucrania y las amenazas sobre los países bálticos vertidas estos años. “Contemplan correctamente que la seguridad de sus vecinos es clave para su prosperidad”, añade, y hace hincapié en que una alianza en la región “haría que Rusia actúe más prudentemente en el futuro”. “Al menos el Kremlin tendría que preocuparse de otros 1.300 kilómetros de frontera”, concluye el analista de Carnegie.

Carelia, una vieja disputa

Como en el caso de la península del Mar Negro y Ucrania, Finlandia y Rusia también han mantenido pugnas territoriales en el pasado. Se trata de la región de Carelia, sobre la que Helsinki renunció a hacer cualquier reclamación territorial en 1992, tras la desaparición de la Unión Soviética. Aquel territorio había sido disputado en paralelo a la II Guerra Mundial durante la Guerra de Invierno, donde la URSS atacó a Finlandia (1939) y la Guerra de Continuación, donde Helsinki cooperó con el avance del III Reich. Finalmente, la URSS obtuvo aquel territorio en el Tratado de París de 1947.

La clave de este nuevo choque entre ambos lados del Telón de Acero estuvo en las palabras de Peskov, al subrayar que todo dependerá del futuro despliegue de la OTAN en Finlandia. “Las medidas técnico-militares quizás se refieran a la reubicación allí de los misiles Kinzhal y otras armas modernas que anunció Putin en 2018″, apunta Istomin, aunque “todo dependerá de la evolución de los acontecimientos”.

En su opinión, la situación nórdica no es comparable a la de las antiguas repúblicas soviéticas. “Si de nuevo aparece la perspectiva de una entrada de Georgia en la OTAN, esto será aún más desestabilizador y un riesgo notablemente mayor para una guerra en Europa que la adhesión de Finlandia y Suecia”, opina el experto del Club Valdái.

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