La tensión en Jerusalén amenaza la estabilidad del Gobierno israelí

Un partido árabe suspende su apoyo a la coalición del primer ministro Bennett. El escudo Cúpula de Hierro intercepta un cohete disparado desde Gaza

Una patrulla policial israelí, durante los incidentes del lunes en la Ciudad Vieja de Jerusalén.
Una patrulla policial israelí, durante los incidentes del lunes en la Ciudad Vieja de Jerusalén.DPA vía Europa Press (Europa Press)

La escalada de violencia en la Ciudad Vieja de Jerusalén parece haberse contenido tras el estallido del viernes, cuando más de 150 palestinos resultaron heridos y cerca de 400 fueron detenidos en enfrentamientos con la policía israelí en la Explanada de las Mezquitas. La irrupción de las fuerzas de seguridad en el recinto religioso ya ha desencadenado, sin embargo, consecuencias políticas y diplomáticas de calado. El partido islamista Lista Unida Árabe (Raam, en sus siglas en hebreo) ha suspendido su apoyo al Gobierno del primer ministro, Naftali Bennett, en protesta por los incidentes en la mezquita de Al Aqsa. Los votos de sus cuatro diputados son clave para la estabilidad de una coalición que acaba de perder la mayoría en la Kneset (Parlamento). En un nuevo vuelco, el escudo antimisiles Cúpula de Hierro ha interceptado en la noche del lunes un cohete disparado desde la franja de Gaza, hacia el sur de Israel. Se trata del primer proyectil lanzado desde la Franja palestina en cuatro meses.

La tensión religiosa en el recinto amurallado de la Ciudad Santa sigue latente en conjunción con la Pascua Judía y la Semana Santa, ahora de los cristianos ortodoxos preponderantes en Oriente Próximo. El Consejo de la Shura, que ejerce el liderazgo espiritual sobre la Lista Árabe Unida, acordó en la noche del domingo “congelar” temporalmente la participación del partido árabe en la coalición sin retirar definitivamente su apoyo, a la espera de los acontecimientos en las dos semanas que restan del mes santo musulmán de ayuno y oración.

Raam ha sido la primera fuerza política de la minoría árabe —una quinta parte de la población israelí— en integrarse en una coalición gubernamental en los cerca de 74 años de historia del Estado de Israel. No cuenta con ministerios, pero su participación en la aprobación de leyes y presupuestos ha sido determinante para la supervivencia del bautizado como Gobierno del cambio, que apeó hace 10 meses al conservador Benjamín Netanyahu, tras 12 años en el poder. “Mansur Abbas [líder de Raam] es consciente de que cualquier alternativa sería peor”, asegura Yossi Verter, analista político del diario Haaretz. Para recuperar el cargo de primer ministro, Netanyahu precisa contar con la extrema derecha religiosa, apuntalada por extremistas judíos antiárabes.

Tras la fuga de una diputada ultraconservadora el pasado día 6, el Gobierno perdió la mayoría raspada de 61 votos que ostentaba en una Kneset de 120 escaños. La salida de la ortodoxa judía Idit Silman, que era la jefa del grupo parlamentario de una coalición integrada por tres fuerzas derechistas, dos centristas, dos de la izquierda y los islamistas de Raam, dejó a Bennett tocado, pero no hundido. Una eventual pérdida del sostén de la Lista Unida Árabe, empero, amenazaría con causar un naufragio. Hasta que comience el próximo periodo de sesiones de la Cámara legislativa, a comienzos de mayo, queda aún por ver si la retirada de la coalición ha sido un gesto simbólico para contentar a sus votantes musulmanes conservadores o representa el prólogo de una ruptura definitiva.

Judíos ortodoxos durante la bendición sacerdotal, el lunes en el Muro de las Lamentaciones de Jerusalén.
Judíos ortodoxos durante la bendición sacerdotal, el lunes en el Muro de las Lamentaciones de Jerusalén.ABIR SULTAN (EFE)

Tras la explosión de violencia del viernes en la Ciudad Vieja de Jerusalén se han reproducido los incidentes, aunque a mucha menor escala. Miles de judíos asistieron el lunes en el Muro de las Lamentaciones, al pie de la Explanada de las Mezquitas, a la bendición sacerdotal de la Pascua. La ceremonia se desarrolló sin incidentes, aunque con una afluencia inferior a la esperada tras el levantamiento de las restricciones impuestas desde hace dos años a causa de la pandemia.

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El primer ministro Bennett ha dado “carta blanca” a las fuerzas de seguridad para garantizar la seguridad tras la ola de atentados que se ha cobrado la vida de 14 personas en el último mes en ciudades israelíes. Este lunes ha responsabilizado al movimiento islamista Hamás de estar detrás de los recientes incidentes en la Explanada de las Mezquitas. “Israel está haciendo todo lo que está en su mano para que todos –judíos, musulmanes y cristianos– puedan celebrar las festividades [religiosas] con seguridad (...) y con Jerusalén abierta a todos”, declaró en un comunicado oficial tras la cascada de llamamientos al retorno de la calma en la Ciudad Santa procedentes de Europa, Estados Unidos, el Vaticano o la ONU. El Consejo de Seguridad se plantea, según France Presse, llevar a cabo una sesión el martes para examinar la situación en Jerusalén.

Los mensajes más tajantes han llegado hasta el Gobierno israelí desde países musulmanes con los que mantiene relaciones diplomáticas. El más cercano, Jordania, convocó el lunes al encargado de negocios de Israel en la sede del Ministerio de Exteriores en Amán para exigir el fin de las “violaciones ilegales [del statu quo] y las provocaciones en el entorno de Al Aqsa”. En virtud del tratado de paz suscrito por ambos países en 1994, el rey de Jordania ejerce como custodio de los santos lugares de Jerusalén.

Los nuevos aliados musulmanes se distancian de Israel

Emiratos Árabes Unidos y Marruecos, que asistieron hace apenas tres semanas a la cumbre diplomática organizada en Israel que escenificó la alianza estratégica con cuatro países árabes, han condenado en sendos comunicados “el asalto a la Explanada de las Mezquitas” y “la incursión de fuerzas israelíes”. Emiratos ha llamado a proteger a los fieles y a cesar en los ataques a la santidad de Al Aqsa. Rabat ha arremetido contra “una flagrante agresión y una provocación deliberada” en el mes sagrado de Ramadán. El presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdogan, que en los últimos meses había emprendido pasos de acercamiento a Israel tras una larga década de desencuentros, también ha condenado la “intervención contra los fieles” como “una amenaza a su statu quo y espíritu [islámico]”. El presidente del Estado de Israel, Isaac Herzog, visitó oficialmente a Erdogan el mes pasado en un gesto de reconciliación tras la congelación de relaciones bilaterales en 2018, a raíz de la muerte de manifestantes palestinos por disparos de fuerzas israelíes en la frontera de la franja de Gaza.

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Sobre la firma

Juan Carlos Sanz

Es el corresponsal para Oriente Próximo en Jerusalén desde 2015. Antes fue jefe de Internacional. En 20 años como enviado de EL PAÍS ha cubierto conflictos en los Balcanes, el Magreb, Irak y Turquía, entre otros destinos. Es licenciado en Derecho por la Universidad de Zaragoza y máster en Periodismo por la Universidad Autónoma de Madrid.

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