Así se fabrica un ‘casus belli’: la narrativa de Putin para invadir Ucrania

El mandatario ruso ha intentado presentar el ataque contra Kiev como una operación ineludible a través de argumentos falsos

Fotograma de un vídeo difundido por la agencia rusa Tass que muestra un supuesto puesto fronterizo ruso en Rostov, destruido por un ataque ucranio.
Fotograma de un vídeo difundido por la agencia rusa Tass que muestra un supuesto puesto fronterizo ruso en Rostov, destruido por un ataque ucranio.

El presidente ruso, Vladímir Putin, ha intentado justificar el ataque de Rusia contra Ucrania, una invasión ilegal que contraviene la Carta de Naciones Unidas, con la construcción de un discurso que demuestre que la operación militar era ineludible. Según su narrativa, basada en razonamientos falsos y torticeros, Moscú pretende proteger a los ciudadanos ucranios, unidos a los rusos por “vínculos de sangre,” de las políticas del Gobierno ucranio, al que la propaganda del Kremlin tilda de “régimen neonazi”. Además, según su versión, trata de defender a su propio país de la amenaza de Ucrania, un Estado “artificial” que cuenta con el apoyo de la OTAN y de Occidente y que ha llegado a infiltrar, asegura Moscú, comandos de sabotaje en territorio ruso.

Estos son algunos de los falsos argumentos con los que el Kremlin ha fabricado su casus belli para atacar a la antigua república soviética:

1. Ucrania es una amenaza para Rusia

En los días anteriores al comienzo de la invasión, tanto los líderes de las autoproclamadas repúblicas de Donetsk y Lugansk como las autoridades rusas denunciaron agresiones efectuadas por las fuerzas ucranias. Sin embargo, muchos de estos ataques parecen de falsa bandera; es decir, una ofensiva simulada para fabricar una excusa contra el adversario, según EUvsDinsinfo, un equipo de la Unión Europea especializado en combatir las mentiras rusas sobre Europa. Uno de ellos es el ocurrido el 21 de febrero, cuando los servicios de seguridad de Rusia informaron de un supuesto bombardeo de las fuerzas ucranias contra un puesto de control fronterizo ruso en la región de Rostov, según publicó la agencia de noticias rusa TASS. En el vídeo que acompañaba la información, de 37 segundos, aparecía una cabaña destruida en un lugar remoto, sin aspecto de construcción militar.

Ese mismo día, en cuentas rusas de Telegram, se difundió otro vídeo que supuestamente evidenciaba la entrada de saboteadores ucranios en territorio ruso y que mostraba la destrucción de dos vehículos blindados. Un análisis de ambas grabaciones, la de la destrucción de los tanques y la del puesto fronterizo, realizado por el Centro para la Resiliencia de la Información, demuestra que fueron realizadas en el mismo lugar, en concreto, en la frontera entre la zona de Donetsk bajo mando de los separatistas prorrusos y Rusia, no en un área controlada por fuerzas ucranias.

Únete a EL PAÍS para seguir toda la actualidad y leer sin límites.
Suscríbete

Con narrativas tan “absurdas” y tan fácilmente desmontables, existe la posibilidad de que Putin pretenda, según analiza Eric Pardo, profesor de Relaciones Internacionales en la Universidad de Deusto y experto en Rusia y Ucrania, “reírse de los occidentales para caricaturizar” sus “‘mentiras’, como la hipocresía occidental en los conflictos de Kosovo o Irak”. Su objetivo, continúa, puede que sea hacer gala de su poder y “demostrar que también él puede decir y hacer lo que le venga en gana”.

2. Ucrania está cometiendo un genocidio en el Donbás

La denuncia de Putin durante su discurso del 22 de febrero, en el que anunció la invasión de Ucrania, sobre el supuesto genocidio que Kiev lleva a cabo en los territorios separatistas ucranios de Donetsk y Lugansk, no es nueva. Sin embargo, esta narrativa, que recurre al más letal de los crímenes contra la humanidad para retratar a Kiev como el peor de los villanos, se intensificó en los días previos al ataque. Según un análisis de EUvsDisinfo, las acusaciones de genocidio que los medios pro-Kremlin han lanzado contra Ucrania en los días previos a la invasión se han multiplicado por cinco con respecto a los últimos seis meses.

Sin embargo, no hay informaciones imparciales sobre el supuesto genocidio. Amnistía Internacional y Human Rights Watch denunciaron en un informe de 2016 llamado You Don’t Exist (Tú no existes) que tanto las autoridades ucranias como las fuerzas separatistas habían detenido de forma ilegal y arbitraria durante el conflicto de 2014 a civiles a los que sometieron a torturas y malos tratos. No obstante, aunque estos crímenes suponen una violación de los derechos humanos no constituyen un genocidio, es decir, el exterminio sistemático de una población. No existe ninguna alusión al genocidio ni en los informes sobre Ucrania de la Oficina del Alto Comisionado para los Derechos Humanos de la ONU ni en los de la Misión Especial de la OSCE (Organización para la Seguridad y la Cooperación Europea) en la región separatista ucrania del Donbás.

3. Ucrania es un régimen neonazi

Esta falsa narrativa, una de las favoritas del Kremlin, tiene su origen en la participación de grupos violentos de extrema derecha en las movilizaciones ucranias del Maidan y en los primeros tiempos de la guerra del Donbás. Elude mencionar, por ejemplo, que el presidente ucranio, Volodímir Zelenski, es rusoparlante e hijo de judíos, como otros dirigentes del Gobierno, y que su partido defiende políticas contrarias a la ultraderecha como el aborto gratuito.

Sí es cierto que el Gobierno ucranio ha tenido vínculos con la ultraderecha. “Por poner un ejemplo, el G7 llegó a dirigirse a Ucrania durante las elecciones presidenciales de 2019 denunciando la cercanía del entonces ministro de interior, Arsén Avakov, con el Batallón Azov, de extrema derecha”, explica Eric Pardo. Pese a ello, y aunque la calidad democrática de Ucrania no se encuentre entre las mejores del mundo —el índice de The Economist califica al país como un régimen híbrido con una puntuación de 5,57 sobre 10, donde 10 supondría una democracia perfecta— la antigua república soviética dista de ser un régimen nazi.

Sin embargo, la narrativa que recurre a la memoria del nazismo es muy útil “para ganarse a la ciudadanía rusa”, continúa el experto. “Es muy fácil ver a Rusia como un abusón, pero, desde su percepción, la defensa ante un régimen nazi apela al sufrimiento de los ciudadanos de la antigua URSS ante la Alemania nazi, que provocó la muerte de entre 22 y 29 millones de personas” en la Segunda Guerra Mundial.

4. Los ucranios son nuestros familiares

Putin ha incidido en distintas ocasiones en los vínculos históricos entre Ucrania y Rusia, aunque en su discurso del pasado martes fue especialmente explícito: “Ucrania no es solo un país vecino, es una parte inalienable de nuestra historia, cultura y espacio espiritual. Son nuestros camaradas, amigos y personas que una vez sirvieron juntas, pero, además, familiares, gente unida por vínculos de sangre”. Y añadió a continuación: “La Ucrania moderna fue enteramente creada por Rusia o, para ser más precisos, por los bolcheviques, la Rusia comunista”. Es decir, desde la perspectiva de Putin, no intervenir en Ucrania sería como abandonar a la propia familia.

Según explica Pardo, por un lado, Putin intenta “defender a los rusos en Ucrania” y por otro, subraya que es “una nación hermana, y podría tolerar que fuese un Estado siempre y cuando no se oriente demasiado hacia Occidente; es decir, la Unión Europea o peor aún, la OTAN”. Pero la alusión a la artificialidad de Ucrania es, según la opinión de este experto en Europa del Este, “un debate estéril e interesado por la propia naturaleza subjetiva del concepto de nación”. Y añade: “Se podría entrar en disquisiciones históricas sobre la solidez de los argumentos históricos que cada relato nacionalista elabora, pero una nación es real tan pronto se comparte un determinado relato. Esto es claramente el caso de Ucrania”. Y, aunque sea un Estado de reciente creación, es un país soberano y reconocido por la comunidad internacional.

Sigue toda la información internacional en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal.

Sobre la firma

Patricia R. Blanco

Periodista de EL PAÍS desde 2007, trabaja en la sección de Internacional. Está especializada en desinformación y en mundo árabe y musulmán. Es licenciada en Periodismo con Premio Extraordinario de Licenciatura y máster en Relaciones Internacionales por la Universidad Complutense de Madrid.

Más información

Archivado En

Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS