China se perfila como el paraguas de Moscú frente a las sanciones occidentales

Pekín ha declarado entender “las preocupaciones legítimas de Rusia sobre su seguridad” en el conflicto

Los ministros de Exteriores de Rusia, Serguéi Lavrov, y de China, Wang Yi, en una imagen de archivo
Los ministros de Exteriores de Rusia, Serguéi Lavrov, y de China, Wang Yi, en una imagen de archivoDPA vía Europa Press (Europa Press)

China, el socio más poderoso de Rusia, ha optado hasta el momento por una cautela amistosa hacia Moscú, que culpabiliza a EE UU y la OTAN, en sus primeras reacciones ante el ataque ordenado por el presidente Vladímir Putin en Rusia. Se ha abstenido de condenar la operación militar y ha llamado a “todas las partes a ejercer la moderación”. Pero también ha declarado entender “las preocupaciones legítimas de Rusia sobre su seguridad”. Y después de reforzar sus lazos con su vecino del norte en la reunión entre Putin y el presidente chino Xi Jinping en la inauguración de los Juegos Olímpicos de invierno de Pekín, se perfila como el gran paraguas de Moscú frente a los castigos que pueda imponer Occidente al gigante ruso.

El ministro de Exteriores chino, Wang Yi, dialogó este jueves por teléfono con su homólogo ruso, Dmitri Lavrov, al que expresó que aunque Pekín respeta la soberanía, independencia e integridad territorial de los Estados, en este caso podía ver las cuestiones históricas “complicadas y específicas” relativas a Ucrania, según los medios estatales chinos. Wang, que a comienzos de esta semana había mantenido una conversación también telefónica con el secretario de Estado de EE UU, Antony Blinken, agregó a su interlocutor en Moscú que “China entiende las preocupaciones legítimas de seguridad de Rusia”.

En lo que constituyó la primera reacción oficial al ataque, la portavoz jefe del Ministerio de Asuntos Exteriores en Pekín, Hua Chunying se había abstenido de condenar a Moscú. Sí aseguró que su Gobierno “sigue muy de cerca” la crisis y pidió moderación para “evitar que la situación pueda quedar fuera de control”. También apuntó el dedo contra Estados Unidos, al que acusó de haber enviado armas a Ucrania y haber agitado las llamas para que estallara la guerra. “Quienes han encendido el fuego deben apagarlo con acciones concretas, en vez de condenar a otros”, declaró Hua.

China debe mantener un complicado equilibrio entre su apoyo a Rusia, de un lado, y su tradicional política de respaldo a la soberanía e integridad territorial de los Estados, de otro. Tampoco quiere un deterioro de sus lazos con la Unión Europea, su segundo socio comercial, que podría producirse si se escora demasiado del lado de Moscú, el aliado con el que la relación “no tiene límites”, según declaraban Putin y Xi, y con el que aspira a crear un nuevo orden mundial.

Al mismo tiempo, un enfrentamiento en Ucrania puede aportarle pistas sobre cómo reaccionaría Occidente, y muy especialmente Estados Unidos, en caso de conflicto en Taiwán —su interés geoestratégico primordial—. Y representa una distracción para Washington, que debe concentrar ahora su atención en el este de Europa en lugar de Asia Pacífico, como pretendía la Casa Blanca.

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“Putin no se lanzaría a atacar Ucrania si no estuviera seguro del respaldo chino”, apunta Angela Stent, del Centro de Estudios Eurasiáticos, Rusos y de Europa del Este en la Universidad de Georgetown, en una videoconferencia organizada por el centro de análisis CSIS. “En 2014, tras la anexión rusa de Crimea, Occidente ya intentó aislar a Rusia. Parecía posible lograrlo, pero entonces China intervino (en auxilio de Moscú). Ahora la relación es todavía más fuerte”, añade.

En otros momentos especialmente críticos en los que Moscú se vio entre la espada y la pared ante las duras sanciones de Occidente por sus operaciones militares vecinos China ya acudió en su auxilio económico. Así ocurrió en 2008, cuando Rusia envió tropas en apoyo de los secesionistas abjasios en Georgia, y en 2014, cuando se anexionó Crimea. En este último año, suscribió un descomunal acuerdo para la compra de gas ruso desde Siberia, por valor de unos 350.000 millones de euros al cambio actual.

Esta actitud va a repetirse a todas luces en esta ocasión. En la reunión entre Xi y Putin del 4 de febrero, ambas partes suscribieron, entre otros, nuevos pactos para la compra china de gas y petróleo ruso, por un valor total de 117.500 millones de dólares (unos 105.400 millones de euros) para un contrato de entre 25 y 30 años. Este miércoles Pekín anunciaba que permitirá la importación de trigo ruso, uno de los principales productos de exportación de su vecino del norte.

“El desafío fundamental en la gestión del dilema chino será cuánto apoyo quiera China dar de verdad a Rusia contra las sanciones. Les va a ser complicado encontrar un equilibrio que les permita su alineamiento con Rusia por un lado, y por el otro, evitar enfrentarse con Estados Unidos y Europa. Si proporcionan una ayuda sustancial contra las sanciones, eso les crearía problemas en su relación económica con EE UU y la Unión Europea”, mucho mayor que la que mantiene con Rusia, declaraba el miércoles Evan Medeiros, antiguo asesor de la Casa Blanca para Asia y actual profesor en la Universidad de Georgetown, en la videoconferencia del CSIS.

Aunque Rusia ha tenido tiempo para prepararse. Desde hace ocho años, desde la invasión de Crimea, ha dado pasos para impermeabilizar su economía al efecto de nuevos castigos occidentales. Ha creado una alternativa al sistema SWIFT para efectuar y recibir pagos bancarios internacionales, se ha reabastecido de reservas, ha eliminado su deuda externa y se ha ido alejando del dólar en favor del euro, o incluso del renminbi chino o su propio rublo, para sus operaciones comerciales y financieras. La divisa europea representa ya el 47,6 de las transacciones entre Rusia y China, según el banco central en Moscú.

“Pero si se le golpea muy seriamente con sanciones, China utilizará parte de su poderío económico para echarle una mano”, apunta Jakub Jakobovski, del Centro polaco para Estudios del Este. El gigante asiático acapara ya el 20% del comercio exterior ruso, frente al 10% de hace 10 años.

La ayuda de Pekín, en opinión de este experto, llegaría probablemente a través de préstamos de los bancos estatales ExImBank o el Banco Chino de Desarrollo, como ya ocurrió en rondas de sanciones previas: en 2008, cuando Rusia envió tropas para apoyar a los secesionistas abjasios en Georgia, y en la anexión de Crimea de 2014. “Podría ser a través de préstamos a cambio de petróleo, en los que China paga por adelantado y proporciona así una inyección de liquidez a Rusia”, cree Jakobovski.

“China es básicamente el habilitador de Rusia”, según este experto polaco. “Da su respaldo diplomático a Rusia, y cuando Putin habla con el presidente francés, Emmanuel Macron, con el estadounidense, Joe Biden, con otros líderes, ese apoyo implícito está ahí. Y esa es una nueva realidad para nosotros”.

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Sobre la firma

Macarena Vidal Liy

Es la corresponsal de EL PAÍS en Asia. Previamente trabajó en la agencia EFE, donde ha sido delegada en Pekín, corresponsal ante la Casa Blanca y en el Reino Unido. También ha cubierto conflictos en Bosnia-Herzegovina y Oriente Medio como enviada especial. Es licenciada en Ciencias de la Información por la Universidad Complutense de Madrid.

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