La UE se abre a negociar los problemas de seguridad que aduce Rusia

La oferta del alto representante de la UE, Josep Borrell, busca mantener el diálogo en plena escalada de tensión por un posible ataque de Moscú contra Ucrania

El alto representante de Política Exterior de la UE, Josep Borrell, junto al secretario de Estado de EE UU, Antony Blinken, el lunes en Washington.
El alto representante de Política Exterior de la UE, Josep Borrell, junto al secretario de Estado de EE UU, Antony Blinken, el lunes en Washington.ANDREW HARNIK (AFP)

Las alertas de Estados Unidos y de la OTAN sobre el riesgo de un inminente ataque de Rusia contra Ucrania no han cerrado las vías para intentar poner un fin diplomático a la grave crisis de seguridad en Europa. La Unión Europea incluso se muestra dispuesta a negociar con Moscú los problemas de seguridad que, según el presidente ruso, Vladímir Putin, amenazan a Rusia por culpa de la expansión militar de los occidentales. La oferta de diálogo está recogida en la carta remitida el pasado jueves por el alto representante de Política Exterior de la UE, Josep Borrell, al ministro ruso de Exteriores, Serguéi Lavrov. La carta es previa a la videoconferencia celebrada este viernes, en la que EE UU y sus aliados han elevado el tono contra Moscú.

La misiva, a la que ha tenido acceso EL PAÍS, fue entregada en mano en Bruselas al embajador de Rusia ante la UE, Vladímir Chizhov, por un alto cargo del Servicio Europeo de Asuntos Exteriores (SEAE) de la UE, dirigido por Borrell. El texto, fechado el 9 de febrero, señala que la UE, junto a sus aliados de la OTAN, “está preparada para continuar el diálogo con Rusia sobre las vías para fortalecer la seguridad de todos”.

La carta, firmada por Borrell en nombre de los 27 Estados de la UE, ofrece incluir en el diálogo “el tema de la indivisibilidad de la seguridad” en Europa. Ese concepto de indivisibilidad es la pieza clave del orden europeo tras el final de la Guerra Fría y había garantizado hasta ahora la convivencia pacífica, no exenta de algún sobresalto y conato de conflicto, entre los países de la UE y la vecina Rusia.

La indivisibilidad, consagrada en varios tratados internacionales, supone el compromiso de los aliados occidentales de no preservar su seguridad con medidas que menoscaben la de Rusia. El compromiso es recíproco por parte de Moscú. Pero el Kremlin considera que la expansión de la OTAN, que engulló a partir de 1999 a gran parte del antiguo bloque soviético, ha violado ese principio de indivisibilidad. Y Moscú pide garantías de que Ucrania jamás pasará a formar parte de la Alianza porque Putin teme que esa adhesión dé la puntilla a la seguridad geoestratégica de Rusia en su flanco occidental.

Tanto EE UU como la OTAN han descartado dar por sentado que algún país tenga prohibida la entrada en la Alianza. Para Washington y Bruselas aceptar esa premisa equivaldría al retorno de un continente dividido en “esferas de influencia”, donde la soberanía de ciertos países europeos estaría tutelada por una potencia exterior.

Pero los occidentales están abiertos a negociar con Putin medidas sobre control de armas y despliegues militares que ofrezcan al Kremlin la tranquilidad que reclama. La carta de Borrell aboga por encauzar la negociación con Rusia a través de la OSCE (Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa). “Creemos que la OSCE es el foro apropiado para resolver las inquietudes de seguridad de todas las partes interesadas”, señala Borrell. Bruselas cree que el marco de negociación puede completarse con el diálogo a través del Consejo OTAN-Rusia, que se reunió el pasado enero después de casi ocho años paralizado por la anexión de Crimea por Moscú.

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Moscú, sin embargo, solo acepta como interlocutor a la Administración estadounidense de Joe Biden o a la Alianza Atlántica y se niega a reconocer el papel de la UE en la crisis de seguridad. Lavrov, de hecho, dirigió sus reclamaciones a cada uno de los 27 Gobiernos de la UE. La respuesta conjunta, coordinada y suscrita por Borrell, ha desbaratado la estrategia del divide y vencerás del ministro ruso. El cierre de filas de los Veintisiete ha sorprendido tanto como molestado a un Moscú cada vez más consciente de que se enfrenta a un bloque occidental dispuesto a permanecer unido frente a cualquier posible intento de chantaje.

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