La OTAN desplegará más tropas en el Este si Moscú continúa la escalada militar

La Alianza Atlántica reclama un pacto a Rusia para poner fin a los ciberataques

Un avión de combate estadounidense, el martes en la base de Amari (Estonia).
Un avión de combate estadounidense, el martes en la base de Amari (Estonia).VALDA KALNINA (EFE)

Ante las quejas rusas por el despliegue de tropas aliadas cada vez más cerca de sus fronteras, Washington asegura en su respuesta escrita a Moscú, a la que ha tenido acceso EL PAÍS, que la presencia de fuerzas estadounidenses y de la Alianza Atlántica en el Este de Europa es “limitada, proporcionada y acorde con los compromisos” alcanzados en el marco del Consejo OTAN-Rusia.

Estados Unidos alega que se ha abstenido de desplegar “sustanciales fuerzas de combate adicionales o armas nucleares”, tal como prometió, y que sus tropas son actualmente la cuarta parte de las que había al final de la Guerra Fría. Advierte, no obstante, de que ulteriores aumentos de las posiciones de fuerza rusas o agresiones contra Ucrania “obligarían a Estados Unidos y sus aliados a reforzar” su despliegue defensivo en el Este de Europa.

También la Alianza combina la mano tendida con la advertencia. Por una parte, ofrece a Moscú un restablecimiento pleno de sus relaciones, volviendo a abrir sus respectivas embajadas, cerradas desde octubre pasado, y asegura que “la OTAN no busca la confrontación”, pero agrega que no puede comprometer los principios sobre los que se basa la seguridad euroatlántica, incluido el artículo 5º del Tratado de Washington, según el cual “un ataque contra un aliado sería considerado un ataque contra todos”. “Tomaremos todas las medidas necesarias para defender y proteger a nuestros aliados y no comprometeremos nuestra capacidad para hacerlo”, advierte.

Como la respuesta estadounidense, la de la OTAN propone una serie de medidas de confianza, entre las que incluye la propuesta rusa de establecer un teléfono rojo de carácter civil para contactos de emergencia, además de hacer pleno uso de los canales militares de comunicación para promover la previsibilidad y transparencia, y reducir riesgos. Mientras el documento de Washington acusa a Rusia de haber realizado grandes ejercicios militares sin aviso previo, la OTAN propone bajar el umbral de fuerzas a partir del cual las maniobras deben ser notificadas. También plantea la realización de consultas para prevenir incidentes en el aire y el mar, mientras que Washington denuncia las peligrosas maniobras de cazas rusos sobre buques aliados en aguas internacionales o la vulneración de la libre navegación en el mar Negro o el de Azov, al noreste de Crimea.

La OTAN pide a Rusia que reanude la aplicación del Tratado de Fuerzas Convencionales en Europa (CFE), volviendo a participar en el grupo de consultas y proporcionando información detallada sobre sus tropas, como establece el tratado.

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Las preocupaciones de la Alianza no se limitan a la guerra convencional. Propone a Moscú “promover un ciberespacio libre, abierto, pacífico y seguro”, mediante la realización de consultas para “reducir las amenazas en el ciberdominio”, asumiendo las obligaciones legales internacionales y los protocolos voluntarios de conducta responsable en el ciberespacio, “y desistiendo todos los Estados de realizar ciberactividades maliciosas”. No se trata de una demanda retórica: en plena escalada de la tensión bélica, Ucrania ha sido víctima de ciberataques atribuidos a Rusia.

La OTAN también propone a Moscú mantener consultas para reducir las amenazas a los sistemas espaciales, promoviendo un comportamiento responsable en el espacio. En concreto, reclama a Rusia que se abstenga de realizar pruebas de destrucción de satélites en el espacio, “que crean una gran cantidad de basura espacial”. Todos estos asuntos deberían abordarse en una serie de reuniones temáticas después de que, el pasado 12 de enero, se reuniera el Consejo OTAN-Rusia, por primera vez en casi dos años.

Cautela o pesimismo

A juzgar por su tono, la Alianza Atlántica aborda con gran cautela, cuando no pesimismo, las conversaciones con Rusia. “Durante más de 30 años, la OTAN ha trabajado para construir una asociación con Rusia”, se queja en su documento. No solo le tendió una mano amiga al final de la Guerra Fría, alega, sino que firmó el acta OTAN-Rusia y creó el consejo bilateral. “A ningún otro socio se le ha ofrecido una relación comparable o marco institucional similar”, subraya la Alianza Atlántica. “Frente a ello, Rusia ha roto la confianza en el corazón de nuestra cooperación y desafiado los principios fundamentales de la arquitectura de seguridad euroatlántica”, se lamenta.

“Continuamos aspirando a una relación constructiva con Rusia cuando sus acciones lo hagan posible”, agrega el escrito de la Alianza Atlántica. “Animamos a Rusia a comprometerse en un diálogo significativo sobre los asuntos que preocupan a los miembros de la Alianza en el Consejo OTAN-Rusia para conseguir resultados tangibles”. Pero, advierte, “la reversión del [actual] despliegue militar ruso en Ucrania y su entorno será esencial para [conseguir] progresos sustantivos” en las futuras conversaciones.

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