Estados Unidos cierra de forma definitiva el caso del brutal asesinato de un adolescente negro en 1955

La Fiscalía argumenta no tener pruebas de que la testigo que acusó a Emmett Till de haberla tocado inapropiadamente se retractara. Tras esa acusación, el joven de 14 años fue secuestrado y linchado en Misisipi

La madre del joven Emmett Till llora durante el entierro de su hijo en Chicago, el 2 de diciembre de 1955.
La madre del joven Emmett Till llora durante el entierro de su hijo en Chicago, el 2 de diciembre de 1955.Bettmann (Bettmann Archive)

La justicia que la familia de Emmett Till lleva buscando desde hace 66 años ya nunca llegará. No habrá un cierre. Los culpables nunca pagaron por la atrocidad cometida ni nunca pagarán. El Departamento de Justicia estadounidense anunció el lunes que daba carpetazo definitivo al brutal asesinato de Emmett Till, un chico negro de 14 años que fue secuestrado y linchado en 1955 en el Estado sureño de Misisipi. La Fiscalía considera que no existen pruebas suficientes para presentar cargos, tres años después de que reabriese el caso del linchamiento del adolescente después de que una mujer confesara (medio siglo después) que había mentido ante el jurado que exoneró a los dos hombres blancos que torturaron al joven hasta la muerte.

En marzo de 2018, el Departamento de Justicia anunció que volvía a investigar la muerte de Till después de haber recibido “nueva información”. La reapertura llegó forzada tras la publicación de un libro del historiador Timothy Tyson (The Blood of Emmett Till; La sangre de Emmett Till) en el que se aseguraba que Carolyn Bryant Donham, testigo central, cuyo relato de lo que sucedió entre ella y Till condujo a la muerte del joven, se retractaba de la historia de que Till la toqueteó e hizo comentarios de carácter sexual. “Nada de lo que hizo ese chico podría justificar nunca lo que le ocurrió”, le dijo Donham al escritor en una entrevista en 2008.

La señora Donham, de 87 años, ha hablado en muy pocas ocasiones sobre lo sucedido aquel verano de 1955. El que entonces era su marido, Roy Bryant, y el hermanastro de este, J.W. Milam, ambos fallecidos, confesaron su crimen después de que un jurado compuesto por 12 hombres blancos los eximiera de culpa. Su confesión no cambió nada. El Departamento de Justicia sella el caso ahora, ya que según explica en un comunicado, Tyson no aporta documentación en la que Donham se desdiga.

Nadie ha pasado un solo día en la cárcel ni pagado de ninguna otra manera por la forma cruel y despiadada en la que Bryant y Milam acabaron con la vida de Till. El joven había viajado desde Chicago al sur segregado para visitar a unos primos y tíos que residían en Money, un pueblo rural de Misisipi. Era 24 de agosto cuando el joven se encontraba a la entrada de un establecimiento. Proveniente del norte más liberal, Till bromeó con que tenía una novia blanca en Chicago. Ante tal afirmación, sus primos y amigos le retaron a que hablara con la dependienta de la tienda, que era Donham. A partir de ese momento es donde comienzan a variar las versiones.

Según los familiares de Till, el chico silbó a manera de piropo a Donham. En un país donde la segregación era oficial, el relato que hizo la mujer fue muy distinto y provocó la furia de su marido, quien cuatro días después de lo sucedido, y ayudado por su hermanastro, sacaban por la fuerza a Till de la casa en la que se hospedaba para desnudarle cerca del río y golpearle hasta la muerte. La paliza dejó al joven con un ojo reventado y saltado colgándole sobre la cara. Le dispararon en la cabeza y lanzaron su cuerpo al río atado a un ventilador industrial.

La madre de Till, Mamie Bradley, reclamó que el cadáver mutilado de su hijo fuera trasladado a Chicago y expuesto en un féretro abierto, para que el país pudiera ver en la irreconocible cara del adolescente el resultado del racismo. La determinación de Mamie Bradley logró que uno de los miles de linchamientos que existieron entre 1870 y la década de los años sesenta del siglo pasado (se cifran en más de 4.000) lograra poner a la sociedad estadounidense frente al incómodo espejo del racismo. La sádica muerte de Till fue un acicate para el nacimiento del movimiento de los derechos civiles, que acabó con la segregación legal de los negros en EE UU. Pero 66 años después, la muerte de Emmett Till sigue y seguirá por siempre sin culpable.

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Sobre la firma

Yolanda Monge

Desde 1998, ha contado para EL PAÍS, desde la redacción de Internacional en Madrid o sobre el terreno como enviada especial, algunos de los acontecimientos que fueron primera plana en el mundo, ya fuera la guerra de los Balcanes o la invasión norteamericana de Irak, entre otros. En la actualidad, es corresponsal en Washington.

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