Islamabad, Kabul y Washington: un rompecabezas que no encaja

Estados Unidos, alejado de Pakistán y enfrentado a los talibanes, afronta debilitado los desafíos de luchar contra el terrorismo, paliar la crisis humanitaria en Afganistán o completar la evacuación de personas

Un grupo de estudiantes se dirige a la mezquita de la escuela coránica Haqqania, en el norte de Pakistán
Un grupo de estudiantes se dirige a la mezquita de la escuela coránica Haqqania, en el norte de PakistánLuis De Vega Hernández

Las escaramuzas, ataques y muertos no cesan en el día a día de la región fronteriza que separa el norte de Pakistán de Afganistán. Mientras, la vida sigue apacible en Islamabad, la capital, a pesar de que el río de las relaciones con la Casa Blanca baja cada vez más oscuro y revuelto. “Washington está muy debilitado después del colapso del Ejército títere, el Gobierno títere y la entrada triunfal de la guerrilla talibán en Kabul. Pakistán se ha fortalecido enormemente debido a sus estrechos vínculos con los talibanes”, señala sin ambages desde Londres el escritor e intelectual paquistaní Tariq Ali. La de “Gobierno títere” es la misma expresión que el primer ministro paquistaní, Imran Khan, empleó el miércoles en una entrevista concedida a la CNN en la que defendió a los talibanes.

Ajenos a disputas entre Estados, varios vendedores callejeros muestran gafas de sol de dudosa autenticidad en el centro de Islamabad. “Americanas, americanas. Originales, originales”, es la garantía y el reclamo que pregonan para tratar de atraer a posibles compradores. Las sacan de la funda y las acarician con la gamuza sin convencer a la clientela. La escena, en las inmediaciones del restaurante Kabul, tiene lugar no solo mientras la crisis afgana tensa la cuerda de las relaciones entre Pakistán y Estados Unidos.

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También otras potencias regionales mueven ficha para ganar posiciones en el nuevo tablero. Con los fondos del nuevo Emirato bloqueados y la comunidad internacional presionando a los talibanes para que respeten los derechos de la población, vecinos y aliados como Pakistán o China ya han aprobado los primeros envíos de ayuda para tratar de sortear la crisis humana.

La Administración que preside Joe Biden se queda en una posición de debilidad tras los 20 años de guerra en que ha liderado la coalición internacional en Afganistán, según los expertos consultados. “El protagonismo de Washington ha retrocedido mientras que el de Islamabad ha avanzado” con “un Gobierno amigo en Kabul”, opina Michael Kugelman, subdirector del programa de Asia del laboratorio de ideas Wilson Center de Washington. Está convencido de que la actual coyuntura va a complicar al presidente demócrata la resolución de varios problemas como la evacuación de los estadounidenses que están todavía en Afganistán, hacer llegar ayuda humanitaria y mantener cierta capacidad antiterrorista frente a Al Qaeda y el ISIS (siglas inglesas del Estado Islámico). Para lograr esos objetivos es necesaria “la cooperación con los talibanes”, afirma el analista, pese a que tanto EE UU como la guerrilla suní afgana tienen en el ISIS un enemigo común. Atacar desde sus bases militares en otros países a los integrantes de esos grupos terroristas va a ser “incluso más duro ahora” pero “a Estados Unidos no le queda otra opción a menos que colabore con los talibanes en la lucha contra el terrorismo. Y no creo que eso ocurra, al menos de manera profunda”.

“Esperar de ellos que sean como cualquier otro país desarrollado sería muy naif y estúpido”.

Hamayoun Khan, coordinador de proyectos en Pakistán de la Fundación Friedrich Ebert
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Gracias a que controlan la totalidad del territorio afgano, algo que no consiguieron en su anterior mandato entre 1996 y 2001, “los talibanes en la actualidad son más fuertes”, afirma Hamayoun Khan, coordinador de proyectos en Pakistán de la Fundación Friedrich Ebert. “Afganistán es un país que lleva sumido en la lucha cuatro décadas. La mayoría de los que mandan no han disfrutado de la civilización, han estado en las montañas. Esperar de ellos que sean como cualquier otro país desarrollado sería muy naíf y estúpido”.

Para Tariq Ali, la guerra también la han acabado ganando “las personas que han sido objeto de los bombardeos regulares de Estados Unidos y la OTAN, los ataques con aviones no tripulados, las torturas y los asesinatos”. Y añade que “fue la ira popular contra la ocupación la que sentó las bases para el resurgimiento de los talibanes. Sin eso, su victoria es inexplicable”.

La prensa paquistaní aireaba en portada el jueves la entrevista a Imran Khan en la que dejaba claro el distanciamiento de Biden. Lo hizo justo al día siguiente de la conversación del mandatario paquistaní con el presidente ruso, Vladímir Putin.

India, perjudicada

El cambio de régimen y la llegada del Emirato, cuyos responsables ya tenían estrechos vínculos con Qatar y Turquía que se han ido reforzando, también multiplica las incógnitas sobre el reequilibrio regional. “La posición de India se ha debilitado”, comenta Tariq Ali en referencia a la otra potencia nuclear de la región y enemigo sempiterno de Islamabad. “Es China el país que emerge como actor clave en la región flanqueado por Rusia e Irán. La combinación de su músculo económico y su estrategia geopolítica no encuentra rival”. El escritor destaca el acercamiento de Teherán, la gran potencia chií, a los talibanes y la posibilidad de que su Constitución inspire una nueva carta magna afgana.

Michael Kugelman dibuja un panorama de consenso con los principales actores cerrando filas en torno a los talibanes en un intento de disfrutar de “más estabilidad y menos terrorismo”. La única excepción, entiende también, es la India, que “durante mucho tiempo ha estado preocupada por los talibanes debido a sus estrechos vínculos con Pakistán”. El subdirector del programa de Asia del laboratorio de ideas Wilson Center destaca que la India “fue el último actor regional en abrir canales” con los talibanes, por lo que es menos influyente frente al papel de “sus rivales paquistaníes y chinos”. Por eso calcula que “Nueva Delhi corre el riesgo de quedar excluida de Afganistán”.

“La guerra contra el terror lo que ha conseguido es incrementar el terrorismo como hemos visto en Londres, París o Madrid”
Tariq Ali, escritor e intelectual paquistaní

Siguiendo la tradición de la administración afgana, los talibanes, aunque no hacen de ello un pilar de sus reivindicaciones, no han reconocido nunca la Línea Durand, que dividió a pastunes y baluchis. Esta demarcación, erigida por los británicos en 1893, recorre a lo largo de más de 2.600 kilómetros la actual separación entre Afganistán y Pakistán. La inestabilidad en torno a esa frontera mantiene su ritmo cotidiano. En las últimas horas, según recoge el diario paquistaní The News, siete militares y cinco “terroristas” han muerto en enfrentamientos en la región de Waziristán, en el noroeste del país.

“Por primera vez en casi 20 años, Pakistán tendrá un gobierno amigo en Kabul y tendrá la oportunidad de ayudar a moldear las políticas y de desarrollar su gobierno a través de sus estrechos vínculos con los talibanes”, según Michael Kugelman. Hamayoun Khan no lo ve tan claro. “Que los talibanes van a hacer lo que Pakistán les diga, no es así”, añade sentado en el despacho de su oficina de Islamabad. “Esa idea de que Pakistán tiene un mando con el que maneja Afganistán es muy negativa” pese a que “es verdad que Pakistán tiene influencia”, afirma el analista de la Fundación Friedrich Ebert. Pone algunos ejemplos de esa histórica permeabilidad como el hecho de que su país acoja a talibanes heridos para darles tratamiento médico o sea refugio de sus familias así como territorio donde viven varios millones de refugiados afganos. Aun así cree que la capacidad de influencia es menor ahora que tiene un gobierno que controla por vez primera todo el país. Pese a todo, el jefe de los servicios secretos paquistaníes se plantó en Kabul cuando no había sido ni nombrado el ejecutivo y se dejó ver delante de los periodistas.

“La guerra contra el terror lo que ha conseguido es incrementar el terrorismo como hemos visto en Londres, París o Madrid. Estados Unidos o ha destruido o ha mercadeado con el viejo mundo árabe”, señala Tariq Ali. “La única estrategia efectiva contra el terrorismo es poner fin a las condiciones que lo crearon. No debe haber más tropas occidentales en el mundo del islam y debe aumentar la presión desde EE UU y la UE para que Israel termine su ocupación”.

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Sobre la firma

Ha trabajado como periodista y fotógrafo en más de 30 países durante 25 años. Llegó a la sección de Internacional de EL PAÍS tras reportear año y medio por Madrid y sus alrededores. Antes trabajó durante 22 años en el diario Abc, de los que ocho fue corresponsal en el norte de África. Ha sido dos veces finalista del Premio Cirilo Rodríguez.

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