El expresidente sudafricano Jacob Zuma acabará de cumplir su pena en casa por motivos de salud

Ingresó en prisión en julio tras ser condenado a 15 meses al negarse a testificar ante el tribunal que le investiga por corrupción y las autoridades deslizan que puede estar viviendo sus “últimos días”

Zuma se dirige a los medios en una imagen de archivo del pasado mes de julio
Zuma se dirige a los medios en una imagen de archivo del pasado mes de julioEMMANUEL CROSET (AFP)

Jacob Zuma no ingresará de nuevo en su celda para cumplir los trece meses que le restan de los quince de condena por desacato. Lo hará en casa tras verse beneficiado de la libertad condicional médica pues, según las autoridades, no puede valerse por sí mismo. El exmandatario fue condenado tras negarse hasta en tres ocasiones a comparecer ante el juez que investiga su presunta implicación en 16 casos de corrupción durante su mandato. El ingreso en la cárcel coincidió con los peores disturbios en el país desde los tiempos del apartheid.

No ha pillado a nadie por sorpresa, era un gesto previsible y casi anunciado desde que hace más de tres semanas el expresidente sudafricano entre 2008 y 2018 saliera del ala médica de la cárcel Estcourt, donde ingresó en julio, para ser operado. Poco después, fuentes hospitalarias anunciaron que se estaba sometiendo a un chequeo médico rutinario que ha dado como resultado el anuncio, el pasado domingo, de que cuando sea dado de alta no regresará a prisión.

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“La libertad condicional médica para el señor Zuma significa que completará lo que le queda de la sentencia en un sistema comunitario, donde deberá cumplir con una serie de condiciones que serán supervisadas hasta que expire su sentencia”, explicaba el comunicado de las autoridades penitenciarias. Al expresidente, de 79 años, le quedan por delante 13 meses de pena todavía pero, según el portavoz del Servicio Correccional, puede que esté afrontando sus “últimos días” de vida.

Poco después de hacerse pública la decisión, sin detalles sobre la enfermedad o dolencias del expresidente, ni sobre el contenido de los informes médicos recibidos por las autoridades carcelarias, ni sobre las condiciones a las que deberá someterse, los incisivos presentadores de la televisión privada ENCA intentaban averiguar con preguntas directas “cómo es posible que Zuma haya pasado en menos de un mes de pasar un control médico rutinario a una situación terminal”.

“Los especialistas hacen su trabajo y luego sugieren lo que la persona necesita, el tratamiento a seguir para que se logre su estabilización, para que se recupere completamente y pueda regresar a prisión (…) Los informes recibidos sobre la situación el señor Zuma muestran claramente que es alguien que por motivos médicos necesita unos cuidados y no se puede valer por sí mismo. (…) Debe recibir los cuidados y el confort de la familia, rodeado en los que puede sean los últimos días de esa persona. Es la dignidad que merece cualquier persona”, argumentó Singabakho Nxumalo, portavoz del Servicio Correccional.

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Momento crucial

La decisión de libertad condicional médica llega en un momento político crucial para el país. El Congreso Nacional Africano (CNA), en el poder desde que Nelson Mandela ganase las primeras elecciones post-apartheid en 1994, no ha logrado presentar a candidatos para las elecciones municipales, previstas para finales de octubre, en al menos 30 localidades (muchas de ellas en las provincias de Gauteng y Kwazulu-Natal, dos de sus principales feudos) y está pendiente de la resolución de la Comisión Electoral para ampliar el plazo. Además, el viernes pasado sufrió un duro revés cuando la justicia sudafricana rechazó aplazar las elecciones por dificultades generadas por la Covid-19, y se mantienen para entre el 27 de octubre y el 1 de noviembre.

Y el último frente abierto es el informe final de la Comisión Zondo tras tres años de trabajo. Investiga “la captura del estado” (la influencia de individuos y empresas en el sector público para su beneficio) durante los años en los que el actual presidente Cyril Ramaphosa era vicepresidente del CNA. “Se han formulado acusaciones específicas contra líderes del movimiento y hay un impulso para vincular estas acusaciones con la CNA, para dar una imagen del partido y gobierno corruptos e incompetentes. Necesitamos estar preparados para abordar la situación y desarrollar mensajes concisos antes de que se publique el informe”, aseguró Ramaphosa ante el Comité Ejecutivo Nacional la semana pasada.

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