La controversia persigue a Hunter Biden

El hijo del presidente de Estados Unidos se inicia en el mundo del arte y los elevados precios de su obra levantan sospechas

Hunter Biden (centro) camina por el jardín la Casa Blanca en Washington, el pasado mayo.
Hunter Biden (centro) camina por el jardín la Casa Blanca en Washington, el pasado mayo.BRENDAN SMIALOWSKI / AFP

Es un artista totalmente desconocido salvo por su apellido y acaba de irrumpir en el mundo del arte, por supuesto desatando de nuevo la polémica que le acompaña desde hace años y que, en este caso, salpica también a la Casa Blanca. A sus 51 años, Hunter Biden ha decidido que la pintura es su auténtica vocación. El abogado de carrera, antiguo cabildero y segundo menor del presidente de Estados Unidos, Joe Biden, ha decidido ahora consagrar su carrera “a las artes creativas, contribuyendo con una miríada de experiencias que se concretan en impactantes obras de arte”, se lee en el perfil del autor en la página web de la galería que venderá su obra. La información que se ofrece sobre sus creaciones destaca su variedad, ya que se trata desde “fotografías hasta técnicas mixtas de obras abstractas sobre lienzo, papel yupo, madera y metal”.

Junto a una foto en blanco y negro del creador, en el texto de la galería neoyorquina George Bergès remata: “Utiliza óleo, acrílico, tinta y la palabra escrita para crear experiencias únicas que se han convertido en su firma”. Y ahí reside la polémica, en su firma. De momento, la Casa Blanca se ha visto obligada a blindarse y anunciar un acuerdo por el cual será confidencial, incluso para el creador, quién adquiere sus pinturas, en un intento —no muy logrado—, de evitar problemas éticos que pueden surgir desde el mismo momento en que un miembro de la familia presidencial saca al mercado un producto cuyo valor es totalmente subjetivo.

A los cuadros de Biden, el galerista Bergès les ha otorgado un valor de entre 75.000 y medio millón de dólares (de unos 73.700 euros a 425.000, aunque el marchante aceptó rechazar cualquier oferta que parezca sospechosa o suba de manera considerable el precio. Por ejemplo, un Gobierno extranjero podría adquirir a través de alguien una obra del artista o un cabildero comprarla con el fin último de ganarse la benevolencia de la Casa Blanca. Para algunos expertos en ética, citados por los medios estadounidenses, la mejor manera de protegerse contra los intentos de ganarse el favor de la Casa Blanca hubiera sido la transparencia y no el secretismo que impone el acuerdo de la Administración de Biden.

“Todas las transacciones que tengan que ver con la venta y adjudicación de precios serán llevadas a cabo por galeristas profesionales, que se regirán por los más altos estándares de la industria”, informó en una rueda de prensa reciente Jen Psaki, portavoz del presidente. “El galerista no compartirá información de los compradores, incluyendo sus identidades, ni con Hunter Biden ni con la Casa Blanca”. Los Biden se han acogido a la máxima del “sin comentarios” ante las preguntas sobre el repentino estrellato del que disfruta el hijo del presidente (que tiene otra hija más pequeña), aunque es sabido que la primera dama, Jill Biden, tiene pinturas de Hunter en las paredes de su despacho en la Casa Blanca.

No es esta la primera vez en la historia presidencial que las aspiraciones profesionales de un hijo o un miembro de la primera familia de EE UU dan dolores de cabeza a los asesores de turno de la Casa Blanca. La hija del presidente Harry Truman (1945-1953), Margaret, aspiraba al arte del canto cuando un crítico despedazó su actuación. La crónica tuvo su eco. El político, que asumió el poder tras la muerte de Franklin D. Roosevelt, advirtió al periodista de que si alguna vez se lo encontraba necesitaría “una nariz nueva”.

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No es la primera vez que Hunter Biden está en el punto de mira. Adicto durante cuatro años al crack, consumidor habitual de vodka y cocaína, el segundo hijo del presidente ha pasado unas siete veces por centros de rehabilitación. En sus memorias, publicadas el pasado mes de abril bajo el título Beautiful Things, el abogado, que asegura que desde que tenía siete años ya hacía bosquejos, no deja lugar para la ambigüedad en su libro. “Soy un padre de 51 años que ayudó a criar a tres hermosas hijas”, relata en el prólogo quien hoy tiene un hijo de un año con la sudafricana Melissa Cohen. “Compré crack en las calles de Washington y me las ingenié para hacer el mío propio dentro de una habitación de un hotel barato en Los Ángeles”, prosigue Biden. “Tenía tanta necesidad de beber alcohol que era incapaz de caminar una calle desde la licorería a mi apartamento sin abrir la botella para tomar un trago”.

Material de ‘impeachment’

La controversia también ha afectado a su vida profesional. Como miembro del consejo de administración de Burisma, la mayor empresa privada de petróleo y gas de Ucrania cobraba 50.000 dólares al mes cuando su padre era el número dos de Barack Obama. La petición del expresidente Donald Trump para lograr ayuda del Gobierno ucraniano para investigar el papel de Hunter en esa compañía acabó desembocando en el primer impeachment del exmandatario. Su pasado y su presente son una carga con la que convive cada día el presidente Biden, cuando además los republicanos advierten de que si retoman el poder en 2024 investigarán a Hunter Biden. En estos momentos, el hijo del presidente está siendo investigado por anomalías en su declaración de impuestos, aunque él alega que es inocente.

La pregunta que está en el aire es: cualquier otro artista que expone su obra por primera vez en una galería, ¿recibiría semejante cantidad de dinero? Profesores de Historia del Arte y críticos aseguran a los medios estadounidenses que es obvio que las obras de Biden nunca hubieran alcanzado esos precios si no fuera el hijo del actual presidente de EE UU. Hunter Biden es un auténtico desconocido en el mundillo, sin ningún currículo artístico que le respalde, sobre todo cuando el artista vende su obra en ese rango de precios.

Entrevistado el pasado junio por la página Artnet News, el hijo del presidente declaró que no pintaba guiado “por emociones o sentimientos, ya que son efímeros”. “Para mí pintar es intentar sacar a la luz la verdad universal”. Con semejante declaración de intenciones, el redactor preguntó de inmediato qué era para él, exactamente, esa verdad. “Es el hecho de que todo está conectado y de que existe algo que va más allá de nuestros cinco sentidos y que nos conecta a todos”. Artnet News no pudo menos que preguntar en su entrevista a Biden qué es lo que pensaba su padre de su arte. “Mi padre adora todo lo que hago. Y lo dejamos ahí”.

Sus pinturas estarán expuestas en Los Ángeles en septiembre, pero solo podrá visitarse con invitación personalizada. En octubre, los cuadros colgarán de las paredes de la Galería Georges Bergès, en Nueva York.

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