Elisa Loncón | Constituyente chilena de origen mapuche

“Chile inicia este domingo una etapa de diálogo en igualdad de condiciones y de derechos”

Elisa Loncón, una de las 17 constituyentes de los pueblos originarios de la convención constitucional chilena, aspira a presidir el órgano que a partir de este domingo redactará una nueva Carta Fundamental

La constituyente chilena Elisa Loncón, en el patio de su casa de la comuna de Peñalolén, Santiago, el 1 de julio de 2021.
La constituyente chilena Elisa Loncón, en el patio de su casa de la comuna de Peñalolén, Santiago, el 1 de julio de 2021.Cristian Soto Quiroz

Siendo una niña de 10 años, a comienzos de los años setenta, para llegar a su escuela debía viajar ocho kilómetros desde su casa de la comunidad mapuche Lefweluan (el lugar donde corren los guanacos, en mapudungún) hasta el pueblo de Traiguén, en el corazón de la Araucanía chilena. A veces había suerte y pasaba el autobús; en otras ocasiones, tenía que caminar una hora y media por el camino de tierra y barro. Lo hacía con zapatos negros de plástico, pero se sentía afortunada: su madre siempre le contó que, en su época, tocaba andar descalzo y que las grietas producían dolor. “Vengo de una familia sencilla, como todas las familias mapuche afectadas por la pobreza, pero íntegra desde el punto de vista de nuestros códigos, inspirados por las normas colectivas, la memoria, el relato social, la historia. Mi familia me heredó un sentido de felicidad”, cuenta Elisa Loncón, de 58 años, que no se queja al recordar su infancia sacrificada en el sur profundo de Chile cuando, antes de la jornada escolar, dedicaba las mañanas a vender frutas, quesos y huevos en un canasto.

Hija de una dueña de casa que adoraba la poesía y de un mueblista que aprendió a leer en forma autodidacta a los 17 años, la doctora en Lingüística es una de las 17 constituyentes de los pueblos originarios de la convención constitucional chilena, cuya primera sesión se celebra este domingo por la mañana en Santiago de Chile. Académica experta en educación intercultural bilingüe, aspira a convertirse en la presidenta del órgano que tendrá un año para redactar la nueva Carta Fundamental.

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Pregunta. ¿Por qué sería importante que el órgano esté presidido por una mujer mapuche?

Respuesta. Sería un paso para instalar un Chile distinto que respete la condición humana de la diversidad, valore a las mujeres y sus raíces ancestrales. Es lo que no ha hecho institucionalmente.

P. ¿Es Chile un país machista y racista?

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R. Chile es machista, racista y clasista, lamentablemente. Pero existe otra cara: la de los chilenos que luchan. Sería una linda señal del pueblo de Chile que la convención esté presidida por una indígena mapuche.

P. ¿Qué etapa se inicia?

R. Chile abre este domingo la etapa del diálogo en igualdad de condiciones y de derechos.

Su madre, hermanas, primos y diversos parientes todavía viven en Lefweluan, donde Loncón hace cuatro años ha retomado las ceremonias y aprovecha de recoger los membrillos y manzanas que plantó su abuelo hace décadas. De ese lugar recuerda escenas que todavía la sobrecogen, como cuando su padre compró una colección de libros de filosofía gracias a la venta de dos carretas de leña: “Priorizaba la educación para nosotros ante cualquier circunstancia”, recuerda Loncón.

No ha militado formalmente en ningún partido político, aunque se considera una mujer de izquierda: “Mi gente fue siempre luchadora y colaboramos con los triunfos de las diferentes izquierdas”, dice sobre su familia. Sus antepasados –su bisabuelo y tatarabuelo– combatieron contra la ocupación militar de la Araucanía en 1883 y defendieron la ciudad de Temuco, la capital regional. De los mil días del Gobierno de Salvador Allende (1970-1973), recuerda: “Mi familia estaba contenta, porque nos dieron una beca con la que me compraron mis primeros zapatos de cuero. En ese Gobierno, a cada niño se le daba medio litro de leche en polvo diariamente, que mis amigos traviesos comían en el camino a nuestras casas”. A veces, Loncón recuerda todavía la tierra del suelo mezclada con la leche blanca.

La convención debutará este domingo a las diez de la mañana en los patios de la sede del Congreso en Santiago y no estarán presentes ninguno de los representantes de los tres poderes del Estado. Los convencionales, luego de aceptar formalmente el cargo, tendrán que definir su presidencia en la primera sesión. Es un asunto relevante porque la presidencia tendrá un papel central tanto en el desarrollo de la convención –como definir el orden del debate, poner en tabla las discusiones y la distribución del trabajo– como en el ámbito político. Pero quien se quede con la presidencia deberá, sobre todo, articular en diálogo político en una convención diversa y marcada por la presencia de los independientes que no responden a las órdenes partidarias: “Los mapuche tenemos una larga historia de vocación de diálogo horizontal. Se hicieron 50 parlamentos con los chilenos y antes con los españoles”, asegura Loncón.

Es partidaria de que “el Estado comparta el poder de decisión con todos los pueblos originarios”. Fue una de las 34 constituyentes que declararon seis garantías democráticas para la convención: “El poder constituyente originario es un poder plenamente autónomo”, señalaba la carta de comienzos de junio. Ella añade: “No respondemos a la democracia pactada de los últimos 30 años de la política chilena”. A los presos de las revueltas sociales –que la Fiscalía mantiene en prisión preventiva–, Loncón los cataloga de “presos políticos”. “Fueron los jóvenes que iniciaron el estallido social que posibilitó el proceso constituyente”. Con respecto a las revueltas de octubre de 2019, donde se vieron banderas mapuches y no chilenas, asegura que “la bandera mapuche representa la resistencia y un nuevo modo de relación en la sociedad”. Opina, además, sobre el derribo de los monumentos a los conquistadores españoles, como sucedió también en las revueltas de Colombia: “Aquellas esculturas representan el colonialismo, eurocentrismo y la negación del pensamiento, la filosofía y las fuerzas populares del sur”. Se siente parte, dice, de la emergencia del movimiento indígena en Latinoamérica, “que tiene importantes sustentos teóricos”, y en especial de la generación que instaló la educación multicultural bilingüe en México luego de la revolución zapatista.

P. Los distintos grupos de oposición chilena -la centroizquierda, la izquierda, independientes antisistema capitalista– son mayoría en la convención. ¿Está la derecha disminuida en Chile?

R. La derecha no está debilitada porque tiene el poder económico, con el que pueden comprar cualquier voluntad. Si presido la convención, sin embargo, dialogaré con todos los grupos con miras al bien común.

Diferentes fuerzas políticas de la oposición al Gobierno de Sebastián Piñera buscan quedarse con el cargo, mientras se ha ido instalando cierto consenso que debería quedar en manos de una mujer: el órgano constituyente, compuesto por 77 mujeres y 78 hombres, será el primero paritario a nivel mundial, un logro del feminismo que fue la punta de lanza de los movimientos sociales. Nunca antes, adicionalmente, una convención para redactar una nueva Constitución tuvo tanta cantidad de escaños reservados para pueblos indígenas, 17 de los 155 (de 10 pueblos originarios).

P. ¿Qué reivindicaciones comparten los representantes de los pueblos indígenas?

R. Una reparación a las naciones originarias por todo lo que nos han atropellado, lo que deberá abordarse en la nueva Constitución. Arrastramos pobreza y falta de institucionalidad.

P. ¿Debe ser Chile un país plurinacional?

R. Buscamos instalar la plurinacionalidad en la nueva Constitución, que implica el reconocimiento de las 10 naciones preexistentes al Estado chileno. No es un Estado único indivisible, como lo dice la Constitución antigua, sino compuesto por pluralidad de naciones con derechos tales como el territorio, autonomía, autodeterminación, lenguas, culturas, historias. El derecho a autodeterminación no implica secesión ni dividir el Estado en 10, sino instalar sistemas de Gobierno autónomo.

P. ¿Qué país le gusta como modelo?

R. En términos lingüísticos, sueño en un modelo como el de las comunidades autónomas de España. En términos territoriales, miro a Canadá.

Profesora de inglés, Loncón se ha perfeccionado en diversos países del mundo. Ha estudiado en Países Bajos, Bolivia, Canadá y México, donde vivió entre 2001 y 2006. “Todos los 1 de noviembre hago el altar de los muertos. A Chile le falta asumir un pensamiento íntegro de la relación de la vida y la muerte, que responde justamente a una mirada indígena”, analiza la académica de la Universidad de Santiago, la del medio entre siete hermanos. “Mis padres nos enseñaron a contestar si nos llamaban despectivamente indios. Debíamos corregir y decir que India estaba en otro continente. Mi familia, gente que nunca fue a la escuela, fue desarrollando estrategias para defenderse”, recuerda Loncón a horas de debutar como convencional. “Por primera vez las naciones originarias hemos sido convocados en Chile a redactar una Constitución. El conflicto actual en la Araucanía se debe, justamente, a la falta de participación del pueblo mapuche en la toma de decisiones”, opina Loncón cuenta que asistirá a la ceremonia vestida con su tradicional chamal, como lo hizo alguna vez su madre y su abuela paterna, que nunca llegó a hablar bien el castellano.

“Mi madre resistió con su traje mapuche toda la vida, incluso embarazada, cuando el sistema médico era discriminador”, relata Loncón, que ha sufrido la discriminación racista en carne propia. Cuando regresó de México, donde fue aceptada, querida y valorada como profesional, se encontró de vuelta con un país “duro y cruel” donde se dudaba incluso de su currículum, lo que alguna vez la hizo llorar. “Dicen que somos flojos y borrachos. Si se pierde un lápiz en una sala cualquiera de Chile, se sospecha primero del mapuche”, reflexiona. Le sucedió siendo pequeña, cuando una profesora la acusó de robar una jeringa en su escuela: “Fui maltratada y fue doloroso”. Eran los tiempos de los zapatos de plástico, de la leche en polvo como caramelo, de la venta de frutas en su canasto y de un país que ni soñaba con que una niña mapuche del sur podría alguna vez escribir una Constitución.

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