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La abstención masiva marca las elecciones regionales en Francia

La abstención récord superará el 66%, según las estimaciones

El presidente francés, Emmanuel Macron, se dispone a votar este domingo en el municipio costero de Le Touquet.
El presidente francés, Emmanuel Macron, se dispone a votar este domingo en el municipio costero de Le Touquet.CHRISTIAN HARTMANN / Reuters

La alta abstención va camino de convertirse en una constante en las elecciones en Francia cuando no se trata de las presidenciales. Este domingo estaban llamados a las urnas 47,7 millones de franceses en la primera vuelta de las elecciones regionales y departamentales, pero más de dos de cada tres electores decidieron abstenerse, según las estimaciones.

Al cierre de los últimos colegios electorales, a las 20.00, las estimaciones de abstención rondaban entre el 66,1 y el 68,6%, según los diversos sondeos. Si se confirma, es un récord de abstención en Francia, con la excepción del referéndum para reducir el mandato presidencial de siete a cinco años en 2000. Entonces la abstención fue del 69,8%.

“El nivel de abstención es particularmente preocupante”, escribió en la red social Twitter el ministro del Interior, Gérald Darmanin. “Nuestro trabajo colectivo debe volcarse hacia la movilización de los franceses para la segunda vuelta [de las elecciones, el próximo domingo]”.

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La renuncia al derecho a ejercer el voto en algunas convocatorias no es nueva, aunque sí en estas proporciones. La participación también se derrumbó en las elecciones más recientes, celebradas durante la pandemia de la covid-19. En la primera vuelta de los comicios municipales, en vísperas del primer confinamiento en marzo de 2020, la abstención fue del 55,3%. En la segunda, que se aplazó y acabó celebrándose en junio, todavía fue aún más elevada: un 58,4%.

Ahora Francia se encuentra en una situación muy distinta. La pandemia está bajo control, la vacunación avanza a ritmo acelerado, los comercios, restaurantes y espectáculos han reabierto y, desde esta semana, ya no es obligatorio llevar mascarilla en la calle y se acaba de levantar el toque de queda.

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La pandemia y la campaña a medio gas, en este contexto, solo justifica en parte la alta abstención. El buen tiempo y las ganas de disfrutar del aire libre y el verano tras meses de reclusión también podrían explicar el vacío de los colegios electorales.

Pero hay causas más profundas, tendencias que la covid-19 no ha hecho más que consolidar. Una de ellas es la desafección hacia la política por parte de un segmento de la población. Otra, la indiferencia ante la posibilidad de que la extrema derecha conquiste el poder: en otros tiempos quizá habría movilizado a muchos votantes; hoy esta opción asusta menos.

Las características de las elecciones regionales y departamentales tampoco ayudan a la movilización. En un país hipercentralizado, donde el jefe de Estado acapara un poder considerable comparado con otras democracias occidentales, las elecciones que cuentan, para muchos ciudadanos, son las presidenciales. Quizá también las municipales, donde el alcalde encarna el poder de proximidad.

Sin embargo, las elecciones de este domingo, y su segunda vuelta el 27 de junio, están a medio camino entre ambas, por lo que tienen contornos más difusos. Si a todo esto se añade que las competencias de las regiones son escasas, o en todo caso poco conocidas por los votantes, se reúnen todos los ingredientes para batir récords de abstención.

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