ENTREVISTA

Carlos Saladrigas: “Hemos recomendado a la Administración Biden retomar la iniciativa con Cuba”

El presidente de la organización Cuba Study Group habla sobre la posible normalización de relaciones entre Estados Unidos y Cuba

Carlos A. Saladrigas en una conferencia en la Universidad de Miami.
Carlos A. Saladrigas en una conferencia en la Universidad de Miami.Miami Herald/INACTIVE (getty images)

Carlos Saladrigas nació en Cuba en 1949 y en 1961 llegó a Miami como parte de la llamada operación Peter Pan, en la que más de 14.000 niños fueron enviados por sus padres a Estados Unidos ante el temor a la propaganda que decía que el comunismo podía arrebatarles la patria potestad. Graduado de la Escuela de Negocios de Harvard, Saladrigas fue cofundador y presidente del Premier American Bank y CEO del Vincam Group, que en 1998 fue considerada la compañía hispana más grande de Estados Unidos. Durante décadas Saladrigas compartió las posiciones del exilio duro, pero desde hace años aboga por el diálogo desde el Cuba Study Group (CSG), organización que dirige y agrupa a destacados empresarios y activistas políticos de origen cubano, algunos de los cuales tuvieron participación e influencia en la política de Barack Obama hacia la Isla. El último documento presentado por el CSG a la administración Biden demanda avanzar hacia la plena normalización de las relaciones entre los dos países, sin dejar de criticar “la ausencia de democracia en Cuba”.

Pregunta. El CSG defiende la política hacia Cuba que impulsó Obama y que en campaña Biden dijo que podría retomar. ¿Por qué piensa que en casi cinco meses Biden no ha levantado ni una sola sanción de Trump?

Respuesta. El presidente tomó posesión enfrentando la grave crisis de covid y con múltiples prioridades. Por otra parte, la necesidad de realizar su plan de estímulos e infraestructura, con solo un senador demócrata en mayoría, requiere de gran prudencia y evitar temas controversiales que pudieran arriesgar esa mayoría. En este caso, el senador Bob Menéndez es el foco de la preocupación. Por último, hay algunos funcionarios en la administración cuyas percepciones sobre Cuba son de origen clintonista, que ven Cuba como un tema de alto riesgo político con pocos o ningún beneficio.

P. ¿Por qué EE UU debe cambiar su política hacia Cuba cuanto antes, con independencia de lo que haga o no haga La Habana?

R. Creemos que es importante abordar el tema de Cuba lo más pronto posible por dos razones fundamentales. La primera es humanitaria, dada que el trio de la pandemia, las sanciones impuestas por Trump y las absurdas políticas económicas del Gobierno cubano, han llevado a Cuba al colapso económico con un serio desabastecimiento de alimentos y medicinas. Esto está al borde de propiciar una nueva crisis migratoria en cuanto el verano calme las aguas del estrecho de la Florida, y Biden no necesita políticamente otro punto de desorden migratorio. La segunda es estratégica. EE UU no debe empujar a Cuba y a Rusia a la vez, ya que puede resucitar viejas y peligrosas alianzas. Además, lejos de fomentar los deseados cambios en Cuba, la continuidad de la hostilidad solo logra atrincherar al gobierno cubano agudizando el atropello de los derechos humanos y haciendo la ardua tarea de reformas aún más difícil y costosa; en vez de fomentar cambios, los obstaculiza o los demora.

P. ¿Qué cosas debería hacer EE UU cuanto antes?

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R. Aunque hemos recomendado que EE UU retome ciertas iniciativas respecto a Cuba, independientemente de lo que haga o no La Habana, hay que estar consciente que la apertura obamista fue desperdiciada y despreciada por los lideres cubanos, y que el momento, las circunstancias y las condiciones políticas en ambos países son diferentes, y por lo tanto necesitan políticas más apropiadas al momento. Es por eso que le hemos recomendado a la administración Biden retomar la iniciativa con Cuba tomando medidas que alivien las penurias económicas del pueblo, facilitando los viajes, las remesas familiares, la intercomunicación entre ambos pueblos y la reunificación familiar.

Después, recomendamos dos fases adicionales en las que Biden exprese claramente una voluntad de profundizar la relación, pero esperando que Cuba ponga de su parte y demuestre un compromiso serio y consistente de negociar temas difíciles pero seminales, y de tomar las reformas necesarias para generar una economía productiva y competitiva. Entender que Cuba tiene que tomar pasos y medidas que faciliten cambios en los EE UU no es sugerir una relación condicional, sino aceptar el realismo de las corrientes políticas norteamericanas y reconocer la magnitud de la oportunidad desperdiciada tras la apertura de Obama.

P. En momentos como este, con el cambio generacional de dirigentes en Cuba y un proceso de reformas en marcha cuyo alcance todavía no conocemos ¿Un acercamiento de EE UU ayudaría a la evolución y la reforma?

R. No hay duda de que Cuba enfrenta una coyuntura extremadamente difícil. No solo está ocurriendo un enorme cambio generacional, sino que hay un creciente reconocimiento del fracaso del modelo económico revolucionario y de la urgente realización de que solo a través del cambio se podrá salvar algún legado de aquellos fundamentos de la Revolución.

Los cambios necesarios en Cuba son altamente complicados, difíciles y costosos, y solo se podrán llevar a cabo con la cooperación de la comunidad internacional y en un clima de distensión con los EE UU. No hay otra vía, y esto representa una oportunidad histórica para ambos países, al igual que para la Unión Europea, de crear un ambiente habilitante para los cambios en Cuba.

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P. La Habana ha dicho que se abre a la posibilidad de que la comunidad en el exilio invierta en la isla ¿Cómo lo evalúa? ¿Usted invertiría?

R. Integrar a su diáspora en la vida y en la economía de Cuba es prácticamente una necesidad para el futuro de Cuba. Esta diáspora tiene capacidad técnica, humana y económica para proporcionarle un fuerte despegue a la economía cubana.

Es más, respecto a la diáspora que reside en los EE UU, su integración en la vida y economía de la nación serviría para convertir su creciente influencia en la política norteamericana en un activo estratégico, en vez del obstáculo confrontacional que hoy caracteriza a una gran parte de esa diáspora. Muchos países con diáspora han logrado convertirlas en enormes fuentes de capital, en lo que se denomina Inversión directa de la diáspora. Sin embargo, según el dicho norteamericano de “una vez quemado, doble cauteloso”, la diáspora cubana va a ser cautelosa y prudente, muy pendiente de la percepción de permanencia y profundidad de las reformas y de la credibilidad con la que el Gobierno cubano les ofrezca una verdadera, sincera e irreversible bienvenida. Será imprescindible un entorno donde no existan diferencias entre un cubano de la isla, y uno de la diáspora.

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