Crisis del coronavirus

Acción contra el Hambre alerta sobre los estragos de la pandemia en América Latina

Los estudios de campo de la ONG en Centroamérica, Colombia y Perú evidencian el aumento de la crisis de la alimentación por la covid-19

Un hombre carga una bolsa de ayuda humanitaria cerca de Coloma, Honduras.
Un hombre carga una bolsa de ayuda humanitaria cerca de Coloma, Honduras.GREGG BREKKE / ZUMA PRESS / CONTACTOPHOTO / Europa Press

La pandemia del coronavirus dificulta la alimentación de millones de personas en América Latina. Los múltiples estragos económicos de la crisis sanitaria han tenido un efecto devastador durante el último año en una región que se distingue por sus elevados niveles de informalidad. Antes incluso de que irrumpiera la covid-19, una de cada tres personas ya carecía de acceso a los alimentos necesarios para un desarrollo sano, y ahora tres estudios de Acción contra el Hambre en cuatro países –Colombia, Perú, Guatemala y Nicaragua– evidencian que la situación se ha agravado en medio de la carestía y las restricciones de movilidad.

La frase “tenemos más miedo al hambre que a la covid-19″ se ha convertido en un clamor en América Latina, señaló este martes la ONG al presentar a la prensa las investigaciones de campo basadas en encuestas familiares. “Sin redes de protección sólidas en forma de subsidios, la enfermedad supone una condena al hambre para quienes vivían al día en la economía informal, han perdido su empleo por las restricciones de movimientos o encuentran alimentos cada vez más caros en los mercados, por las dinámicas comerciales generadas por la pandemia”, señala la organización. Más de diez millones de personas en la región enfrentaron inseguridad alimentaria severa en 2020, una cifra que se triplicó con respecto a los 3,4 millones de 2019. La radiografía es alarmante.

Cerca de cuatro millones de personas tienen actualmente dificultades para alimentarse con unos mínimos parámetros de cantidad y calidad nutricional solo en el llamado corredor seco centroamericano, que se extiende desde Nicaragua hasta el sur de México, advierte Acción contra el Hambre. La perdida de cosechas que provocó el paso de los huracanes Iota y Eta –que golpearon extensas zonas de Nicaragua, Guatemala y Honduras el pasado noviembre– agrava el panorama.

“En esta zona hemos entrevistado a una muestra de 3.700 hogares, evidenciando que el 75% de las familias afirma no tener alimentos suficientes, al tiempo que perciben un aumento notable del precio de los mismos en los mercados”, detalló Miguel García, director de la ONG en Centroamérica. Ante las circunstancias, los programas de apoyo estatales “pueden impedir que millones de personas caigan en la miseria, pero la cobertura de las incipientes redes de protección social en Centroamérica es aún muy dispar”, señaló. Varias ONG, con el apoyo de la Unión Europea, han tendido una red alternativa de asistencia alimentaria para apoyar a más de 50.000 personas en comunidades rurales del corredor, que suele verse afectado en épocas de sequía.

En Perú, las cocinas comunitarias gestionadas generalmente por mujeres, que se conocen como ollas comunes, se han convertido en una alternativa para paliar los estragos de la pandemia, pero no están exentas de desafíos. Para empezar, estas cocinas que han pasado a atender a cerca de 130.000 personas podrían convertirse en un foco de contagio. De las 200 familias que entrevistaron en la zona metropolitana de Lima, ocho de cada diez vieron reducidos sus ingresos y tres de cada cuatro enfrenta inseguridad alimentaria. Las familias de migrantes venezolanos, que suelen afrontar altísimos niveles de informalidad en los países donde se han asentado, han sentido el golpe con crudeza. Sus ingresos familiares se han reducido en promedio 33%. “Es especialmente preocupante la reducción de hierro en la dieta, algo fundamental para combatir la anemia”, enfatizó América Arias, la directora de Acción contra el Hambre en Perú.

La situación de los migrantes es también crítica en la vecina Colombia, el principal país de acogida de la diáspora venezolana. Allí, tres de cada cuatro consultados manifestaron provenir de Venezuela. El 98% de los encuestados afirmó que no lograba cubrir sus necesidades básicas, y enfatizó el hacinamiento en que viven, como lo han detallado otros informes recientes. “Es importante derribar los mitos asociados a la ayuda humanitaria por medio de asistencias monetarias”, valoró John Orlando, el director de la ONG en Colombia, que las calificó como “una alternativa digna”. Ese mecanismo le permite a las familias elegir cuáles son sus necesidades más urgentes, así como vincularse formalmente a la economía local y beneficiar también a las comunidades de acogida en un momento difícil.

“El mundo necesita también una curva de recuperación para el hambre”, escribía el pasado octubre en este periódico Olivier Longué, el director general de Acción Contra el Hambre. “Igual que la economía, la alimentación necesita incentivos algunas veces. En forma, por ejemplo, de transferencias monetarias, una novedosa modalidad de ayuda que simplifica la logística de las distribuciones y alimenta a la vez que recupera las economías locales”.

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