SAHEL

Europa refuerza su presencia en el Sahel por el avance del yihadismo

La fuerza militar Takuba cuenta con 400 soldados checos, estonios y suecos y la Alianza Sahel eleva a 23.000 millones de euros su inversión en desarrollo

Niños que huyeron de la violencia yihadista en un campo de desplazados internos en Kaya (Burkina Faso), el pasado mes de noviembre.
Niños que huyeron de la violencia yihadista en un campo de desplazados internos en Kaya (Burkina Faso), el pasado mes de noviembre.ZOHRA BENSEMRA / Reuters

El pasado 2 de enero un grupo de yihadistas asesinó a más de un centenar de civiles en dos pueblos del oeste de Níger. Pese a la dureza de esta masacre, no fue un hecho aislado. Solo en 2020 fallecieron unas 6.000 personas en el Sahel, según datos de la ONG Acled, en el peor año desde que hace más de una década comenzó una violencia terrorista que el despliegue de 5.100 soldados franceses en la región no ha logrado frenar. Yamena, capital de Chad, acoge este lunes y martes dos cumbres clave en la búsqueda de soluciones para una región golpeada, además de por el azote yihadista, por la pobreza y el cambio climático, lo que ha elevado a dos millones la cifra de personas que han huido de sus hogares, según calcula la Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR).

La primera reunión se celebra entre los jefes de Estado de los países que forman el G5 del Sahel, Mauritania, Malí, Burkina Faso, Níger y la propia Chad, con el presidente de Francia, Emmanuel Macron, que participará mediante videoconferencia. En su discurso de inauguración de la cumbre, el presidente chadiano Idris Déby reclamó a la comunidad internacional redoblar sus esfuerzos financieros en el desarrollo del Sahel y combatir la pobreza, a la que definió como “caldo de cultivo del terrorismo”, según recoge France Press. En la actualidad, los países más afectados por la violencia son Malí, Burkina Faso y Níger, donde hacen frente a la actividad del Grupo de Apoyo al Islam y los Musulmanes (JNIM), vinculado a Al Qaeda, y el Estado Islámico del Gran Sahara (EIGS). Los ataques intercomunitarios y la violencia protagonizada por los ejércitos nacionales, denunciada por asociaciones de derechos humanos y Naciones Unidas, también hostigan a los civiles.

Hace un año, París decidió incrementar en 600 efectivos su presencia militar en la zona dentro la operación Barkhane, pero el debate sobre la conveniencia de mantener este dispositivo emerge en Francia, que sufre un constante goteo de víctimas mortales, medio centenar en ocho años. El reciente despliegue de la fuerza europea Takuba, creada en 2020, se ha visto ampliado este febrero con la suma de 150 soldados suecos a los 250 estonios y checos que ya trabajan en colaboración con la operación Barkhane, lo que apunta a una mayor implicación de otros países europeos sobre el terreno.

Alianza Sahel

En paralelo a la cumbre entre los presidentes africanos y Macron, Yamena acoge este lunes la asamblea de la Alianza Sahel, presidida por Arancha González Laya, ministra española de Asuntos Exteriores. Desde la perspectiva de que la solución a los problemas del Sahel no puede ser solo militar, esta plataforma para la cooperación al desarrollo creada en 2017 en la que participan varios países europeos y organismos internacionales cuenta con unos 23.000 millones de euros para más de 800 proyectos en ámbitos como la educación, el empleo, la energía o el clima, ha asegurado la ministra en rueda de prensa este lunes.

“Una parte importante de ese dinero ya está dando sus frutos. Al principio, los esfuerzos de la comunidad internacional en el Sahel fueron más en el aspecto de la seguridad, la lucha contra el terrorismo y la defensa, pero en la medida que esos esfuerzos se fueron implementando nos hemos dado cuenta de que había un gran desafío, que era acompañar a los países del G5 del Sahel en materia de desarrollo social, económico y humano”, ha manifestado González Laya.

A partir de una cartografía de zonas frágiles fijadas en la primera asamblea celebrada en la capital mauritana en febrero de 2020, la Alianza Sahel se fijó diversos objetivos que la ministra ha recordado en esta ocasión: “El regreso del Estado a esas zonas. Y como prioridades una agenda por la mujer y las niñas, el cambio climático y la seguridad alimentaria”, ha detallado González Laya, quien ha añadido como ejes para el presente 2021, bajo la presidencia chadiana del G5 del Sahel, los ámbitos de la educación y el empleo de jóvenes.

Aunque no puede competir con el liderazgo francés en la región ni sus tropas están en la primera línea del combate contra el yihadismo, España ha ido ganando peso diplomático y militar en esta región en el último año. Con un avión, dos helicópteros y 530 soldados previstos este 2021, aprobados en diciembre en Consejo de Ministros, España es la nación que más efectivos aporta a la misión de formación del Ejército maliense (EUTM), dirigida en este momento por el general español Fernando Gracia. Asimismo, el Gobierno nombró a Julio Herráiz embajador en misión especial para el Sahel, un puesto que estaba vacante desde hace años.

“España ya tiene una presencia significativa en esta zona del mundo en materia de seguridad. Damos apoyo logístico a Barkhane con dos aviones y 71 militares, además de las misiones de formación y la ampliación este año en EUTM. Pero no podemos olvidar las cuestiones ligadas al desarrollo. Desde la Alianza Sahel, que ahora preside la ministra española de Asuntos Exteriores, estamos haciendo un gran esfuerzo y apoyando las iniciativas del G5 del Sahel”, ha asegurado Herráiz en conversación telefónica desde Yamena.

Mientras tanto, sobre el terreno, la reciente revelación de los planes yihadistas de extender su actividad a países del Golfo de Guinea, como Benín y Costa de Marfil, o la desarticulación de una célula radical en la frontera entre Senegal y Malí la pasada semana dejan el terreno abonado para la inquietud regional. “Cada vez vemos más escuelas coránicas, mujeres con velo integral y hombres que predican una interpretación rigorista del Islam. No sabemos de dónde sacan el dinero, pero tienen mucho poder”, asegura un párroco togolés basado en el norte de Benín, donde el secuestro de dos ciudadanos franceses y el asesinato de su guía en 2019 reveló la existencia de conexiones terroristas.

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