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El difícil aterrizaje de una política local en la capital alemana

Annegret Kramp-Karrenbauer no ha logrado crecer como líder desde que dejara el pequeño Estado del Sarre para ascender en la política nacional

Annegret Kramp-Karrenbauer habla a los medios de comunicación en la sede de la CDU, este lunes en Berlín. En vídeo, las claves de la sucesión de Merkel. MICHELE TANTUSSI (GETTY IMAGES) / VÍDEO: EPV

Golpe mortal. La crisis de Turingia ha puesto fin a 14 meses de liderazgo de Annegret Kramp-Karrenbauer al frente del centroderecha alemán, la Unión Demócrata Cristiana (CDU), un partido dividido cuyas costuras no ha sido capaz de sellar. En este tiempo, AKK, como se la conoce en Alemania, no ha logrado crecer como la líder capaz de suceder a la canciller Angela Merkel. Pero, sobre todo, no ha logrado domar al ala derecha del partido, que no ha acabado de digerir su ajustada derrota en el congreso histórico celebrado en Hamburgo hace un año, ni de aceptar a Kramp-Karrenbauer como sucesora continuista de una canciller que ellos consideran demasiado centrada. AKK era la candidata llamada a profundizar el legado de Merkel, tras su salida de la política el año que viene. Pero los grandes planes para esta política del pequeño Estado del Sarre, han acabado por naufragar.

Al final, ha sido una agrupación regional, la CDU de Turingia, la encargada de desafiar abiertamente la autoridad de la presidenta del partido obviando su directriz de no cooperar con la ultraderecha y la que ha acabado por derribarla. Kramp-Karrenbauer viajó la semana pasada a Erfurt, la capital del Estado, para hacer entrar en vereda a los suyos, pero volvió con las manos semivacías. Fue incapaz de poner orden en sus propias filas y su debilidad política se volvió evidente a ojos de todo el país.

Más allá de ataques procedentes de supuesto fuego amigo, lo cierto es que en este año largo al frente del centroderecha alemán, la candidatura de AKK no ha terminado de cuajar. La política, de 57 años y actual ministra de Defensa, ha encadenado traspiés y no ha conseguido despegar en las encuestas de popularidad entre los votantes. Primero fue un chiste sobre los aseos unisex, que cayó mal; luego, la respuesta a un youtuber crítico que fue interpretada como una llamada a limitar la libertad de expresión. Como ministra de Defensa ha protagonizado también polémicas, como la propuesta de una zona de protección internacional, que hizo pública sin consultar siquiera con el Ministerio de Exteriores.

A Kramp-Karrenbauer se la considera eficiente y disciplinada, pero no acaba de conectar con el público y, a diferencia de Merkel, no ha sido capaz de convertir su falta de carisma en un rasgo de personalidad atractivo ni admirado. Desde que preside la CDU además, el partido no ha dejado de sufrir sucesivos varapalos en los comicios regionales, lo que ha contribuido a minar la moral en las filas de la formación.

Ganar elecciones

Licenciada en Derecho y Ciencias Políticas, AKK escaló puestos en el partido desde bien joven hasta acabar presidiendo el Sarre. Allí demostró saber ganar elecciones y ser una buena negociadora, capaz de tender puentes entre los partidos. Pero esa experiencia local no ha sido suficiente en lo nacional en un clima político crecientemente polarizado y sometido a considerables dosis de inestabilidad.

Kramp-Karrenbauer era hasta hace un par de años una política con 18 años de experiencia en la política regional en un Estado de un millón de habitantes y casi ninguna en la política nacional e internacional. El salto a la capital ha resultado más complicado de lo previsto para esta católica practicante. En parte, porque su rodaje ha coincidido con el final de la era Merkel, tras 15 años al frente de Alemania. Los cuchillos están ya bien afilados a estas alturas y quienes en el partido reniegan de la canciller convirtieron automáticamente a AKK en su rival. Pero también, porque suceder a Merkel, un gigante político que sigue liderando las encuestas de popularidad en Alemania, es un reto titánico.

AKK se hizo con la presidencia de la CDU en diciembre de 2018 con 517 votos frente a 482 de su rival, Friedrich Merz, que proponía un giro a la derecha. En aquel congreso pronunció un discurso muy aplaudido y prometió unir al partido. Hizo concesiones a los conservadores con el nombramiento, por ejemplo, del secretario general del partido y la organización de un seminario sobre inmigración. Pero el ruido de sables nunca cesó, hasta tal punto que el pasado noviembre, en Leipzig, Kramp-Karrenbauer plantó cara a sus detractores desde el escenario del palacio de congresos y les instó a hablar "aquí y ahora". Cosechó una ovación y parecía haber cerrado filas. En realidad, AKK solo había logrado ganar algo de tiempo.

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