Atentados bomba

Asesinados con bombas lapa dos altos cargos en Afganistán

Nadie se ha responsabilizado de los atentados contra el vicegobernador de Kabul y un diputado provincial, que han tenido lugar durante un receso en las negociaciones entre el Gobierno y los talibanes

Estado en el que ha quedado el coche del vicegobernador de Kabul tras el atentado que le ha costado la vida este martes.
Estado en el que ha quedado el coche del vicegobernador de Kabul tras el atentado que le ha costado la vida este martes.HEDAYATULLAH AMID / EFE

El vicegobernador de Kabul Mahbobullah Moheb y su secretario han muerto este martes por la explosión de una bomba lapa adosada al vehículo en el que se dirigían al trabajo, según ha informado la policía. Pocas horas antes, un artefacto similar mató a un diputado de la asamblea provincial de Ghor. Un tercer funcionario ha sido asesinado a tiros en Kandahar. Nadie se ha responsabilizado de estos atentados que coinciden con un receso en las conversaciones entre el Gobierno y los talibanes en Qatar y señalan un repunte en los ataques contra altos cargos en Afganistán.

El vicegobernador viajaba con escolta y dos de los agentes han resultado heridos por la explosión. De acuerdo con el comunicado policial, la bomba estaba adherida de forma magnética a los bajos de su coche, un todoterreno blanco que las imágenes de televisión muestran reventado en el barrio de Microrayon, al este de la capital. Al parecer, el artefacto es del mismo tipo que el que a primera hora de la mañana acabó con la vida de Abdul Rahman Atshan, miembro de la asamblea de Ghor. Otro diputado que viajaba con él y el conductor del vehículo resultaron heridos, según la oficina del gobernador de esa provincia situada al oeste de Kabul, en el centro de Afganistán.

“Se trata de un crimen de guerra y contra la humanidad”, ha asegurado el portavoz del Ministerio del Interior afgano, Tariq Arian, al dar cuenta del asesinato de Mohebi. Arian también ha asegurado que “en las últimas semanas las agencias de seguridad han capturado a quienes ponen bombas y aumentado sus esfuerzos para eliminar esa amenaza”.

La cadena de televisión privada afgana ToloNews ha informado también del asesinato a tiros de Mohammad Nabi, un fiscal del tribunal de casación de Kandahar. Según el portavoz provincial, un hombre le ha disparado desde una moto.

La violencia no cesa en Afganistán a pesar de que el Gobierno y los talibanes dijeron a principios de mes que finalmente habían acordado una agenda para las conversaciones que deben conducir al fin de la guerra. La noticia, saludada con alivio después de tres meses de reuniones sin resultados visibles, se ha deslucido ante el anuncio este lunes de que los negociadores se tomaban tres semanas de descanso, hasta el 5 de enero. Además, las posturas de ambos equipos siguen estando muy alejadas.

De acuerdo con ToloNews, mientras que el alto el fuego encabeza la lista de 24 demandas de la parte gubernamental, los talibanes sólo lo han incluido en el último lugar. Los insurgentes, que en febrero firmaron un acuerdo con EE UU por el que dejaron de atacar a sus tropas a cambio de que se retiren para mayo de 2021, parecen querer ganar tiempo hasta que se hayan ido todos los soldados extranjeros. De hecho, han seguido agrediendo a las fuerzas de seguridad afganas, aunque hace tiempo que se distancian de los atentados contra civiles, que suele reclamar la rama local del Estado Islámico. El Gobierno de Ashraf Ghani se muestra escéptico y considera que hay vínculos entre ambos grupos.

Aunque rara vez llevan la firma de un grupo, los asesinatos selectivos de figuras destacadas, sean políticos, altos funcionarios, periodistas o defensores de los derechos humanos, no han dejado de aumentar en los últimos meses. La semana pasada, las víctimas fueron un fiscal en Kabul y una presentadora de televisión en Jalalabad (al este). Otros dos periodistas perecieron por sendas bombas lapa en noviembre.

Una decena de embajadas, incluidas las de la UE, EE. UU. y la OTAN, condenaron en un comunicado conjunto esos atentados que intentan acallar la diversidad de opiniones “como un ataque a los afganos y al proceso de paz”. Durante la reciente conferencia internacional de donantes, la UE y otros participantes condicionaron su ayuda a Afganistán para los próximos cuatro años a que cese la violencia.

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