NAGORNO KARABAJ

Un plato caliente en tiempos de guerra

Durante los enfrentamientos en Nagorno Karabaj, Hovig Asmaryan, sirio de origen armenio, convirtió su cafetería en Stepanakert en un lugar donde cualquiera podía comer gratis

Hovig Asmaryan, en su cafetería en Stepanakert, la semana pasada.
Hovig Asmaryan, en su cafetería en Stepanakert, la semana pasada.Antonio pita
Stepanakert (Nagorno Karabaj) - 12 nov 2020 - 23:30 UTC

La noche del pasado 27 de septiembre, el día del estallido de violencia entre armenios y azerbaiyanos en Nagorno Karabaj concluido este martes, unos vecinos se acercaron a la cafetería que Hovig Asmaryan ostenta en Stepanakert, la capital de facto de Nagorno Karabaj, y le contaron que unos periodistas andaban por las calles pidiendo al menos un trozo de pan para comer. “No es posible que en nuestra casa alguien pase hambre. Toca a nuestra identidad armenia. Así que preparé algo rápido con mi mujer y les dimos de comer. Entendimos que era el primer día de una guerra que iba a ponerse cada vez más fea”, relataba Asmaryan antes del alto el fuego definitivo, tras casi mes y medio de conflicto en el que murieron al menos 5.000 personas, según el presidente ruso, Vladímir Putin.

Ese día ―el único en el que la cafetería cerró porque los trabajadores no pudieron llegar― Asmaryan, de 50 años, tomó una decisión: durante el tiempo que durasen los enfrentamientos abriría de lunes a domingo y daría de comer gratis a quien se presentase, sin excepciones. “Lo tomo como un voluntariado. No me he quedado aquí para ganar dinero. Hay chicos de 18 ó 19 años dando su vida en el frente y moralmente no puedo cobrar a quien venga. Da igual quien sea. Mi obligación es alimentarlos. Hay quien me dice: ‘¿Por qué no cobras a los extranjeros o los periodistas?’ Y yo respondo: si alguien tiene hambre, mi obligación es alimentarlo”.

Samra, su pequeño establecimiento de cocina siria y mediterránea en el que se servía café y shawarma [sándwich de carne típico de Oriente Próximo], se transformó así de la noche a la mañana en una especie de comedor social en el que el menú venía determinado por lo que se pudiese obtener en una ciudad en guerra. Algunos voluntarios llevaban productos. Otras veces, gente que había comido gratis un día se presentaba al siguiente con materia prima. "Hacemos sobre todo sopas. En ocasiones nos llaman por la noche por teléfono y abrimos. No siempre tenemos algo preparado. Entonces les damos algo como kielbasa [un tipo de salchicha] o un huevo”, explica, mientras un soldado sorbe una sopa con patata en una de las escasas mesas de la cafetería, ubicada en una larga avenida, protegida con decenas de sacos terreros en la parte trasera de las ventanas y decorada con máscaras africanas y cafeteras típicas de Oriente Próximo.

Durante los bombardeos, Samra fue uno de los escasísimos establecimientos de Stepanakert con comida preparada. Los civiles se alimentaban sobre todo de lo que recibían en el centro de distribución de alimentos y cocinaban en sus casas (pasta, verduras, arroz, etcétera) o lo que compraban en un puñado de colmados que se resistía a echar el cierre. “Esta es mi patria, soy armenio. Y siento una obligación de hacer todo lo posible por ganar, por nuestros soldados. La idea es poder dar algo distinto de lo que suele comer la gente en la guerra, que es sobre todo frutos secos”. ¿Y cómo consigue resistir económicamente? “No pienso en eso. Quizás cuando acabe la guerra, lo haga”, respondía.

Asmaryan es sirio de origen armenio ―“tercera generación desde el genocidio turco”, puntualiza― y escapó de la guerra civil en su Alepo natal en 2012. “Cogí a mi familia y me vine a [la autoproclamada República de] Artsaj [nombre armenio de Nagorno Karabaj]. Hemos creado aquí una nueva casa, un nuevo trabajo, este pequeño restaurante, y empezó de nuevo la guerra. Lo divertido es que la primera vez, en Siria, fue [Recep Tayyip] Erdogan y aquí también es Erdogan”, dice entre risas en referencia al papel de Turquía tanto en el conflicto sirio (los armenios suelen respaldar al bando contrario, el de Bachar el Asad) como en el karabají, en el que apoyó firmemente a Azerbaiyán.

El caso de Asmaryan ha sido puesto como ejemplo por Bakú en un documento a Naciones Unidas para acusar a las autoridades armenias de colonizar y promover actividades económicas (tiene además una granja) en Nagorno Karabaj, un territorio internacionalmente considerado parte de Azerbaiyán, pero poblado y controlado por armenios, y que declaró en 1991 una independencia que no ha reconocido ningún país en el mundo. Fruto de la patente superioridad militar de Azerbaiyán, el reciente armisticio ―en vigor desde el martes― le concede ahora el control de la mayoría de la zona que tomaron los armenios en la guerra de 1988-1994, aunque no la ciudad de Stepanakert, donde Asmaryan permaneció hasta el alto el fuego. El 90% de civiles de Nagorno Karabaj (con una población de 150.000) escapó, sobre todo a Armenia, o fue evacuado.

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