Una diputada negra denuncia “racismo institucional” tras detener la policía su coche en Londres

La parlamentaria laborista grabó el incidente y critica que su vehículo fue interceptado sin motivo por los agentes

La diputada británica, Dawn Butler, el pasado febrero, en Durham. En vídeo, el momento en el que dos policías paran a Butler en Londres. FOTO: IAN FORSYTH / VÍDEO: TWITTER

Una mujer y un amigo al volante circulan en un BMW por el este de Londres cuando las luces azules de un coche policial les conminan a detenerse. No han cometido ninguna infracción -lo que es preceptivo en el Reino Unido para que los agentes puedan interceptar un vehículo-, pero enseguida entienden que lo que ha llamado la atención son sus rostros negros a bordo de un coche lujoso. El episodio, que los protagonistas grabaron en sus móviles el pasado fin de semana, ha saltado a los titulares de la prensa británica porque aquella pasajera resultó ser una diputada del Parlamento británico, Dawn Butler, que resume lo sucedido como un nuevo caso de “racismo institucional”.

Los ecos de la campaña del movimiento Black Lives Matter, que llegan desde la otra orilla del Atlántico, han tenido su impacto en un país donde uno de cada 10 transeúntes negros son parados y registrados por la policía, no siempre con motivo aparente y al menos cuatro veces más que los blancos. “Tenemos un problema. Si (la policía) ve a gente negra en un coche, automáticamente asume que son criminales”, ha denunciado Butler sobre lo que considera una impronta discriminatoria en las fuerzas del orden.

Portavoces de Scotland Yard han presentado sus disculpas, alegando que la detención del vehículo de la diputada Butler en el barrio de Hackney obedeció a una “información incorrecta” sobre el registro de la matrícula de su BMW. Sin embargo, no han sabido justificar hasta la fecha la razón que condujo a los policías a registrar el automóvil. “Acaba de pararme la policía mientras circulaba por Hackney. Enseguida os cuento más detalles”, es el mensaje que inmediatamente colgó la parlamentaria laborista en Twitter. El incidente llevó al primer ministro, Boris Johnson, a emitir un comunicado de apoyo desde su destino vacacional en Escocia.

Pero mientras el líder conservador defendía que la policía británica debe tratar a todos los ciudadanos con un espíritu de “imparcialidad e igualdad”, una integrante de su partido, la concejal londinense Susan Hall, reivindicaba la difícil labor de los agentes, con una puntillla sugiriendo los réditos políticos que Butler podía extraer del asunto. La amenaza de trolls a la seguridad personal de la diputada tampoco se hizo esperar, en especial por parte de quienes han venido asegurando desde entonces que el conductor del famoso BMW era en realidad blanco y que se trataba de una campaña orquestada. Todos aquellos que se han molestado en visionar las imágenes grabadas in situ pueden comprobar que esto último es mentira.

Tanta inquina responde en primer lugar al personaje de Dawn Butler, nombrada recientemente por la revista Vogue como una de las 25 mujeres más influyentes de 2020 en el movimiento Black Lives Matter, pero sobre todo a la resistencia a aceptar que en el Reino Unido aún se producen en las instituciones racismo y discriminación.

‘Caso Lawrence’

Han trascurrido casi dos décadas desde la difusión del informe sobre el caso de Stephen Lawrence, un adolescente negro asesinado mientras esperaba el autobús en una parada del sudeste de Londres. “Racismo institucional” fueron las dos palabras definitivas con las que el juez William Mcpherson describió la falta de motivación policial a la hora de imputar a los dos hombres blancos que apuñalaron al chico y cuya condena solo sobrevino casi cuatro lustros después (2012) gracias a la activa campaña de su madre, Doreen Lawrence, cuyo clamor forzó al Gobierno a reabrir la investigación.

“Ya es hora de que cambiemos el sistema de modo que funcione para todo el mundo por igual”, ha declarado Dawn Butler a la hora de rememorar el caso Lawrence, aunque cuidándose de precisar que no todos los policías son racistas, “ni mucho menos”. Pero el incidente que acaba de protagonizar recuerda a la ciudadanía negra otros casos de abusos; uno de los más publicitados recientemente es el de la atleta olímpica Bianca Williams, que fue forzada a detener el coche en el que viajaba junto a su marido y su bebé para que la policía ejecutara un registro nunca justificado.

La nómina de miembros de las minorías étnicas que a lo largo de los años han recibido un trato injusto o denigratorio por parte de la policía es larga y discurre en paralelo a lo magro de las condenas a agentes por incurrir en brutalidad policial. Yvonne Lawson, quien creó una fundación dedicada a encarar el problema de las bandas después de que su hijo fuera asesinado a puñaladas en 2011, sigue revelando su desespero ante la falta de confianza en el sistema. En su experiencia, el problema sigue siendo el mismo que hace 20 años: “Los chicos con los que hablamos no confían en los policías y nunca les llamarían aunque estuviera en riego su vida”. Su receta es la de una mayor diversidad entre las fuerzas del orden para que se establezca una empatía con las comunidades a las que sirven.

“Todavía tenemos mucho trabajo por delante”, ha terciado la diputada Butler, una piedra inesperada en el zapato de la Policía Metropolitana. Si no se hubiese tratado de un personaje de relevancia, su encontronazo con los agentes hubiera pasado a engrosar las estadísticas silenciosas.

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