Colombia

Iván Duque se la juega con la defensa de Álvaro Uribe, su mentor político

El presidente de Colombia llega a la mitad de su mandato en medio de una crisis judicial sin precedentes que afecta al líder del partido de Gobierno

Iván Duque, durante su declaración sobre la situación jurídica de Álvaro Uribe. En vídeo, Duque lamenta que a Uribe "no se le permita defenderse en libertad".PRESIDENCIA DE COLOMBIA / REUTERS

La orden de detención contra Álvaro Uribe reaviva la polarización que ha caracterizado el debate público en los últimos años en Colombia, y llega en el momento más difícil para Iván Duque, el presidente más joven en la historia reciente del país. El mandatario, que cumple el próximo viernes dos años en el poder, un meridiano de su mandato que coincide con las semanas críticas de la pandemia del coronavirus, decidió jugarse por una defensa de su controvertido mentor político.

“Soy y seré siempre un creyente en la inocencia y honorabilidad de quien con su ejemplo se ha ganado un lugar en la historia de Colombia”, declaró Duque este martes, desde el atril presidencial, unas horas después de que se conociera la decisión de la Corte Suprema de Justicia de establecer arresto domiciliario para el exmandatario y senador por presunto soborno y fraude procesal. El jefe del Estado se refirió a Uribe y su familia como “víctimas de todo tipo de ataques y difamaciones” a lo largo de su trayectoria pública. Su reacción era la más esperada ante el terremoto político que constituye el fallo contra el fundador y líder indiscutible del Centro Democrático, el partido del Gobierno. “Como ciudadano y creyente en las instituciones, espero que las vías judiciales operen, y que existan plenas garantías para que un ser humano íntegro ejerza a plenitud su defensa en libertad”, concluyó Duque en un discurso de dos minutos y medio, escenificado como una alocución presidencial. Un desafío a la medida de detención domiciliaria.

Aunque aseguró que entendía “el papel de las instituciones y la independencia de poderes”, el contraste fue evidente con las diversas voces de oposición, activistas y defensores de derechos humanos que a lo largo de una agitada jornada saludaron la decisión de la Corte Suprema como una muestra de que nadie está por encima de la ley. En esa dirección se manifestó el senador Iván Cépeda, reconocido como víctima en el complejo proceso por manipulación de testigos, quien destacó “el abundante material probatorio” que han estudiado los magistrados. También la alcaldesa de Bogotá, Claudia López. “Las decisiones de la justicia se respetan, se controvierten en derecho y se acatan”, tuiteó la también exsenadora del partido progresista Alianza Verde, que ha denunciado los vínculos entre políticos y grupos paramilitares en Colombia.

La orden de detención estuvo precedida por la polémica, en medio de pronunciamientos del propio Duque y el Centro Democrático, incluso con una carta de defensa firmada por varios excolaboradores del Gobierno de Uribe (2002-2010) que incluía a funcionarios de la actual Administración. Entre ellos, el embajador en Estados Unidos, Francisco Santos; el ministro de Hacienda, Alberto Carrasquilla; y el gerente de la Presidencia para atender la crisis del coronavirus, Luis Guillermo Plata. Toda la bancada del Centro Democrático se retiró este martes de la plenaria del legislativo en protesta por la decisión judicial, y la senadora uribista Paloma Valencia incluso revivió la vieja idea del partido de una Asamblea Constituyente para reformar la justicia.

Diversos sectores consideraron los múltiples pronunciamientos desde el Gobierno y el partido como presiones indebidas en un intento por intimidar al Supremo. Con la tensión en aumento, las altas cortes –entre ellas la Jurisdicción Especial para la Paz surgida de los acuerdos de paz, que ha sido blanco constante de ataques del uribismo– publicaron la víspera un inusual comunicado conjunto para hacer una llamada al respeto de la rama judicial y su independencia. “Espero que el expresidente Uribe pueda resolver su difícil situación. Como ciudadano y demócrata le exijo a la justicia plenas garantías y a los colombianos pleno respeto por la justicia”, manifestó el expresidente Juan Manuel Santos, que suele ser el blanco de críticas favorito del uribismo.

La pandemia ha sido precisamente la prioridad absoluta del Gobierno en los últimos meses. Con más de 300.000 casos detectados y más de 11.000 muertes, las autoridades sanitarias proyectan agosto como el momento más crítico en el país, donde algunas grandes ciudades han tenido que volver a esquemas de cuarentenas estrictas frente a la aceleración de los contagios. Ante la emergencia sanitaria, Duque optó por multiplicar sus apariciones y ser anfitrión de un programa diario, lo que le permitió levantar, al menos en los primeros meses, su alicaída imagen. Un 41% de los encuestados aprobaron la gestión del presidente en la más reciente medición de Gallup, frente a un 52% que la desaprobaron. También ha buscado encontrar un propósito de unión en la atención de la crisis. Sin embargo, la detención domiciliaria de Uribe ha evidenciado un recrudecimiento de la polarización política que el propio expresidente, el más feroz opositor del acuerdo de paz con la extinta guerrilla de las FARC, ha avivado en distintos momentos.

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Después de salir de la Presidencia, Uribe se mantuvo como protagonista de la vida política y ha sido el gran fenómeno electoral en lo que va de siglo en Colombia. En las legislativas de 2018 se convirtió en el senador más votado en la historia del país, y sus 800.000 votos impulsaron al Centro Democrático, que pasó a ser la mayor bancada con 19 de 108 senadores. La victoria de Duque en las presidenciales de ese mismo año confirmó su atractivo electoral, pero desde entonces su aceptación en las encuestas ha tenido un pronunciado declive —59% de imagen desfavorable en la Gallup Poll—. Su alargada sombra, sin embargo, nunca ha dejado de proyectarse sobre el Gobierno. Aunque Duque remodeló su Gabinete en febrero para abrirle la puerta a otras fuerzas políticas, mantuvo las carteras más importantes —una columna vertebral constituida por los ministerios del Interior, Defensa, Relaciones Exteriores y Hacienda— en manos del uribismo más radical.

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