Los amigos cuyo apoyo cultiva Pekín

Proyectos de infraestructuras, préstamos y ayuda sanitaria apuntalan la relación china con sus aliados

Sanitarios chinos descargan ayuda en el aeropuerto de Adis Abeba, en abril.
Sanitarios chinos descargan ayuda en el aeropuerto de Adis Abeba, en abril.Anadolu Agency

Cuando entraba en vigor la ley de Seguridad Nacional para Hong Kong, China estaba exultante. En la reunión del Consejo de Derechos Humanos de la ONU en Ginebra, solo 27 países, encabezados por el Reino Unido y la mayoría occidentales, habían condenado tajantemente la dura medida, que cambia radicalmente el régimen de libertades del enclave. En cambio, otros 53, encabezados por Cuba, habían expresado su apoyo a Pekín y a la legislación. Una veintena más, entre ellos Rusia y Serbia, también tuvieron buenas palabras hacia la gestión china.

“Más de 70 países han hablado en favor de China en lo que respecta a Hong Kong en el Consejo de Derechos Humanos de la ONU. ¡Muchas gracias por su gran apoyo!”, tuiteaba el portavoz del Ministerio de Exteriores chino Zhao Lijian. La prensa oficial del país dedicaba amplios espacios a lo que declaraba una importante victoria. Según el periódico de corte nacionalista Global Times, el resultado ponía de manifiesto que “los logros de China en los derechos humanos han ganado más partidarios y se han hecho más conocidos entre audiencias más amplias”.

La lista de quienes expresaron su apoyo a China sobre Hong Kong es un elenco de los Gobiernos con mejores relaciones con el Ejecutivo chino. Casi todos, unos 40, firmantes de la ambiciosa iniciativa de construcción de infraestructuras para conectar Pekín con el resto del mundo, la Nueva Ruta de la Seda, el proyecto emblemático de la política exterior del Gobierno del presidente Xi Jinping. Desde Corea del Norte a Venezuela, pasando por dictaduras como la siria y el aliado incondicional de Pekín, Pakistán. Y muchos países africanos.

China ha dedicado numerosos recursos, diplomáticos y económicos, al cultivo cuidadoso de estas naciones, votos importantes en las instituciones internacionales. Con su apoyo ha podido mantener alejada de la OMS (Organización Mundial de la Salud) a Taiwán, la isla que considera parte de su territorio y que este año fracasó finalmente en su nuevo intento de lograr participar en la asamblea anual de la institución.

Durante la pandemia, Pekín ha reforzado sus esfuerzos por intensificar esa amistad, mediante su “diplomacia de las mascarillas”. El envío de material sanitario para combatir la covid-19, que en otros países surtió el resultado contrario por recibirse productos defectuosos, o acompañados de presiones diplomáticas, tuvo una acogida entusiasta en el continente africano, que padece una enorme necesidad de ventiladores, pruebas de coronavirus y equipos protectores.

El mes pasado, el propio Xi presidía una reunión, por videoconferencia, con países africanos para tratar sobre la pandemia: la cumbre extraordinaria China-África de Solidaridad contra la Pandemia de Covid-19. El presidente chino prometió a los líderes africanos al otro lado de la pantalla que su Gobierno construiría nuevos hospitales en el continente y enviaría más médicos con experiencia en el coronavirus. También se comprometía a condonar los créditos sin intereses que Pekín hubiera concedido a esos Estados y que debieran devolverse este año. Según la Iniciativa de Investigación China-África de la Escuela de Estudios Internacionales Avanzados de la Universidad Johns Hopkins, entre 2000 y 2017 Pekín prestó cerca de 143.000 millones de dólares (unos 127.100 millones de euros) a 49 países y compañías estatales africanas.

Al mismo tiempo que China ha mostrado una creciente asertividad en el exterior, también ha procurado estrechar sus lazos con países amigos en la zona. En abril enviaba un equipo de funcionarios y médicos militares a Corea del Norte, cuyo precario sistema sanitario carece de condiciones para afrontar la pandemia. Esta semana, el presidente Kim Jong-un declaraba oficialmente el triunfo del país contra el coronavirus.

Y mientras se deteriora su relación con la India, y continúa la tensión en la frontera con ese país, ha permanecido en cercano contacto con Pakistán, su mejor aliado y enemigo jurado de Nueva Delhi. Este viernes, el ministro de Exteriores, Wang Yi, conversaba por teléfono con su homólogo paquistaní, Shah Mahmood Qureshi, en un diálogo en el que se mostraron de acuerdo en “defender conjuntamente la estabilidad regional”, según informó Exteriores en Pekín.

Los dos ministros también acordaron celebrar los proyectos incluidos en el corredor económico chino-paquistaní, el ambicioso proyecto lanzado hace cinco años y para el que Pekín prometió 62.000 millones de dólares que se destinarían a la construcción de infraestructuras, redes de transporte y polígonos industriales. Presentado con toda fanfarria, debía convertirse en la joya de la corona de la Nueva Ruta de la Seda. Pero Islamabad busca renegociar los plazos para la devolución de los créditos, alegando que las compañías chinas encargadas de desarrollar los proyectos inflaron los costes en millones de dólares.

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