La crisis del coronavirus

Las llegadas irregulares a la Unión Europea se desploman por el coronavirus

Apenas 900 personas arribaron en abril, el mínimo histórico de la serie de Frontex

Un grupo de migrantes rescatados desembarcan en el puerto de Málaga el pasado 15 de abril.
Un grupo de migrantes rescatados desembarcan en el puerto de Málaga el pasado 15 de abril.NurPhoto / EL PAÍS

La inmigración irregular, que ha condicionado la agenda política europea del último lustro, cae en picado por el coronavirus. El número de entradas clandestinas en la Unión Europea descendió un 85% en abril respecto a marzo. Apenas 900 personas alcanzaron territorio comunitario en ese mes, el primer periodo completo con restricciones de movilidad. Se trata de la cifra más baja registrada desde 2009, cuando Frontex —la agencia europea de fronteras— comenzó a recoger datos. Pese al alivio momentáneo, los expertos en asilo alertan de que nuevos factores de inestabilidad en los países de origen derivados de la pandemia pueden reanudar los flujos hacia Europa.

Frontex no duda en atribuir al coronavirus el drástico descenso de las entradas a Europa por el Mediterráneo y los Balcanes, los principales focos de detección, según un comunicado divulgado este martes. Aun así, la agencia comunitaria advierte de que en ese mínimo histórico también influyen los retrasos que puedan acumular algunos Estados miembros en la comunicación de sus datos. Pese al desplome en abril, sumado a un descenso a la mitad ya contabilizado en marzo, la cifra acumulada desde enero asciende a 26.650, muy similar al del mismo periodo del año anterior. El motivo es que antes del coronavirus las llegadas a Europa estaban creciendo en relación con 2019, esencialmente a través de Grecia.

El descenso más pronunciado en abril se produjo en la frontera entre Grecia y Turquía, con un cierre casi absoluto de la ruta. Apenas se detectaron 40 llegadas, un 99% menos que en marzo, la mayoría de nacionalidad afgana. “El dato refleja que Turquía, que estaba utilizando a los refugiados como moneda de cambio frente a Europa, vistas las circunstancias del coronavirus se ha puesto seria con el control de fronteras”, señala Gemma Pinyol, directora de políticas migratorias en la casa de análisis Instrategies e investigadora asociada en la Pompeu Fabra. Pocos días antes de que la pandemia impactara de lleno en los movimientos fronterizos, Ankara animó a los refugiados que alberga en su territorio a cruzar la frontera hacia la UE en el enésimo pulso con las autoridades europeas por la situación de los asilados sirios.

Los desplazamientos también se frenaron en seco (un 94%) en la ruta de los Balcanes, de donde llegaron menos de 100 personas en todo el mes. Una cifra similar se registró en el llamado Mediterráneo occidental, por donde las mafias llevan migrantes hacia las costas españolas. En este caso, el descenso fue del 82% respecto a marzo. Aunque el informe de Frontex alerta de que las cifras incluyen algunas otras rutas no mencionadas explícitamente, lo más probable es que los datos suministrados en este comunicado excluyan las llegadas a Canarias, a través del Atlántico. Sumar esos desembarcos, que suponen aproximadamente un tercio de todas las detecciones irregulares, elevaría las cifras sustancialmente las cifras migratorias en España. De hecho, Interior ha contabilizado en los cuatro primeros meses del año casi 6.300 llegadas, más del doble de las que consigna Frontex. Al igual que reflejan los datos de Interior, marroquíes y argelinos son los ciudadanos más frecuentes en los desplazamientos.

La ruta que menos varió respecto a marzo fue la del Mediterráneo central, que conduce esencialmente a Italia. Alrededor de 250 personas llegaron al país a través del mar, un 29% menos que en marzo. Italia, el primer foco europeo del coronavirus y el segundo mundial después de China, ya había experimentado importantes restricciones de movilidad en marzo, por lo que las llegadas cayeron drásticamente ese mes. Costa de Marfil, Bangladés y Marruecos son los principales países de origen en esta región.

Pese a la rotundidad de las cifras, los expertos aventuran que puede producirse un repunte en los desplazamientos una vez restaurada la movilidad internacional. Un reciente informe de Easo, la agencia europea para el asilo, insta a los Gobiernos a “reflexionar sobre el riesgo medio-alto de que el brote arraigue en los países de origen y tránsito” y que eso provoque efectos como reforzamiento del ISIS, empobrecimiento, conflictos y problemas de seguridad. En ese contexto, Easo no descarta que estos fenómenos “afecten a la migración hacia la UE por motivos de asilo y provoquen más solicitudes”. Tomando este informe como base, Pinyol, que asesora también a organismos europeos, concluye: “No sería raro que hubiera gente que no tenía previsto migrar pero que ahora lo pueda ver como alternativa. La cuestión es si Europa estará preparada o seguiremos condenando a los migrantes a morir en el mar”.

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