El enemigo en el menú televisivo del Ramadán

Dos telenovelas de una cadena saudí crean controversia por normalizar las relaciones con el Estado judío

Imagen de 'Umm Harun', telenovela sobre una enfermera judía en el Kuwait de los años cuarenta que ha suscitado la polémica este Ramadán. En vídeo, el tráiler de la serie. AL FAHAD / REUTERS (VIDEO: MBC ACTION)

Un saudí descubre horrorizado que su hijo de 10 años está jugando online con un niño israelí. A partir de ahí, el tercer capítulo de Salida 7, una de las telenovelas que compiten por los espectadores árabes este Ramadán, plantea el delicado asunto de las relaciones con Israel. “El verdadero enemigo es el que da por hecho que estamos de su lado”, afirma uno de los personajes que considera desagradecidos a los palestinos. El inusitado diálogo y el hecho de que la misma cadena de televisión, la saudí MBC, esté emitiendo otra serie con una protagonista judía han llevado a algunos observadores a ver un mensaje en pro de la normalización de relaciones con Israel.

Los personajes de ambas no debaten la existencia de Israel, algo que aún cuestionan los más intransigentes. Mientras una plantea si hacer negocios con los israelíes debería estar por encima de la preocupación por su trato a los palestinos (un tabú durante décadas), la otra explora la (muy desconocida) presencia judía en la península Arábiga. Significativamente, esos puntos de vista encajan con el giro al respecto que ha dado Arabia Saudí bajo la batuta del príncipe heredero Mohamed Bin Salmán. A pesar de no haber reconocido aún al Estado de Israel, ambos países se han acercado ante el común recelo hacia Irán.

La cadena rechaza cualquier intencionalidad política. “En absoluto MBC está promoviendo el acuerdo del siglo”, manifiesta Mazen Hayek, portavoz de MBC, en referencia al plan de paz promovido por la Administración Trump. “Son dos trabajos totalmente diferentes y de distintos equipos. Al Qasabi lleva 25 años utilizando la comedia y la sátira para abordar asuntos sociales”, explica respecto al conocido actor protagonista de Salida 7, Naser al Qasabi. En cuanto a la segunda producción, Umm Harun, Hayek insiste en que se trata de “ficción pura sin ninguna intención documental”, a pesar de lo inusitado de que la enfermera protagonista, Umm Harun, sea judía y se la presente de forma favorable.

El caso es que la historia, ambientada en el Kuwait de los años cuarenta del siglo pasado, ya desató la controversia antes siquiera de que se emitiera al anuncio promocional. Un portavoz del grupo islamista palestino Hamás, Basim Naim, calificó el culebrón de “agresión cultural y lavado de cerebro”. Un grupo de organizaciones contra la normalización de relaciones con Israel ha pedido a los telespectadores que boicoteen “el perverso drama”.

No parece que hayan conseguido su objetivo a la vista de que la serie se ha colocado entre las más vistas en los primeros días de emisión. Tal vez tenga que ver con que a los espectadores árabes les gusta la polémica, o tal vez con que tienen una mayor diversidad de opiniones de lo que sugieren las simplificaciones periodísticas.

“Arabia Saudí es el país que más ha hecho por la causa palestina, que para empezar no es asunto nuestro, y ¿qué hemos logrado? Insultos y desinterés”, ha tuiteado el artista saudí Talal al Abbasi. “Incluso si algunos palestinos son traidores, Israel sigue siendo el principal enemigo del islam”, responde el también saudí Fares. Como sucede con los protagonistas de Salida 7, uno se hace eco de las voces que dentro del reino favorecen el acercamiento, mientras que el otro defiende la posición oficial.

Egipto y Jordania son los únicos países árabes que han firmado tratados de paz con Israel. El resto, consideran que boicotearlo es la forma más efectiva de luchar contra su ocupación de Palestina. Sin embargo, siete décadas después de su establecimiento, algunos de esos muros empiezan a agrietarse y en las petromonarquías se percibe una creciente fatiga con el conflicto. De momento, la normalización resulta improbable; lo único que se ha normalizado es hablar del asunto.

La controversia tampoco ha pillado desprevenidos a los responsables de la MBC, que desde su lanzamiento en 1991 han dado que hablar con sus producciones de Ramadán. Su Tash ma tash (No es gran cosa) se granjeó durante años la ira de los fundamentalistas (incluidas amenazas de muerte a sus actores) por sus críticas a los jueces islámicos o las sátiras contra los fanáticos. También Omar, Selfie o Cuervos negros les granjearon críticas. “Está en el ADN de la MBC contar grandes historias de la región para el mundo árabe y el mundo en general. No evitamos ningún tema. Si nuestras series suscitan debate en la sociedad, que así sea”, afirma Hayek.

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