Estado Islámico

El ISIS mata a 10 milicianos iraquíes a solo un centenar de kilómetros de Bagdad

Los analistas ven un salto cualitativo en la complejidad del ataque yihadista

Varios miembros de las Fuerzas de Movilización Popular de Irak montan guardia en la frontera con Siria.
Varios miembros de las Fuerzas de Movilización Popular de Irak montan guardia en la frontera con Siria.AHMAD AL-RUBAYE / AFP

Una decena de milicianos integrados en las fuerzas regulares iraquíes han muerto este sábado en varios ataques coordinados del autodenominado Estado Islámico (ISIS) en la provincia de Saladino. Además de causar el mayor número de bajas entre las tropas iraquíes en los últimos meses, la operación ha sorprendido a los analistas por su osadía. Aunque el grupo ha multiplicado sus incursiones en las últimas semanas aprovechando la pandemia, hacía un año que no se producía un ataque de este tipo.

De acuerdo con el comunicado militar, seis combatientes han muerto por disparos de los terroristas del ISIS contra un puesto de control de las Fuerzas de Movilización Popular (el paraguas que agrupa a las milicias) en la zona de Mheshifa; luego, cuando llegaban los refuerzos, una bomba ha alcanzado a su convoy y matado a otros tres milicianos. Otro combatiente más ha muerto en un ataque a las afueras de Yathrib. Ambas localidades se encuentran al sur de Samarra, la capital de Saladino, y a apenas un centenar de kilómetros al norte de Bagdad.

“El ataque del ISIS es el primero de esta naturaleza desde abril de 2019. No había utilizado esta táctica más que del lado sirio. Ha actuado a la vez en cuatro sectores de Saladino”, ha destacado en Twitter Hisham al Hashemi, especialista en grupos extremistas y terrorismo que asesora al Gobierno de Bagdad. Al Hashemi ha subrayado también que la policía federal, las unidades de respuesta rápida del ejército y la aviación han acudido en apoyo de los milicianos de las FMP y aún así “el enfrentamiento se ha prolongado unas tres horas”.

El ISIS se ha atribuido un creciente número de operaciones contra los miembros de las fuerzas de seguridad iraquíes en varias localidades tanto de Saladino como de Diyala, dos provincias donde intenta reclutar descontentos entre la población suní. Pero durante el último año su capacidad no había excedido la colocación de explosivos en las carreteras o lanzar ataques contra puestos de control y salir corriendo. La mayoría de los analistas ven un salto cualitativo en su competencia para coordinar a varias unidades.

“Desde mediados de 2019 y durante el primer trimestre de 2020 se percibe un aumento en la sofisticación táctica de las operaciones del ISIS en Irak”, declara a EL PAÍS Mike Knights, especialista en asuntos militares y de seguridad en Irak de The Washington Institute. En su opinión, “el coronavirus y la retirada de EE UU de las bases avanzadas” ha influido en el actual aumento. “Toda la contrainsurgencia, sea de las fuerzas iraquíes o de la coalición, se ha degradado significativamente desde marzo”, afirma. Con todo considera que el grupo aún está lejos de las condiciones en las que se encontraba antes de lanzar su ofensiva de 2014.

Entonces, el ISIS sorprendió al mundo cuando logró hacerse con el control de un tercio de Irak y llegar casi a las puertas de Bagdad. A raíz de ello, el Gobierno iraquí reclutó una fuerza de voluntarios, agrupada luego en las FMP, y pidió la asistencia militar internacional. La coalición encabezada por Estados Unidos fue decisiva en la derrota territorial del grupo yihadista. Pero en la actualidad, las fuerzas estadounidenses ven mayor peligro en las FMP (cuyos principales componentes están vinculados a Irán) que en el ISIS. Por eso se han replegado en dos grandes bases, a la vez que el temor al coronavirus reducía sus operaciones sobre el terreno.

“Este ataque refleja un intento desesperado de capitalizar las rivalidades políticas que han impedido la formación de un nuevo Gobierno que trabaje para proteger y dar seguridad a sus ciudadanos”, ha reaccionado, por su parte, el primer ministro designado, Mustafa al Kadhimi. El hasta ahora jefe de los servicios secretos iraquíes se ha encontrado, al igual que sus dos predecesores, con el empeño de los grupos pro iraníes de colocar a sus afines en las carteras clave, lo que bloquea la posibilidad de hacer los cambios que necesita el país y que desde el pasado octubre exigen los iraquíes en sus protestas.

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