Coronavirus en África

Pandemia y pobreza, el aterrador doble reto de África

La región busca fórmulas para acelerar el mercado común con el objetivo de enfrentarse al colapso económico mientras el coronavirus comienza a propagarse por la región

Colas para medir la temperatura en Abuja (Nigeria), el pasado 30 de marzo.
Colas para medir la temperatura en Abuja (Nigeria), el pasado 30 de marzo.AFOLABI SOTUNDE / Reuters

Mientras el coronavirus comienza a propagarse por África, el continente más empobrecido se prepara también para una grave crisis económica con perfiles propios. Con una fuerte dependencia del comercio exterior, sobre todo de la venta de materias primas, y con las grandes potencias mundiales deslizándose sin freno por la pendiente de la recesión, la Comisión Económica de Naciones Unidas para África ya ha hecho sus cálculos: unos 100.000 millones de dólares en pérdidas. Los expertos lo tienen claro. En el nuevo mundo que alumbrará el coronavirus, África tendrá que ser más autosuficiente y potenciar el comercio interior. Con las fronteras hoy cerradas, este es el reto de mañana.

“No tenemos otra opción que la solidaridad interna”, responde a El País el comisario de Comercio de la Unión Africana, el zambiano Albert Muchanga. “todos los países se enfrentan al riesgo de escasez, aumento del paro y subida generalizada de precios. Esta crisis ha alterado las cadenas regionales y mundiales y África no está exenta”. Si en los últimos años varios países africanos habían experimentado cifras destacadas de crecimiento económico situándose incluso a la cabeza del ranking mundial, nadie duda ahora del inminente batacazo. “Es pronto aún para evaluar el impacto de todo esto y el tiempo que le llevará al continente restablecer el equilibrio macroeconómico”, matiza Muchanga.

El cierre de fronteras derivado del coronavirus genera un problema añadido para el abastecimiento. Si bien la medida es comprensible desde la perspectiva del combate contra la pandemia, su primera consecuencia ha sido la interrupción de las cadenas de suministro y las alteraciones en los intercambios intraafricanos. Justo en el momento en que todo estaba listo para la entrada en vigor de la Zona de Libre Comercio Africana (AfCFTA, por sus siglas en inglés), con una cumbre prevista en julio en Níger sobre la que ahora pesa la amenaza de cancelación, llega este frenazo en seco. Sin embargo, la gran paradoja es que será precisamente el comercio intraafricano que este acuerdo pretende favorecer quien puede amortiguar los graves efectos económicos de esta crisis.

“El objetivo es detener la propagación del virus y el aumento de nuevas infecciones y sin el cierre de fronteras sería imposible superarlo”, añade Muchanga, “sin embargo, el desafío también crea algunas oportunidades para que los países africanos desarrollen cadenas de valor nacionales y regionales. Un gran mercado creado por el libre comercio continental ofrece oportunidades para una recuperación más rápida y una transformación estructural”, opina. La respuesta, por tanto, es el AfCFTA, “Aún no se ha tomado la decisión de retrasar la fecha de entrada en vigor”, apunta el comisario, pero dada la evolución de una pandemia cuyo pico se alcanzará en África en mayo según los expertos, todo indica en esa dirección.

El comercio entre los países del continente representa entre el 15 y el 18% del total de sus intercambios, mientras que en Europa ese porcentaje se eleva a un 69% y en Asia a un 59%. Con la entrada en vigor del AfCFTA, cuya sede está en Ghana, y con la aceleración de los procesos de integración económicos regionales, se esperaba superar el 50% en 2022. Dos tercios de los países africanos son importadores netos de productos alimenticios.

El secretario ejecutivo de la agencia de planificación y coordinación de la Nueva Alianza para el Desarrollo de África (NEPAD), el nigerino Ibrahim Assane Mayaki, coincide en el análisis. “En estas circunstancias, África no tiene otra opción que la de depender de su propia resiliencia, fortalezas y agilidad, en lugar de esperar una salvación externa, para mitigar el impacto de la inminente crisis y prepararse para el próximo ciclo de globalización”. A su juicio el desmantelamiento del 90% de las barreras arancelarias previsto en el AfCFTA para los próximos cinco años debería acelerarse.

La pasada semana, el presidente sudafricano Cyril Ramaphosa, en nombre del continente, planteó en la cumbre del G-20 que África iba a necesitar la solidaridad del mundo, poniendo el foco en la suspensión temporal de la deuda externa, una medida que el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial ven con buenos ojos dada la magnitud del desastre. Los ministros de Economía tasaron esa ayuda en 100.000 millones de dólares. Sin embargo, como asegura Mayaki, la clave pasa por reducir la dependencia y activar de una vez el proyecto de industrialización. “África debe ser una propuesta atractiva cuando se revierta la economía global. El continente no tiene tiempo que perder”.

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