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Las primarias se convierten en un duelo entre Biden y Sanders

El exvicepresidente de la era Obama despega en en el Supermartes con victorias clave y el senador de Vermont pierde territorios que había ganado en 2016, como Minnesota, Maine y Oklahoma

Joe Biden, en un acto de campaña en Los Ángeles. En vídeo, el perfil del precandidato. Foto: Getty Images | Vídeo: EPV

La carrera por conseguir la candidatura demócrata a las elecciones presidenciales de Estados Unidos se ha convertido en una pelea de dos. Joe Biden, el vicepresidente de la era Obama al que hace una semana casi se daba por muerto, se propulsó con una sonada victoria este Supermartes crucial de las primarias. Aupado por la retirada de rivales moderados, ganó 10 de los 14 Estados en juego, algunos imprevistos y clave, como Texas y Virginia, y se erigió en un más que sólido rival de Bernie Sanders. Fue una mala noche para el senador izquierdista pese a perfilarse como vencedor en el gran feudo progresista de California, el más poblado. La renuncia posterior del empresario Mike Bloomberg, tras el fiasco de su debut en las urnas, acabó de despejar el duelo.

Hace tan solo tres días, el Supermartes parecía destinado a coronar a Sanders, que se beneficiaba de lo atomizado de la contienda por el lado moderado, pero la carrera por la nominación dio un giro radical después de las primarias en Carolina del Sur del sábado pasado. Biden ganó con autoridad y puso presión sobre sus rivales en el sector moderado del partido para que se echaran a un lado y favorecer su candidatura frente al senador de Vermont. Independiente y socialista en un país que su

ele asociar este término al comunismo, Sanders inquieta a las bases tradicionales del partido. El lunes, Pete Buttigieg y la senadora Amy Klobuchar se retiraron de la contienda y pidieron el voto para Biden. Dos días antes, se había apeado el empresario Tom Steyer.

El movimiento sacudió el Supermartes. El exvicepresidente ganó en todos los Estados del sur que se esperaba —Carolina del Norte, Tennessee, Oklahoma, Alabama y Arkansas— gracias en buena medida a su éxito entre los votantes afroamericanos y se hizo también con territorios que no pronosticaban las encuestas de apenas cuatro días antes: Texas, Minnesota, Virginia, Massachusetts y Maine. A falta de los resultados definitivos, Sanders ha amarrado la joya de la Corona, California, la mayor porción de votos de la jornada, y se ha hecho con Colorado, Utah y Vermont, pero ha recibido un mensaje muy negativo. Perdió en Estados que había ganado en las primarias de 2016 contra Hillary Clinton (Maine, Minnesota, Oklahoma) y su argumento de que puede recuperar el voto de esa parte del trabajador blanco que se entregó a Donald Trump mostró flaqueza. No es en un bastión demócrata como California donde se mida la capacidad de ganar las presidenciales, sino en esos territorios bisagra como Minnesota.

Bernie Sanders durante una rueda de prensa en Vermont. En vídeo, el perfil del político. Foto: Getty Images | Vídeo: EPV

Siguen otros dos nombres en la carrera, el de la senadora Elizabeth Warren y el de la congresista Tulsi Gabbard, pero los resultados del Supermartes evidenciaron que solo Biden y Sanders tienen opciones de ganar la nominación. Fuentes de la campaña de Warren señalaron este miércoles que la senadora se tomaría unos días para reflexionar sobre su futuro en esta contienda, en la que ya está herida de muerte. La senadora competía también en el flanco izquierdista, aunque con un perfil más moderado, pero no hizo sombra al fenómeno Sanders, que ha demostrado tener amarrada una base sólida y fiel desde hace cuatro años.

Despejada ahora la carrera de factores más tácticos como la atomización del voto, la batalla se libra en torno a dos propuestas políticas y dos tipos de liderazgo.

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Biden (Scranton, Pensilvania, 77 años) se lanzó a la campaña como una suerte de antihéroe: un varón, blanco y católico en la era de mayor diversidad de la política estadounidense; un miembro selecto del establishment en plena ola antiestablishment, un político sin golpes de efecto en el imperio de las redes sociales. Ha llevado a cabo una campaña de aire presidencial, con un programa más progresista que el de sus predecesores pero que hoy, en pleno giro a la izquierda del partido, queda como moderado.

Enfrente tiene Sanders (Nueva York, 78 años) a un viejo rockero de la izquierda con unas políticas que pueden no chocar en la Europa socialdemócrata, pero tienen algo de sacrílego para el progresismo moderado estadounidense. Entre otras propuestas, Sanders plantea educación universitaria pública y universal, al igual que para la atención sanitaria, eliminando incluso la opción de seguros privados.

Un elemento les une: ambos llevan años pensando en un momento como este. Para Biden, es la tercera intentona por la presidencia (se postuló en 2008 y en 1988). Para Sanders, la segunda (perdió contra Clinton en 2016). Para el partido, la hora de una duda hamletiana y otra estratégica: debe decidir si este es el tiempo de un profundo giro a la izquierda, un ser o no ser; y si esa es la manera de recuperar el voto en territorios —Michigan, Pensilvania, Wisconsin, Ohio— donde hace cuatro años se perdieron las elecciones.

El día también echó un jarro de agua fría sobre el exalcalde de Nueva York Mike Bloomberg. El dueño del imperio informativo que lleva su apellido no obtuvo más que una victoria pintoresca, en la Samoa Americana, un territorio insular de 55.000 habitantes en el Pacífico Sur. Al anunciar su retirada el miércoles, pidió el voto para el exvicepresidente. “Hace tres meses, entraba en la carrera para derrotar a Donald Trump. Hoy, abandono por la misma razón. Derrotar a Donald Trump empieza por unirse detrás del candidato con más opciones para hacerlo. Está claro que ese es mi amigo y gran estadounidense Joe Biden”, dijo.

Este se mostraba pletórico la noche electoral. “Vamos a traer a todo el mundo a bordo, queremos un candidato que gane a Donald Trump”, reivindic

ó, y aprovechó para lanzar un par de dardos a su rival, al desdeñar a quienes prometen “una revolución”, pero no movilizan a tanto electorado, y rematar: “Queremos un candidato demócrata, demócrata orgulloso”. Este miércoles por la mañana, Sanders se reivindicó: “¿Alguien verdaderamente serio cree que un presidente respaldado por el mundo corporativo va a traer los cambios que las familias trabajadoras y la clase media necesitan?”.

No hay nada decidido, faltan por votar Estados importantes como Michigan, Florida, Pensilvania, Ohio, Nueva York o Arizona. Biden aún debe demostrar su capacidad de mantener su impulso en las próximas citas y Sanders, que puede ampliar su núcleo duro de apoyo y apelar a otros votantes. Curiosamente, el senador emitió el miércoles su primer anuncio televisivo exhibiendo la figura de Obama.

El objetivo es impedir un segundo mandato del estrambótico empresario que hace cuatro años ganó la presidencia contra todo pronóstico. El presidente estadounidense metió cizaña. “La élite demócrata se ha unido y ha aplastado otra vez a Sanders. Además el hecho de que Elizabeth Warren siga en la carrera ha sido devastador para Bernie y ha permitido que el soñoliento Joe gane de forma impensable en Massachusetts. Ha sido una tormenta perfecta, con muy buenos estados conseguidos por Joe”, escribió en su cuenta de Twitter. Puede que vea a Sanders como un rival más fácil de batir que Biden, o tal vez solo quiere provocar ruido.

El Supermartes ha dejado también una paradoja: en un momento récord de diversidad política en Washington, con una participación inusitada de mujeres en política, la presidencia se juega entre tres hombres, blancos y septuagenarios.

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