Macron supera las mociones de censura y avanza en su reforma de las pensiones

El proyecto de ley acorta su camino parlamentario y pasará al Senado mientras las protestas en la calle pierden fuerza. El Gobierno quiere que esté aprobado para el verano

El primer ministro francés, Édouard Philippe, en la Asamblea Nacional.
El primer ministro francés, Édouard Philippe, en la Asamblea Nacional.CHRISTOPHE PETIT TESSON (EFE)

El Gobierno francés superó con comodidad las dos mociones de censura interpuestas por la oposición para frenar el plan del primer ministro, Édouard Philippe, de aprobar la reforma de las pensiones sin someterla a un interminable proceso de discusión y voto en la Asamblea Nacional. Pasada la medianoche, y tras no lograr ninguna de las mociones los votos suficientes, la normativa fue adoptada en primera lectura. Aun así, tanto los acalorados debates en el hemiciclo como los renovados llamamientos a protestar en la calle pusieron de relieve, una vez más, el profundo malestar que ha provocado una de las reformas clave del presidente Emmanuel Macron, cuyos supuestos beneficios no parecen convencer ni a oposición, ni a sindicatos ni a muchos ciudadanos.

Al presentar la primera de las dos mociones —rechazada tras lograr solo 148 de los 289 votos necesarios para tumbar al Gobierno de Philippe, la segunda tampoco prosperó tras reunir apenas 91 sufragios—, el líder del grupo parlamentario de Los Republicanos (LR), Damien Abad, denunció la “precipitación y brutalidad del método usado” para imponer la reforma tras el “fracaso repetido” de los intentos de concertación del Gobierno. También André Chassaigne, presidente del grupo Izquierda Demócrata y Republicana, al defender la moción presentada por los partidos de izquierda —Partido Socialista, Francia Insumisa y Partido Comunista de Francia— afirmó que la reforma de pensiones es la “crónica de un fiasco anunciado, con un rechazo masivo de ciudadanos y unos sindicados menospreciados”. Para subrayar el rechazo parlamentario, los sindicatos habían llamado a salir a la calle este martes una vez más, pero las cifras de manifestantes —apenas 20.000 en París, la más concurrida, según los propios organizadores— quedaron muy lejos de los cientos de miles que habían logrado convocar al comienzo de las manifestaciones, en diciembre.

Philippe, frustrado por la lentitud con que avanzaba el debate parlamentario sobre la reforma —contra la que la oposición presentó más de 40.000 enmiendas— anunció el sábado la aplicación del artículo 49.3 de la Constitución. Este permite cerrar el debate parlamentario de un proyecto de ley y proceder a su aprobación inmediata sin someterlo a votación. La única manera de frenarlo es presentando una moción como las fracasadas este martes.

Durante el debate de las mociones, Philippe defendió el uso del 49.3 como una medida “un poco excepcional” pero necesaria para lograr una “ley indispensable” que constituye, insistió, un “avance social del que habría que felicitarse”. Además, aseguró que el 49.3 “no supone en ningún caso el fin del debate parlamentario. Es el fin de una etapa, pero el debate va a proseguir”.

A pesar de sus palabras y del fracaso de las mociones, estas abren una grieta más en un proceso político que también está suponiendo un desgaste para el partido de Macron, a cuyos miembros el primer ministro ha tenido que instar estos días a “permanecer unidos”, según la Agencia France Presse. Varios desoyeron las consignas y han abandonado la formación. Los últimos son los diputados Hubert Julien-Laferrière y Delphine Bagarry, que anunciaron su marcha el lunes, disgustados con el uso del artículo 49.3 que “confiere al ejecutivo un control que excluye de facto a los parlamentarios y a los ciudadanos de toda discusión o mejora” del proyecto, dijo esta última.

Su marcha no amenazó la mayoría parlamentaria oficialista, que sigue sumando 298 diputados (más los 46 de su socio MoDem). Pero aunque Philippe haya logrado ahora acortar mucho los tiempos con el 49.3, el camino de la reforma no ha terminado. Todavía tiene que pasar al Senado, donde los conservadores tienen la mayoría y donde además no se puede aplicar el 49.3, antes de volver a la Asamblea Nacional para su votación definitiva.

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Además, la reforma de las pensiones contiene una segunda normativa. Se trata de un proyecto de ley orgánica, necesaria puesto que su implementación requerirá una reforma de los poderes administrativos. Y para esta normativa, que empezará a ser discutida este miércoles y contra la que la oposición ya ha presentado otras 1.800 enmiendas, no puede ser impuesta mediante el 49.3, puesto que este recurso solo se puede utilizar para una única ley en el curso de una sesión parlamentaria. Pese a todo, y mediante el uso del “decretazo” en esta primera y más complicada fase del proceso parlamentario de la reforma, el Gobierno de Macron espera poder tener un nuevo sistema de pensiones para el verano. Cueste lo que cueste.

Otro portazo sindical al Gobierno

No solo llaman a volver a la calle, también han salido de las últimas reuniones con el Gobierno. Los principales sindicatos de izquierda, FO y CGT, han anunciado que abandonan la “conferencia de financiación” organizada por el Ejecutivo francés para analizar una financiación “equilibrada” del sistema de pensiones hasta 2027 que debía presentar sus conclusiones en abril. La conferencia había sido una propuesta conciliadora para reabrir el diálogo social sugerida por el sindicato moderado CFDT tras las protestas que paralizaron las principales ciudades del país en diciembre. Pero el uso del artículo 49.3 de la Constitución ha vuelto a cambiar el juego. Esto demuestra, según ha declaró la CGT, que la conferencia no es más que una “mascarada”. La formación “no servirá de coartada en una conferencia donde todo está negociado de antemano”, dijo en un comunicado.

 

Sobre la firma

Silvia Ayuso

Corresponsal en París. Previamente formó parte del equipo de EL PAÍS en Washington. Licenciada en Periodismo por la Universidad Complutense de Madrid, comenzó su carrera en la agencia Efe y posteriormente en la alemana Dpa, para la que también fue corresponsal en Santiago de Chile, La Habana y Washington.

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