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El conservador Kurz y Los Verdes ultiman una coalición para gobernar Austria

A falta de las conversaciones finales, los ecologistas convocan ya un congreso para votar un pacto que les llevaría por primera vez al Ejecutivo nacional

El conservador Sebastian Kurz, en primer plano, y el jefe de Los Verdes, Werner Kogler, durante conversaciones para formar gobierno el 15 de noviembe en Viena.
El conservador Sebastian Kurz, en primer plano, y el jefe de Los Verdes, Werner Kogler, durante conversaciones para formar gobierno el 15 de noviembe en Viena. REUTERS

Austria se encamina hacia su primer gobierno de coalición entre democristianos y verdes. El líder conservador, Sebastian Kurz (ÖVP), y el de Los Verdes, Werner Kogler, anunciaron este domingo que esperan resolver hasta mediados de semana los últimos flecos de la negociación iniciada tras las elecciones generales del pasado 29 de septiembre, que el ÖVP ganó sin mayoría suficiente con el 37,5% de los votos -los ecologistas rozaron el 14%-. Con el pacto prácticamente encarrilado, la formación verde ha convocado ya un congreso para el próximo día 4, puesto que los delegados del partido deben aprobar el acuerdo de coalición y la entrada, por primera vez, en el Ejecutivo federal.

Ambos partidos pisan sobre terreno nuevo, aunque no del todo desconocido. Ya trabajan juntos en algunos Gobiernos regionales, pero se estrenan como socios a nivel nacional, lo que ha exigido intensas negociaciones para alcanzar una base común y acercar posiciones en torno a temas como el control migratorio reclamado por la derecha y la lucha contra el cambio climático, exigencia central de los ecologistas -los detalles del programa aún se desconocían este domingo-.

“Aún no hemos cruzado la línea de meta, pero las dos partes hemos eliminado los grandes obstáculos en el camino hacia un Gobierno común”, ha afirmado este domingo Kurz en un comunicado conjunto difundido por la agencia APA. El líder verde añadió en la nota que quedan algunos "puntos importantes abiertos” que esperan solucionar en los próximos días.

Para regresar por segunda vez a la cancillería, Kurz ha saltado sobre su propia sombra; ha pasado de pactar con la ultraderecha a negociar un pacto con un partido en las antípodas. Tras ganar las elecciones en 2017, se convirtió con 31 años en el jefe de Gobierno más joven y escogió como socio menor a los ultras del FPÖ. Pero el Ejecutivo apenas duró año y medio. Las sospechas de corrupción en torno al entonces vicecanciller y líder ultra Heinz-Christian Strache desveladas por un vídeo grabado con cámara oculta finiquitaron el pasado mayo una colaboración salpicada de polémicas y episodios xenófobos de los extremistas. Kurz rompió la coalición y poco después el Parlamento le retiró la confianza y se vio obligado a dejar la cancillería. Desde entonces, un Gobierno técnico dirige la república alpina, de 8,8 millones de habitantes.

El fiasco con los ultras no le costó a Kurz apoyos entre los votantes austriacos; se declaró vencedor en septiembre con un 37,5% de los votos, casi seis puntos más, mientras la extrema derecha se hundía hasta el 16% (diez puntos menos). Aunque ambos sumaban de nuevo mayoría, el FPÖ prácticamente se descartó desde el principio para centrarse en sus líos internos. Y si bien Kurz habló con todos los partidos, también desechó pronto arriesgarse de nuevo con los ultras. Descartado asimismo un pacto con los socialdemócratas, durante décadas el socio tradicional de coalición, a Kurz solo le quedaban Los Verdes o un tripartito que incluyera a los liberales. Mejor un socio que dos, debió pensar el líder democristiano al iniciar ya negociaciones formales con Werner Kogler, líder de Los Verdes.

Los Verdes, por su parte, han salvado importantes obstáculos para llegar hasta aquí. El primero, regresar al Parlamento, del que se vieron expulsados en 2017 por problemas internos que incluyeron la aparición de una segunda lista verde que dividió el voto ecologista. Impulsados por el movimiento contra el calentamiento global, pero también por sus propuestas en temas sociales y de transparencia en los asuntos públicos, en los pasados comicios vivieron una recuperación espectacular con un 14% de los votos, lo que les ha puesto en la senda del Gobierno. Pero su líder, Kogler, se ha mostrado cauto en estos meses de conversaciones y ha recordado en varias ocasiones la distancia ideológica y programática con los conservadores de Kurz. Los dos partidos ya lo intentaron en 2003, pero entonces las conversaciones de gobierno fracasaron y el ÖVP acabó cerrando una alianza con los ultraderechistas. Ahora, la participación verde como socio minoritario en el Ejecutivo no está exenta de riesgos, las expectativas son altas de cara a la proyección de las formaciones ecologistas en Europa y dentro de Austria tras el importante apoyo cosechado en las urnas.

Los medios austriacos barajan ya un reparto posible de ministerios que daría a los de Kogler las competencias de una gran cartera de infraestructuras, transportes y medio ambiente, otra de asuntos sociales y Justicia, mientras que los democristianos mantendrían las riendas de la economía y los ministerios relacionados con la seguridad (Interior y Defensa) y Exteriores.

La ultraderecha se lame las heridas

La ultraderecha austriaca ha recibido con duras críticas el anuncio de la recta final de las negociaciones entre conservadores y verdes para formar gobierno en Austria. El nuevo líder del FPÖ, Norbert Hofer, ha acusado a Sebastian Kurz de romper la promesa electoral de mantener el curso derechista marcado con la extrema derecha en el Ejecutivo de coalición roto en mayo y de rendirse a la fracción "de izquierda" de los democristianos, que en su opinión ya apostó por la elección del actual presidente del país, el exportavoz verde Alexander Van der Bellen.

Hofer augura que con el giro dado por Kurz el FPÖ recuperará los electores perdidos y arrebatará parte a los conservadores, pero el partido está lejos de sus mejores tiempos. Desde que estallara el caso Ibiza en torno a su exlíder Heinz-Christian Strache, no han parado de surgir revelaciones sobre supuestos excesos y posible malversación de dinero del partido por parte de este. Strache, que primero dejó en suspenso su militancia y luego fue expulsado, no descarta del todo un regreso a la escena política. Varios de sus partidarios han dejado el FPÖ para crear un nuevo partido que le abriría las puertas para ser candidato al Ayuntamiento de Viena el año próximo.

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