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La clave del voto joven: una reforma electoral que le salió mal a Tsipras

Este año se estrenan en las urnas casi 600.000 jóvenes, incluidos los de 17 años, que pueden votar por primera vez en Grecia

Una joven vota este domingo en Atenas. En vídeo, el fin de una etapa en Grecia.

Una generación entera cuyo rito de paso a la edad adulta ha sido la crisis económica más pavorosa vivida en Europa en tiempos de paz se ha estrenado en las urnas. Giannis Petsos, de 18 años, ha votado por primera vez este domingo. El 26 de mayo, fecha de una triple convocatoria electoral —europeas, regionales y locales—, no pudo hacerlo por culpa de los exámenes finales (estudia en Salónica) y no existir el voto por correo, lo que convierte las jornadas electorales en un verdadero carrusel de idas y venidas por un país donde el voto sigue siendo obligatorio. Y no solo se estrenaba como votante, sino también como interventor del partido al que tradicionalmente vota su familia: la conservadora Nueva Democracia (ND).

“Me ha hecho ilusión, he sentido la emoción de la primera vez y todo eso, pero al no tener ninguna duda sobre qué papeleta escoger no lo he vivido como un momento especial. No temía equivocarme, como otros amigos de mi edad; estoy muy seguro de mi voto”, explicaba en un colegio de un barrio de clase media alta en Atenas. Gracias a la reforma de la ley electoral impulsada por Syriza en 2016, los griegos pueden votar con 17 años. En total, algo más de 577.000 jóvenes, de los 17 a los 22 años, se estrenan en las urnas.

La reforma de la ley electoral fue una carambola que salió mal a Alexis Tsipras, no solo porque esta vez sigue vigente el bono de 50 escaños para el partido ganador, sino porque ni siquiera le benefició la rebaja de la edad: en mayo, ND sacó entre los votantes de 17 a 24 años el 27,2%, frente al 25,3% de Syriza. Un resultado más que satisfactorio para los conservadores, que en las generales de 2015 solo arañaron el 16,5% en ese segmento frente al aplastante 42,9% de Syriza. La defección de los votantes más jóvenes de Syriza se explica, según los expertos, por el progresivo alejamiento de las bases más sociales tras el volantazo dado por Tsipras después del referéndum de 2015.

Al igual que Giannis, pero en las antípodas ideológicas, tampoco tenía ninguna duda Petros, de 17 años, que depositó su voto en el instituto donde acabó el bachillerato en mayo. Al igual que sus padres, eligió a Syriza, “sin pensármelo dos veces, porque Grecia no puede permitirse dar ni un paso atrás. Pero sí tengo amigos que han dudado mucho porque ninguna opción les decía nada, pasan de la política porque creen que todos son iguales y además se informan solo por la televisión e Internet”. Petros votó en el mismo centro de Peristeri, un barrio popular de la periferia de Atenas, donde lo hizo el ganador de las elecciones, el conservador Kyriakos Mitsotakis.

Golpeados por unas cifras de desempleo que baten todos los récords en la UE —uno de cada dos jóvenes entre 18 y 24 años está en paro—, u obligados a marcharse del país para encontrar empleo, los jóvenes han sido un segmento apetecido por los diferentes partidos. Las promesas de Mitsotakis de derogar el derecho de asilo universitario y despolitizar la institución, junto a la de crear puestos de trabajo bien pagados, parecen haber dado resultado para una generación perdida y tal vez, desde este domingo, hallada en las urnas.

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