Libia

Los verdaderos amos de Trípoli

Cuatro fuerzas paramilitares se reparten el control de la seguridad en la capital libia. El mariscal Hafter les acusa de lucrarse con fondos públicos

Milicias leales al Gobierno de unidad, el sábado pasado en el frente cerca del aeropuerto de Trípoli.
Milicias leales al Gobierno de unidad, el sábado pasado en el frente cerca del aeropuerto de Trípoli.Carlos Rosillo

El distrito de Abuslim es el más seguro de Trípoli, según el alcalde del área, Mohamed Abdul Hafit. A diferencia de otras zonas de la capital libia, salpicadas por puestos de control de paramilitares, el regidor dice que en su barrio no se necesitan check points. Cuando se le pregunta cuál es la fórmula de su éxito responde: "En Abuslim vive gente de toda Libia, aquí no estamos separados por tribus, somos muy tolerantes".

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La versión que ofrece un vecino con la condición de anonimato es distinta: "Abuslim está controlado por la milicia de Abdul Ghani al Kikli, conocido como Gneiua. A este hombre lo puedes ver conduciendo solo por la calle, sin escolta. Mientras que su segundo lleva conductor, él no lo necesita. Tiene fama de duro con los rivales y con su propia gente".

En Trípoli hay cuatro grandes brigadas cuyos miembros odian la palabra milicia, aunque esa es la que se utiliza en la calle. "Si tienes que dirigirte a un miliciano", señala Mustafá, un habitante de Trípoli que oculta su apellido, "lo mejor es que le llames afandi, que es la palabra que se usa aquí para dirigirse a los agentes de la autoridad. Le dices afandi y se pone más ancho que la mar".

Además de la brigada de Gneiua, en Trípoli ejercen una gran influencia la de Rada, también conocida como Fuerzas Especiales de Disuasión. Está comandada por Abdul Rauf Kara y controla el aeropuerto de Mitiga. En Mitiga hay una prisión con decenas de yihadistas, muchos de ellos pertenecientes al Estado Islámico. Tanto en sus detenciones como en el encarcelamiento de sus presos, Rada actúa al margen del Gobierno de unidad. Y por supuesto, al margen de cualquier juez. "El aeropuerto de Mitiga", explica un observador extranjero, "es muy codiciado por las otras milicias porque ahí se obtiene mucho dinero gracias al contrabando".

En la capital hay que contar también con el Batallón Revolucionario de Trípoli, comandado por Haitan Al Tayuri, y con el Octavo Batallón, también conocido como Nawasi, controlado por tres hermanos. Estas cuatro brigadas son aliadas del Gobierno de unidad, apoyado por la ONU. Frente a ellas, Jalifa Hafter, el hombre fuerte del este del país, el mariscal que asedia Trípoli desde el 4 de abril, suele decir que el Gobierno de unidad y su primer ministro, Fayed el Serraj, están "secuestrados" por las milicias.

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El mariscal afirmó la semana pasada, durante su última entrevista —concedida a dos medios libios—, que el objetivo de su operación militar es terminar con "las milicias". Y las acusó de controlar los fondos del Banco Central de Libia, de practicar secuestros, chantajes, tráfico de migrantes y contrabando de combustible.

Un vehículo, el viernes pasado cerca del frente de Ainsara.
Un vehículo, el viernes pasado cerca del frente de Ainsara.Carlos Rosillo

En Trípoli hay todo un negocio alrededor del mercado negro de divisas. Y ese negocio, supuestamente, estaría controlado muy de cerca por la brigada de Tayuri, que es la que reina en el centro. Esta semana el cambio del euro estaba en 1,30 dinares libios, mientras que en el mercado negro un euro podía venderse por 4,85 dinares. "El negocio para las milicias", explica un observador extranjero, "consiste en que el Gobierno les conceda créditos de dólares o euros al cambio oficial para importar, por ejemplo, un millón de tornillos. Importan 100.000 y el resto de divisas las venden en el mercado negro".

"Las milicias controlan las sucursales de los bancos", explica Mustafá. "Ellos pueden retirar todo el dinero que quieran, mientras que los demás solo podemos sacar unos 300 euros al mes. Y si quieres retirar más, ellos se llevan una comisión. También les cobran comisiones a los restaurantes. Un amigo mío les paga el equivalente a 100 euros al mes. Y si no, le cierran el restaurante".

La situación en Libia sería relativamente fácil de manejar si solo existieran estas cuatro fuerzas paramilitares. Existen muchas otras diseminadas por el país. Hay también grupúsculos al oeste de Trípoli que controlan el tráfico de migrantes. Y, sobre todo, a solo tres horas de Trípoli hacia el este se encuentran las poderosas brigadas de Misrata. Estas fuerzas están llevando buena parte del peso en la lucha contra las tropas de Hafter. "Si se consigue expulsar a Hafter", explica Mustafá, "en buena parte será gracias a las milicias de Misrata. Y entonces es posible que los de Misrata quieran cobrarse la factura en Trípoli".

Acusaciones cruzadas

El mariscal Hafter suele meter a todas estas brigadas en el mismo saco y les llama terroristas, mientras que a sus fuerzas las denomina Ejército de Liberación Nacional (ELN). Desde Trípoli, sin embargo, los brigadistas acusan a Hafter de ser un "criminal de guerra" que ha "comprado" a otras milicias para combatir junto a él y que trata con extrema dureza a los desertores. "Por supuesto que Hafter también tiene milicias", asume Mustafá. "Por ejemplo, en primera línea suele situar siempre a la milicia de Tarek Bin Yiad, que son unos salafistas muy brutos. Después, para mantener el orden en las ciudades del este echó mano de antiguos policías y militares gadafistas. Son del antiguo régimen, pero profesionales. La diferencia es que, al parecer, la policía militar de Hafter no actúa con total impunidad. Aquí en Trípoli las milicias parecen impunes, casi nunca responden por delitos cometidos".

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