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Los socialdemócratas encabezan los sondeos para las elecciones en Dinamarca de hoy

El país escandinavo celebra el miércoles unos comicios en los que la inmigración ha copado el debate político

Una sesión en el Folketing (Parlamento danés), en octubre de 2018.
Una sesión en el Folketing (Parlamento danés), en octubre de 2018. AP

En Suecia fue el Estado de bienestar y la seguridad. En Finlandia, el cambio climático. Y en Dinamarca, el tema estrella en la campaña de los comicios que se celebran este miércoles ha sido la inmigración. El país escandinavo de 5,7 millones de habitantes celebra elecciones parlamentarias en las que los socialdemócratas se perfilan como grandes vencedores con el 29,3%, según la última encuesta de Voxmeter publicada este martes. Dinamarca cambiaría así el paso ideológico dejando atrás un Gobierno de coalición entre liberales y conservadores en el que la extrema derecha del Partido Popular Danés—que se descalabra del 21,1% al 10,1%, según la encuesta había tenido una influencia considerable.

Pero pese al giro ideológico, las políticas antinmigrantes y refugiados seguirán previsiblemente igual de restrictivas con el foco puesto ahora en las devoluciones de inmigrantes a sus países de origen en lugar de en la integración en la sociedad y en el mercado laboral, según analistas como Rune Stubager, de la Universidad de Aarhus. "La política ha cambiado, la retórica ha cambiado y, sin duda, ha sido un factor clave para su más que probable victoria", dice el escritor Morte Pape.

"Cambio de paradigma", lo ha bautizado la que con casi toda seguridad se convertirá en la primera ministra más joven de la historia de Dinamarca, la socialdemócrata Mette Frederiksen, de 42 años, si el bloque de la izquierda y ecologistas le ofrecen su apoyo en las negociaciones para formar Gobierno que tendrán lugar durante las próximas semanas. Ese 29% del apoyo, de cumplirse el miércoles, se materializaría en medio centenar de diputados en un Folketing (Parlamento) de 149 escaños y en el que compiten en las urnas 13 partidos. 

Bajo el mando de Frederiksen, el partido de centro izquierda ha mantenido una línea dura en la política migratoria, pactando a veces incluso con el xenófobo Partido Popular Danés —"que serán los grandes perdedores", según Pape— y secundando medidas como la expulsión de migrantes con antecedentes criminales a una isla deshabitada en el mar Báltico (Lindholm) o la obligatoriedad de estrechar la mano —pese a los preceptos religiosos, especialmente musulmanes, el 5% de la población del país— como último paso para obtener la ciudadanía danesa, entre otras medidas disuasorias hacia el de fuera. "Acaban de darse cuenta [los socialdemócratas] de que en Dinamarca hay un amplio consenso, tanto político como público, que deberíamos tener una política de inmigrantes y refugiados muy restrictiva", explica el escritor.

El primer ministro danés, Lars Loekke Rasmussen, el 29 de mayo de 2019.
El primer ministro danés, Lars Loekke Rasmussen, el 29 de mayo de 2019. REUTERS

Y la razón principal del batacazo de los ultras responde precisamente a que las fuerzas convencionales (de izquierdas o derechas) han adoptado un discurso duro hacia la inmigración. Por un lado, los socialdemócratas se han vuelto mucho más proteccionistas de cara al inmigrante; por el otro, dos fuerzas mucho más ultras han emergido a la derecha del Partido Popular Danés: Nueva Derecha y Línea Dura. Brian Arly Jacobsen, de la Universidad de Copenhague, opina que el ambiente "ha cambiado" y que los tres partidos considerados xenófobos han marcado la línea de lo que se puede decir contra los inmigrantes, especialmente los musulmanes. "Han llevado al límite" el discurso del odio, explica al teléfono. El experto añade, sin embargo, que "alimentar el miedo al extranjero les había funcionado hasta ahora, algo que parece no sucederá el miércoles" cuando se abran las urnas de los 1.384 colegios a las ocho de la tarde. 

Las actitudes contra los inmigrantes en el país escandinavo "han empeorado con el paso del tiempo", dice a la agencia Reuters Manilla Ghafuri, de 26 años y original de Afganistán. El número de inmigrantes de países no occidentales y sus descendientes que han sufrido discriminación debido a su origen étnico aumentó a 48% el año pasado desde un 43% en 2016, según el Barómetro de Integración Nacional. Y la sensación de aquellos que en el día a día trabajan por la integración es que en el país ahora se dicen cosas en alto que antes eran impensables. "Eran tabú", explicaba hace meses Lise-Lotte Duch, de Fakti, una organización que trabaja con mujeres inmigrantes. Según el Eurobarómetro, el 30% de los daneses sitúa la inmigración como su principal preocupación, nueve puntos por encima de la media europea. Los datos oficiales del Gobierno danés muestran, sin embargo, el interés de la población por el clima y el medioambiente es más elevado: el 46%. "Es algo excepcional", aseguran fuentes diplomáticas.

Imagen de archivo de Mette Frederiksen, líder socialdemócrata. ampliar foto
Imagen de archivo de Mette Frederiksen, líder socialdemócrata. AP

El profesor de Filosofía política en la Universidad de Copenhague Nils Holtug opina, según el Copenhaguen Post, que para el Estado resulta "caro" mantener a los migrantes no occidentales. "En contraste, los inmigrantes occidentales aportan un beneficio neto de 30.000 millones de coronas [4.000 millones de euros]", contrapone. Una de las promesas de la nueva extrema derecha es la expulsión de los musulmanes y personas no occidentales del país. Pese a ser dos formaciones nuevas y pequeñas, sí tienen posibilidades de tener representación parlamentaria —y por tanto influir en ciertas políticas— ya que las encuestas les dan en torno al 4% de los apoyos y el umbral electoral está tan solo en el 2%, explica Jacobsen.

114 reformas

El Gobierno liberal-conservador saliente, liderado por el primer ministro Lars Løkke Rasmussen, de 55 años, ha efectuado 114 reformas en las leyes migratorias para limitar los flujos de personas hacia el país escandinavo. En el primer trimestre de 2019, 620 personas solicitaron el asilo, la cifra más baja desde 2008, informa la agencia France Presse. Dinamarca es uno de los Estados miembros de la UE que activó las excepciones a Schengen reinstaurando sus controles fronterizos internos, en este caso en el límite sur que la separa de Alemania. Se le suma, además, que es un país con opt-outs (libertad de no aplicar las directrices de Bruselas) en materia migratoria, entre otras.

Si la socialdemócrata continúa, como ya ha anunciado, con las políticas migratorias de esta legislatura, sus socios del llamado "bloque rojo" no le pondrán fácil la gobernabilidad, máxime cuando Frederiksen busca un Gobierno en solitario, algo que no es muy común en los países nórdicos con una gran tradición de Gobiernos de coalición. Sírvase de ejemplo el recién estrenado Gobierno finlandés que, liderado por los socialdemócratas, está conformado por otros cuatro partidos más (del centro y la izquierda), cada uno con carteras ministeriales. Sin embargo, los anhelos de Frederiksen de llevar el timón del país en solitario no resultan tan utópicos puesto que el sistema danés, al igual que el sueco, estipula que basta con que no haya una mayoría de noes en la sesión de investidura.

Cambio climático

El clima también es una tema fundamental para la población en Dinamarca donde el 46% de la población sitúa el cambio climático como prioridad número uno. La socialdemócrata Mette Frederiksen, que con casi toda seguridad vencerá en los comicios de este miércoles, pretende pisar a fondo el freno del calentamiento global y que el país esté libre de combustibles fósiles en 2045, en lugar de 2050 como estaba programado.

Sus socios del "bloque rojo" de La Alternativa, liderado por Uffe Eldaek, piden que el cambio climático lo "eclipse" todo durante la próxima legislatura y ha basado su programa exclusivamente en el medioambiente, al igual que el Partido Socialista del Pueblo y la Alianza rojiverde. 

El bloque conservador que actualmente gobierna en Dinamarca, más discreto en cuanto a las políticas por el clima, busca detener la venta de vehículos de gasolina y diésel para 2030, la creación de un fondo para la investigación en el calentamiento global, la transición energética de las grandes compañías y continuar con los compromisos de reducir las emisiones de CO2 para 2050.

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