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El puzle para escoger al presidente de la Comisión Europea

Enfrentados a un posible bloqueo, los líderes europeos tratan de encajar variables políticas, geográficas y de género

Pedro Sánchez saluda al presidente de la Comisión, Jean-Claude Juncker, el martes en Bruselas. En vídeo, declaraciones de Merkel y Macron el martes.

Cinco piezas a repartir entre 27. Y otras tantas discrepancias a resolver en cuestión de semanas. Ese es el jeroglífico al que se enfrentó el Consejo Europeo durante la cumbre informal de este martes en Bruselas. La cita constató la tremenda dificultad que tienen los líderes europeos por delante. Y tan solo fue capaz de pactar que la renovación de la cúpula comunitaria debe comenzar por la presidencia de la Comisión Europea. En función de la persona elegida para ese preciado puesto, los otros cuatro cargos (presidencias del Parlamento del Consejo y del BCE, más la Alta Representación de la Política exterior) deberán asignarse buscando cierto equilibrio político, geográfico y de género.

Pero la primera pieza es la más valiosa y la más difícil de encajar. El nombramiento del presidente de la Comisión Europea casi siempre ha desatado tormentas antológicas entre los Gobiernos de la Unión. Y la de 2019 se anuncia tan llena de aristas y conflictos que podría convertirse en una crisis institucional sin precedentes. Los 27 gobiernos de la Unión (dando por descontado el silencio del Reino Unido) y el Parlamento Europeo disponen de poco tiempo para evitar un verano plagado de cumbres de emergencia y bronca sin precedentes. Para lograrlo deberán resolver, al menos, siete profundas discrepancias.

Quién puede aspirar al cargo

En toda convocatoria de plazas, lo primero que se establece es el criterio para aspirar a ocuparla. Pero en el caso de la presidencia de la Comisión ni siquiera hay acuerdo sobre ese punto. El Consejo, que según el Tratado es el encargado de proponer un candidato, dejó claro el martes que tiene total libertad para proponer a la persona que desee. En cambio, los eurodiputados del grupo Popular y del Socialista defienden, aunque con la boca chica, que el nombramiento debe recaer en alguno de los candidatos designados por los partidos políticos (los llamados spitzenkandidat). Ese criterio restringiría las posibilidades prácticamente a solo dos personas: el conservador alemán, Manfred Weber, y el socialista holandés, Frans Timmermans. Los Verdes relajan el criterio y consideran que basta con haber hecho algún tipo de campaña para ser elegible. La manga anche abre el camino también a la liberal danesa Margrethe Vestager, y al conservador francés Michel Barnier. El grupo Liberal, aliado del presidente francés, Emmanuel Macron, coincide con el Consejo y rechaza la fórmula del spitzenkandidat, calificada por Vestager como pura “ficción”.

Coalición de tres o de cuatro

Los dos grandes grupos del Parlamento Europeo, populares y socialistas, no suman escaños suficientes para la elección del presidente de la Comisión (se requieren al menos 376 votos), lo que obliga a sumar a otras formaciones. Los socialistas ya han incorporado a los liberales a la posible alianza. Pero los Verdes, la cuarta fuerza, también esperan sumarse a una hipercoalición. Algunos socios defienden esa posibilidad, para conformar una mayoría proeuropea mucho más sólida. Su incorporación conviene a Alemania, donde los Verdes se han convertido en segunda fuerza y podrían llegar al gobierno. Pero los liberales temen que su presencia en la coalición provoque un giro hacia posiciones muy exigentes en medioambiental y en comercio, con el posible rechazo a los futuros tratados de liberalización comercial. “Los Verdes pueden estar pero no son necesarios”, señala un diplomático de un país con gobierno liberal.

Cuándo se le nombra

El presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, se ha marcado el objetivo de proponer un candidato a la presidencia el próximo 21 de junio, para que se someta al voto del Parlamento a mediados de julio y tome posesión el 1 de noviembre. Algunas delegaciones, como la española, comparten ese calendario. “No tiene sentido retrasarlo y provocar incertidumbre institucional”, apuntan fuentes del ejecutivo de Pedro Sánchez. Pero muchos socios prefieren tomarse todo el tiempo que sea necesario para garantizar que se acierta con la elección. “La presidencia de la Comisión es un puesto clave para el futuro de Europa y más en estos momentos de reorganización del orden mundial”, apunta un diplomático del norte del continente. “Si no llegamos al 1 de noviembre, la Comisión actual [presidida por Jean-Claude Juncker] puede seguir unos meses como ya ha ocurrido otras veces”. El riesgo, sin embargo, es que otras piezas empiecen a caer en su sitio. El Parlamento Europeo espera elegir a su nuevo presidente el 2 de julio, lo que ya supondrá una primera cuota geográfica, política y de género. Y la designación del nuevo presidente del BCE debería hacerse entre julio y septiembre para que dé tiempo a completar los trámites antes del 31 de octubre, fecha en la que expira el mandato de Mario Draghi. Si los calendarios se traban unos con otros, el conflicto institucional podría aumentar de escala.

A quién le toca

Desde 2004, el presidente de la Comisión Europea ha sido siempre del Partido Popular Europeo (PPE). Socialistas y liberales consideran que toca cambiar de color político y reclaman un puesto que no ocupan desde 2004 y 1985, respectivamente. El PPE ha ganado las elecciones al Parlamento Europeo, por quinta vez consecutiva con 179 escaños. Pero populares y liberales, que suman 258, se han conjurado para lograr que el puesto vaya a uno de ellos o una personalidad independiente aceptable para los tres partidos.

Doble mayoría

El candidato a presidir la Comisión debe ser designado por mayoría cualificada en el Consejo y aprobado por mayoría absoluta en el Parlamento (376 votos, como mínimo). El riesgo de bloqueo es elevado en ambas instituciones, como advirtió el martes el presidente francés Emmanuel Macron. En el Consejo, los gobiernos liberales (ocho) y socialistas (seis) pueden bloquear a cualquier candidato pero no imponerlo. Los populares, con ocho gobiernos, también pueden vetar (aunque solo si Reino Unido se abstiene). La aritmética obliga a entenderse. Y el acuerdo transversal debe repetirse en el Parlamento. “Hay que proponer un candidato que salga adelante en el Parlamento a la primera, no nos podemos permitir un fiasco”, afirma una fuente diplomática. Lograrlo requería diálogo, concesiones y, tal vez, un largo período de tiempo.

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