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Buteflika hace oficial su candidatura para optar a un quinto mandato en Argelia

El régimen del octogenario presidente, hospitalizado en Suiza, ignora las protestas masivas que han recorrido todo el país

Manifestantes durante las protestas contra Buteflika, este viernes en Argel. En vídeo, un presentador de informativos lee la carta del presidente a los argelinos.

Abdelgani Zalene, el recién nombrado director de campaña del presidente argelino Abdelaziz Buteflika, ha presentado esta tarde ante el Consejo Constitucional la documentación necesaria para formalizar su candidatura a las elecciones del próximo 18 de abril. El gabinete del presidente llegó a la sede del Consejo en ocho furgonetas blancas a través de unas avenidas fuertemente custodiadas por policías antidisturbios. A medianoche del domingo concluía el plazo para presentarse a las elecciones presidenciales. La agencia oficial APS difundió horas antes un despacho donde advertía que la ley de régimen electoral no prevé que el candidato deba presentar personalmente su expediente.

La mañana comenzó con concentraciones de cientos de universitarios en las principales ciudades del país para protestar contra la candidatura de un presidente que cumplió el día anterior 82 años, lleva en el poder desde 1999 y no pronuncia un discurso en público desde hace siete años. Todo el mundo estaba pendiente de dos lugares: la sede del Consejo Constitucional, blindada con antidisturbios desde el sábado por la noche; y el hospital universitario de la ciudad suiza de Ginebra, adonde llegó Buteflika el domingo 24 de febrero para someterse a un "control médico rutinario", según el comunicado oficial.

¿Abandonaría Buteflika el hospital para viajar a Argelia? ¿O daría marcha atrás? El domingo a mediodía ya había demasiados factores para pensar que el régimen iba a desoír el reclamo de la calle. El viernes 22 de febrero se manifestaron decenas de miles de personas en las principales ciudades contra la candidatura de Buteflika. Los días siguientes no pararon las protestas: abogados en Argel, periodistas en Argel, estudiantes en todo el país... Y así, hasta desembocar en un océano de cientos de miles de personas repartidas entre los mayores municipios del país en las protestas del viernes 1 de marzo.

Ese viernes, ningún politólogo argelino, ni periodista, ni diplomático internacional podían aventurar con solvencia cuál sería la reacción del régimen. Sin embargo, el sábado por la noche fueron llegando pistas claras que apuntaban hacia el inmovilismo. El diario El Mudjahid, órgano del gubernamental Frente de Liberación Nacional (FLN), publicó la declaración de patrimonio del candidato Buteflika, tal como estipula la ley. Mala señal para quienes soñaban con un cambio.

El mandatario declaró poseer una casa en Sidi Fredj (situada a 30 kilómetros de Argel), además de otra casa y un apartamento en la capital. Es propietario, además, de dos vehículos particulares. En su declaración precisa que no posee ningún otro bien ni en Argelia ni en el extranjero. Desde Marruecos, el sitio digital Le360 señalaba que el presidente eludió mencionar si posee cuentas bancarias, joyas u obras de arte.

El sábado por la tarde llegó también el único gesto del régimen hacia los manifestantes: la destitución del jefe de campaña de Buteflika, Abdelmalek Sellal, antiguo primer ministro (2012-2017). La noticia no podía ser más decepcionante para los que luchan contra el quinto mandato. En las redes sociales un internauta se quejaba: “Nos están meando encima”. Otro se lo tomaba con más sarcasmo al escribir que echarían de menos a Sellal porque era como Fredo, el mafioso más débil, inconsistente y torpe de la familia Corleone, en la novela y película El padrino. Por si aún había dudas de que el régimen seguiría adelante con la candidatura de Buteflika solo quedó por conocer que Buteflika -o su gente- había nombrado a otro director de campaña, el actual ministro de Trabajo y Transporte, Abdelgani Zalene.

Las redes sociales, más que los medios de comunicación, iban sirviendo de cauce para compartir no solo consignas y chistes, sino información. Decenas de periodistas argelinos se manifestaron el jueves contra la censura de canales públicos y privados respecto de las protestas. En cuanto a la prensa extranjera, diversos medios como EL PAÍS han sido informados de que solo se les permitirá acceder al país dos semanas antes de las elecciones del 18 de abril. Las redes y algunos medios locales como el periódico El Watan o el sitio web de noticias sobre Argelia TSA se han convertido en el gran espacio donde se informan los ciudadanos.

A la una de la tarde de este domingo, TSA ya informaba de que una marea de estudiantes se aproximaba hacia las inmediaciones del Consejo Constitucional, en Argel. En otras ciudades como Orán, Tebessa, Guelma, Bourmerdès también desfilaban miles de estudiantes por las calles. Y en la capital de Francia, país con una gran diáspora de argelinos, seis mil personas se manifestaron este domingo contra el quinto mandato, según la policía francesa.

Además de Buteflika, seis argelinos habían depositado su candidatura a media tarde. Ninguno de ellos tiene opciones reales de vencer a un presidente que, siempre con el apoyo explícito del régimen, logró victorias en cuatro ocasiones en torno el 80% de los votos. El hombre que quedó más cerca de Buteflika en 2014 fue Ali Benflis (12,3%), un antiguo secretario general del FLN, de 75 años, que el domingo decidió no presentar su candidatura. "Mi lugar no está en una competición electoral, sino con el pueblo", señaló.

Al caer la tarde, y después de varios enfrentamientos entre estudiantes y policías, la calma volvió al centro de Argel. Buteflika se dirigió por carta a los argelinos y prometió convocar unas elecciones presidenciales anticipadas si resulta elegido. Prometió también no presentarse a esos comicios. A tenor de lo que pasó en las próximas horas, su mensaje no parecía calar entre los manifestantes. A las diez y media de la noche ya había manifestaciones en varias ciudades del país como Guelma, Tizi Ouzou, Bejaia... Y Argel, siempre Argel.

En Argelia, después de una semana de movilizaciones sin precedentes en varias décadas, es difícil saber si los manifestantes desafían al régimen argelino o es el régimen el que los desafía a ellos.

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