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Berlusconi se presenta a las elecciones europeas

El líder de Forza Italia y ex primer ministro asegura que en 1994 frenó a los comunistas y ahora hará lo mismo con el actual Gobierno italiano

Silvio Berlusconi participa en un programa de televisión en 2017.
Silvio Berlusconi participa en un programa de televisión en 2017. REUTERS

Silvio Berlusconi vuelve. El excavaliere, lo más parecido a una especie política inmortal que se recuerda en un país donde sus representantes casi nunca mueren del todo, ha anunciado este jueves que se presentará a las elecciones europeas del próximo mayo. Tres veces primer ministro de Italia, 82 años, inhabilitado hasta hace un mes para el ejercicio de la política por fraude fiscal vinculado a su empresa (Mediaset), el fundador de Forza Italia ha decidido volver al ruedo político en unas elecciones cruciales para Europa. Lo hace, asegura, para frenar al populismo y al Gobierno de Italia formado por la Liga y el Movimiento 5 Estrellas (M5S).

El anuncio, del cual el propio Berlusconi había dado ya pistas hacía algunas semanas, ha llegado el jueves por la mañana durante un mitin en Cerdeña. “Me presentaré a las elecciones europeas, bajaré a la arena para parar a este Gobierno como ya hice en 1994 cuando decidí parar a los comunistas”, ha lanzado tirando de su habitual retórica publicitaria. “Veréis que pronto el centroderecha volverá a estar unido porque la alianza entre la Liga y el Movimiento 5 Estrellas es contranatura, no creo que les quede mucho tiempo. Solo el poder les ha hecho llegar a un acuerdo".

Berlusconi ya se presentó a las pasadas elecciones generales —aunque estaba inhabilitado logró estampar su nombre y rostro en las papeletas electorales— con la Liga y Fratelli di Italia en una suerte de colaición de centroderecha que lideraba todas las encuestas. Entonces no lograron los apoyos suficientes para formar gobierno y Salvini prefirió romper la alianza y firmar el acuerdo con el Movimiento 5 Estrellas que le otorgó un escaparate electoral perfecto. Desde entonces ha llovido mucho políticamente, y no está claro que el actual ministro del Interior, disparado en los sondeos ante un hipotético adelanto electoral, esté interesado en recuperar aquella vieja alianza.

El exprimer ministro celebra ya 25 años al frente de Forza Italia, un tiempo en el que ha habido que someterse a grandes retoques (también en el partido). Ha cambiado el paisaje, pero la formación ha sido incapaz de forjar a un nuevo líder que tomase el relevo de Berlusconi en todos estos años. "Todos los delfines que he tenido han han terminado siendo sardinas", dijo el excavaliere hace pocas semanas. Ni siquiera el presidente del Parlamento Europeo, Antonio Tajani, pudo seducir al electorado en los últimos comicios y la formación obtuvo en marzo su peor resultado en años.

Berlusconi, recuperado ya de su ataque al corazón en 2016 y convertido en un saludable vegetariano, no tiene ya en Italia la popularidad de sus mejores años. Más allá de los escándalos, en el recuerdo queda su precipitada caída en 2011 y unas cifras económicas que no corresponden a la leyenda que él trata de cultivar. En los 10 años que gobernó Italia, el país redujo su renta per cápita un 3,1%, según el FMI (el peor dato de la UE en ese decenio). El consumo cayó un 8% y el gasto alimentario un 36%. Subió la presión fiscal 1,6 puntos, pero disminuyó un 10,7% el gasto en educación o un 30% el de la cultura, mientras crecía un 35% el de defensa.

La prima de riesgo —y una Troika a la que agotó la paciencia— derribó finalmente su obra en otoño de 2011, cuando alcanzó su máximo histórico: 574 puntos. Pero la situación ahora, sin embargo, es buena para el estilo del excavaliere. Un enemigo claro (el populismo) y un cortafuegos representado en la figura del hombre de éxito.

El excavaliere, cuyo partido forma parte del Partido Popular Europeo, asegura que representa "una idea liberal de la política" que en la actualidad "hay que defender en Italia, Europa y el mundo", sobre todo ante el auge de potencias como China. "He decidido presentarme a las europeas para llevar a Bruselas mi voz de una Europa que debe ser cambiada, estar unida y con una defensa unida, para poder sentarse a la mesa con otras potencias militares mundiales y decidir las situaciones que se examinen". Nadie en Italia, sin embargo, se lo imagina aceptando un escaño en el Parlamento Europeo y cambiando su legendaria mansión de Arcore por la lluviosa Bruselas.

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