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44.000 millones europeos para frenar a China en África

El club comunitario pone en marcha un plan de inversión privada apuntalada con dinero público

De izquierda a derecha, Jean-Claude Juncker, Paul Kagame y Sebastian Kurz, durante el encuentro celebrado en Viena.
De izquierda a derecha, Jean-Claude Juncker, Paul Kagame y Sebastian Kurz, durante el encuentro celebrado en Viena. AFP

Europa es el primer inversor mundial en África, pero China avanza más deprisa. Esa hiperactividad china en el vecino sureño de la UE obliga a los líderes europeos a potenciar los flujos económicos hacia la región como herramienta diplomática contra los movimientos migratorios. Con ese espíritu, los líderes de la UE y de los países africanos se han citado este martes en Viena para “cambiar la narrativa”, en palabras del canciller austriaco, Sebastian Kurz, y promover una relación menos orientada al conflicto migratorio.

Los más de 50 líderes europeos y africanos —y un número similar de representantes del sector privado— reunidos en la capital austriaca se esforzaron por evitar el asunto que desde hace años domina toda la estrategia europea hacia África: la migración. “Demasiado a menudo, sobre todo en los últimos años, nuestras relaciones se han reducido a la cuestión de las migraciones. Pero esta cumbre no trata de eso, sino de establecer una relación de iguales entre los dos continentes”, argumentó el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, al inicio de la conferencia.

Aun así, la presión migratoria que sufren los países comunitarios sobrevoló todo el encuentro. “No hay tabúes, hay que discutir de todo. Existen causas profundas que explican que una parte de nuestra juventud quiera llegar a Europa. Pero no podemos abordar este fenómeno por sus consecuencias, sino por sus causas”, reflexionó Moussa Faki Mahamat, presidente de la Comisión de la Unión Africana, la organización que aglutina a 55 miembros del continente sureño.

Para incidir en esas causas que motivan el éxodo a la UE, el club comunitario ha puesto en marcha un plan de inversión privada, apuntalada con dinero público, que contempla movilizar 44.000 millones de euros hasta 2020. Juncker aprovechó la reunión austriaca para anunciar que ya hay 37.000 millones de esa cesta asignados a proyectos. En realidad, la palanca pública de ese instrumento es muy limitada: apenas 4.500 millones de euros, que se otorgan en forma de préstamos, garantías y también de algunas subvenciones a empresas interesadas en expandirse en África.

“No es suficiente; hay que hacer mucho más”, replicó el presidente del Parlamento Europeo, Antonio Tajani, en conversación con EL PAÍS. “China ha anunciado una inversión pública de unos 60.000 millones. Europa debería aspirar como mínimo a eso”, sugirió. Tajani se refería al anuncio realizado el pasado septiembre por el presidente chino, Xi Jinping, de que su país destinará esa cantidad en forma de asistencia, préstamos y garantías a proyectos radicados en África. Hasta ahora, la UE concentra el 40% de las inversiones en el continente (291.000 millones de euros de en 2017, según datos de la Comisión Europea). Y los países comunitarios constituyen su principal socio comercial (243.000 millones de euros en intercambios también el año pasado). “No es cierto que no se esté haciendo nada. Los europeos estamos invirtiendo, pero los chinos aumentan más rápidamente las inversiones”, admitió el ministro español de Exteriores, Josep Borrell.

Malestar por el pacto de la ONU

La aversión al riesgo y el excesivo acento que han puesto los líderes europeos en frenar la llegada de migrantes han debilitado esa labor de diplomacia económica. “No tendremos éxito si solo miramos las estadísticas migratorias. Hay que crear empleos de valor añadido”, advirtió Paul Kagame, presidente de la Unión Africana y de Ruanda, uno de los países a los que Europa mira como ejemplo de desarrollo en el continente. La digitalización de África, uno de los objetivos de lo que Bruselas denomina nueva alianza con el continente vecino, se impuso como título de la conferencia de Viena.

Pese a todos esos esfuerzos, la propia coreografía de la cumbre evidenció los desencuentros europeos en el asunto migratorio. El canciller Kurz, presidente de turno de la UE y defensor de una línea dura en esta materia, la había concebido como un foro al que debían asistir los jefes de Estado y de Gobierno del bloque comunitario, así como líderes destacados del continente africano. Pero la crispación generada en torno al pacto migratorio de Marraquech promovido por la ONU alteró esa idea inicial. La retirada de Austria de ese acuerdo, el primer marco mundial que defiende una gestión ordenada de las migraciones y que fue firmado la semana pasada por 184 países en la ciudad marroquí, irritó a otros países europeos. Porque además la postura austriaca alentó a otros socios europeos a desmarcarse. El resultado de esas tensiones fue que ninguno de los principales dirigentes (los de Alemania, Francia, Reino Unido, España, Italia…) acudió al encuentro de este martes. El presidente español, Pedro Sánchez, tenía previsto asistir, pero acabó descartándolo. Fueron, paradójicamente, los líderes más alejados de la realidad africana —y próximos a la óptica restrictiva de Austria— los que participaron. Entre ellos, el primer ministro polaco, Mateusz Morawiecki y el húngaro, Viktor Orbán. Ninguno de los países mediterráneos, salvo Malta, estuvo representado por su primer ministro.

El dilema de ayudar aunque crezca el flujo

Las instituciones europeas llevan tiempo examinando una aparente paradoja: aumentar la ayuda a los países de los que proceden las migraciones eleva en ocasiones esos flujos. Un estudio del Centro para el Desarrollo Global, una casa de análisis orientada a la reducción de la pobreza, analiza este fenómeno y concluye que, en países con niveles de renta muy bajos, la primera oleada de desarrollo suele fomentar la emigración. El motivo es que jóvenes mejor formados disponen de más recursos y aspiraciones para orientar su vida hacia Europa. Solo cuando los países alcanzan un nivel medio de renta se mitiga ese efecto.

Conscientes de que el cambio lleva tiempo, los líderes europeos instaron a acometer ya ese giro. “Hay que atajar las causas que provocan las migraciones. Solo la mejora de las condiciones económicas contribuirá, a largo plazo, a reducir las cifras”, reconoció el canciller austriaco y presidente de turno de la UE, Sebastian Kurz.

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