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ANÁLISIS

Las tres pistolas que no pudieron salvar a Alexander Zajárchenko

El líder de la autoproclamada República Popular de Donetsk ha muerto víctima de un atentado

El líder asesinado de la autoproclamada República de Donetsk, Alexander Zajarchenko, en una entrevista con Pilar Bonet, en 2017 en un hotel de Donetsk
El líder asesinado de la autoproclamada República de Donetsk, Alexander Zajarchenko, en una entrevista con Pilar Bonet, en 2017 en un hotel de Donetsk

Ninguna de las tres pistolas que llevaba pudo salvar a Alexandr Zajárchenko, el líder de los separatistas prorusos de la autodenominada República Popular de Donetsk (RPD), que es parte de la provincia ucraniana del mismo nombre. Este viernes Zajárchenko ha muerto víctima de un atentado en un café en el centro de Donetsk, esa ciudad instalada en una especie de limbo desde la primavera 2014, cuando los secesionistas, apoyados por Rusia, tomaron el poder, imaginando inicialmente que podrían repetir el ejemplo de Crimea en la zona minera del Este de Ucrania.

Zajárchenko portaba las tres pistolas —una en la cintura, otra en el pecho y la tercera bajo el sobaco— una noche de marzo de 2017 y las sacó para mostrármelas (poniéndoles antes el seguro) en una entrevista nocturna que se prolongó más de tres horas en el bar de un hotel de Donetsk, después de que sus escoltas, armados con metralletas, vaciaran de clientes el local para nuestra conversación. Insistía entonces el líder separatista en que la “guerra” era la única alternativa para el proceso de conversaciones de Minsk y afirmaba que la RPD debía conquistar toda Ucrania.

A Zajárchenko le gustaba charlar en los bares y fue también en un bar cuando en mayo de 2014 entrevisté por primera vez a este técnico electricista de minas. Por entonces, Zajárchenko era el jefe de OPLOT, la formación que controlaba el ayuntamiento de Donetsk. Sentado junto a Alexandr Timoféiev (alias Tashkent), Zajárchenko habló de la evolución de su identidad, desde que se sentía “orgulloso” de ser ucraniano y agitaba una bandera de aquel país en la Eurocopa de fútbol de 2012 hasta que comenzó a sentirse “ruso”. Con el tiempo, Timoféiev se convirtió en el “ministro de Recaudación de Impuestos” de la RPD y, en calidad de administrador de los flujos económicos, llegó a ser muy impopular entre quienes han sido obligados a contribuir a su negociado. 'Tashkent' ha resultado herido en el atentado que acabó con la vida de Zajárchenko, esta vez en un restaurante.

La situación económica en la RPD se ha deteriorado enormemente en el último año y medio desde que Zajárchenko decidió de hecho requisar y administrar las empresas de los oligarcas ucranianos en el territorio bajo su control. Los líderes separatistas de 2014 que siguen vivos están divididos entre sí y varios de ellos están en la oposición del tándem Zajárchenko-Timofeiev por considerar su gestión corrupta, ineficaz y dilapidadora de los recursos que llegan desde Rusia.

El pasado mayo en Donetsk, un ruso buen conocedor de la política de la RPD dijo a esta periodista que los separatistas locales necesitaban un líder burocrático que se sometiera discretamente a la administración del Kremlin y que gestionara los recursos sin provocar el descontento de la sufrida y empobrecida población. Afirmaban en la República Popular de Lugansk (el otro territorio de la zona minera de Donbás controlado por separatistas prorusos) que tal cosa ya se ha conseguido, aunque el camino para ello quedó sembrado de cadáveres de los líderes separatistas más individualistas y más brillantes, aquellos que no llegaron a comprender el papel que les había sido asignado en una construcción geoestratégica que les supera.

Moscú y los separatistas suelen atribuir las muertes a “agentes” y “saboteadores” de Kiev, pero hay otras hipótesis, que fuentes políticas de la RPD hablando en privado consideran verosímiles. Estas hipótesis apuntan hacia asociados a alguna de “las torres del Kremlin involucradas en el conflicto”, es decir, los distintos departamentos de la administración rusa con intereses en el Este de Ucrania. En cualquier caso, la muerte de Zajárchenko abre nuevas perspectivas y posibilidades de combinar los elementos que no han cuajado hasta ahora en el foro de negociación de Minsk.

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