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La policía holandesa cifra en 18.900 millones el valor de las drogas sintéticas producidas en el país en 2017

El cuerpo culpa al Gobierno de "falta de interés" en la lucha contra el tráfico ilegal de éxtasis y speed

Un agente de policía investiga un laboratorio de éxtasis en Eindhoven, en abril de 2016
Un agente de policía investiga un laboratorio de éxtasis en Eindhoven, en abril de 2016 AFP/Getty Images

Los jefes de las drogas sintéticas en Holanda produjeron en 2017 pastillas de éxtasis y speed por valor de 18.900 millones de euros: “Más que el Producto Nacional Bruto (PIB) de Islandia, o el volumen de ventas de Philips”. La Academia Nacional de Policía ha calculado la cifra en función de su precio en el mercado, y dice que entre 3.000 y 5.000 millones de euros acaban en los bolsillos de los delincuentes. En un informe presentado este sábado sobre “el problema nacional de repercusiones internacionales para la imagen de Holanda, causado por este tráfico ilegal”, los agentes subrayan “la falta de interés del Gobierno y la escasez de efectivos para combatirlo”.

Holanda y las drogas sintéticas: una verdad incómoda, así se titula la versión en inglés del informe policial. En neerlandés el encabezamiento es algo distinto: Un país pequeño hecho grande: Holanda y las drogas sintéticas en los últimos 50 años. Dirigido por Pieter Tops, experto en administración pública, constata la “tolerancia hacia el consumo de drogas”, y el hecho de que “la sanidad pública, la economía y las relaciones internacionales son más importantes para Holanda que la lucha contra las drogas”. Los investigadores atribuyen el liderazgo nacional a “las excelentes infraestructuras que facilitan la exportación”. También al hecho de que el speed [sulfato de anfetamina] se fabrique desde 1970 a gran escala”. Con todo, “la especialidad nacional es mdma [3,4-metilendioximetanfetamina, conocida como éxtasis] producida desde 1985”. Elaborar una pastilla de éxtasis cuesta unos 20 céntimos de euro; en la calle, vale hasta 20 euros.

Si bien la mayoría de las sustancias químicas precursoras de estas drogas se importan en China, otras llegan de Polonia y Bélgica, según el trabajo. “Durante mucho tiempo, las redes criminales estaban formadas por holandeses del sur del país (…) últimamente hemos visto grupos de origen turco, polaco y marroquí en este mercado”. La Academia de Policía lamenta que “Holanda solo actúe contra las drogas sintéticas cuando la presionan a escala internacional. Ocurrió en los años 70, cuando Suecia se quejó de la presencia allí de grandes cantidades de pastillas holandesas de éxtasis. En 1980, cuando el mdma irrumpió en el mercado y solo lo prohibió en 1988. Y en 1990, cuando Estados Unidos calificó a Holanda de ´narcoestado´ y Francia la secundó”, reza el informe.

La producción interna holandesa ha aumentado, “y como ahora hay más competidores y violencia, las consecuencias se notan ya en la calle y el entorno”, asegura la policía. Se refieren a la presencia de laboratorios en barrios vecinales, “con el consiguiente peligro de peleas en la calle”, y “la contaminación derivada de los residuos abandonados en el campo”. También hay vertidos en alcantarillas y desagües, y mezclados con los fertilizantes para el campo.

En enero de 2016, las autoridades alimentarias hallaron los primeros restos tóxicos de esta clase en una plantación de maíz en la provincia de Eindhoven (sur del país). Los traficantes vaciaron sus bidones en la fosa séptica de la granja, y los principios activos del éxtasis acabaron, en bajas concentraciones, en el sembrado. Si bien el riesgo para la salud quedó descartado, desde entonces, han aparecido más bidones abandonados en prados y cobertizos. Tras la presentación del trabajo, Ferdinand Grapperhaus, ministro de Justicia, ha admitido que “no se ha prestado suficiente atención al problema”. Por ello, ha prometido una inyección de 100 millones de euros, y 1.100 agentes adicionales al año, entre ellos especialistas en drogas de diseño, “para reventar esta práctica delictiva”.