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El rey de Jordania ordena revisar la reforma fiscal para frenar la ola de protestas

Abdalá II nombra a Omar Al Razaz jefe del Ejecutivo tras una nueva ola de protestas contra el plan de ajustes aprobado por el Gobierno

Protestas ante la sede del Gobierno en Amán, el lunes por la noche.
Protestas ante la sede del Gobierno en Amán, el lunes por la noche. Getty

La dimisión del primer ministro Hani al Mulki no parece haber servido para contener la ola de protestas contra el ajuste fiscal que agita Jordania desde hace una semana. Miles de manifestantes volvieron a echarse a las calles de Amán en la noche del lunes, pocas horas después de que el rey Abdalá II aceptara su renuncia tras la marea popular. Ante la huelga general convocada para el miércoles, el monarca ordenó este martes la revisión de la reforma tributaria impuesta por el Fondo Monetario Internacional (FMI) para sanear la abultada deuda pública.

El descontento popular generado por una crisis económica que galopa sobre la inflación (4,6%) y el desempleo del (18,5%) se ha desbordado tras una reforma tributaria que empobrece a empresas y familias. “El Gobierno tiene que poner en marcha inmediatamente vías de diálogo en coordinación con el Parlamento y con la participación de los partidos, sindicatos y grupos de la sociedad civil”, rezaba el mensaje real en el que se oficializaba la designación como primer ministro de Omar al Razaz, hasta ahora titular de Educación, un respetado execonomista del Banco Mundial partidario de la moderación y la aplicación gradual del proceso de ajuste.

Desde el pasado miércoles, cuando tres decenas de organizaciones sindicales y sociales jordanas convocaron la primera jornada de huelga general, se han sucedido noche tras noche las marchas de protesta ante la sede del Gobierno en el centro del Amán. En una cadena de protestas sin apenas precedentes en las cerca de dos décadas de reinado de Abdalá II, 200.000 personas se concentraron del sábado ante las oficinas del primer ministro en la capital y ante edificios oficiales de las principales ciudades del país.

“Jordania está en una encrucijada: o logra salir de la crisis y ofrecer una vida digna a sus ciudadanos, o Dios nos guarde, va hacia lo desconocido”, había afirmado el rey Abdalá II antes de anunciar la revisión de la reforma fiscal, según la agencia oficial Petra. El monarca ha imputado la crisis a la inestabilidad regional y falta de apoyo internacional.

La revuelta popular en curso es esencialmente nocturna, propia de un Ramadán que toca a su fin la semana próxima. Bajo una temperatura que rondaba los 30 grados, las calles de Amán se encontraban desiertas en la tarde de este martes, a la espera del Iftar, la comida con la que se rompe el ayuno a la caída del sol.

Carestía de la vida

Noor Hassan, de 27 años, coordinador de mercadotecnia de una de las tres franquicias de la cadena Zara en la capital jordana, admitía en el centro comercial Abhadi que la caja registradora no se ha animado demasiado durante el mes sagrado musulmán. “Esperamos que se animen las ventas con los regalos del Eid el Ftir [la fiesta que marca el final del mes de ayuno]”, pronosticaba ante un vestido de 200 euros y una camisa de 50 euros.

El piloto de Royal Air Jordania Forlad Ghousa, de 46 años, abandona cargado de bolsas el establecimiento. “Son para el Eid de mis hijos de 14, 12 y 8 años”, explicaba, “Este Ramadán no he podido comprarles la ropa que les gusta en España; aquí los precios son prohibitivos y no están al alcance ni de la clase media alta”. Madrid y Barcelona ocupan el puesto 34 en la lista de ciudades más caras elaborada por The Economist Intelligence Unit, sobre un total de 133 urbes de todo el mundo, mientras Amán se sitúa seis escalones por encima, en la posición 28.

Con sueldos medios de unos 400 euros mensuales, un 20% de la población situada bajo el umbral de la pobreza y con un mercado laboral compartido con dos millones de extranjeros —más de la mitad refugiados sirios y el resto inmigrantes egipcios e iraquíes— los 10 millones de jordanos viven agobiados por una de las peores crisis sociales de su historia. La retirada de las ayudas financieras de Arabia Saudí y las monarquías del Golfo desde hace un año es señalada por los analistas económicos como detonante de la bancarrota jordana.<NO1>elevada deuda pública.

El FMI acudió en 2016 al rescate de Jordania con una línea de crédito de 723 millones de dólares a tres años a cambio de sus habituales recetas de austeridad. Jordania se comprometió a ejecutar reformas estructurales para reducir su deuda pública hasta el 77% del Producto Interior Bruto en 2021, frente al 94% registrado en 2015. La reforma tributaria impulsada por el Gobierno implica un incremento de la presión fiscal del 5% para los contribuyentes, al rebajar los ingresos mínimos sujetos a declaración de la renta hasta los 8.000 dinares (unos 9.700 euros) anuales y elevar el tipo del Impuesto de Sociedades hasta el 40%. Las repercusiones de las medidas de ajuste dispararon también el precio de la electricidad (19%) y los combustibles (5,5%), y llegaron a duplicar el precio del pan, que antes estaba ampliamente subvencionado.

El alto precio de las recetas de rescate del FMI

El Fondo Monetario Internacional (FMI) acudió en 2016 al rescate de Jordania con una línea de crédito de 723 millones de dólares (617 millones de euros) a tres años a cambio de sus habituales recetas de austeridad. El reino árabe se comprometió a ejecutar profundas reformas estructurales para reducir su deuda pública hasta el 77% del Producto Interior Bruto en 2021, frente al 94% registrado en 2015.

La reforma tributaria impulsada por el Gobierno, pendiente aún de aprobación por las dos Cámaras del Parlamento, implica un incremento de la presión fiscal del 5% para los contribuyentes, al rebajar los ingresos mínimos sujetos a declaración hasta los 8.000 dinares (unos 9.700 euros) anuales y elevar el tipo del Impuesto de Sociedades hasta el 40%.

Las repercusiones de las medidas de ajuste dispararon también el precio de la electricidad (19%) y los combustibles (5,5%), y llegaron a duplicar el del pan, que antes estaba ampliamente subvencionado junto con otros productos de primera necesidad. Desde 2011 no se registraba en Jordania un movimiento de protesta de esta magnitud, aunque entonces estuvo motivado por las exigencias políticas de la primavera árabe y no por reivindicaciones sociales.

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