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Hombre mayor busca estabilidad: así es el militante medio del SPD

La brecha generacional podría convertirse en un factor clave en la consulta de los socialdemóratas alemanes, de resultado incierto

Andrea Nahles (centro), llamada presidir el SPD en abril, durante un debate con miembros del partido el 18 de febrero en Kamen.
Andrea Nahles (centro), llamada presidir el SPD en abril, durante un debate con miembros del partido el 18 de febrero en Kamen. EFE

Hombre, mayor de sesenta, protestante y funcionario con estudios. Ese ese es el perfil medio del militante socialdemócrata alemán, el que tiene en sus manos el futuro de un país incapaz de formar Gobierno tras cinco meses de bloqueo político. En total suman 463.723 y llevan semanas embarcados en intensos debates por todo el país. En mesas redondas, en seminarios, en cafés y a través de Facebook, miles de ellos han desgranado con minuciosidad los argumentos para votar a favor o en contra de un nuevo Gobierno de gran coalición. El dilema es máximo. Si dicen que sí, habrá Gobierno en Alemania tras cinco meses de bloqueo. Si dicen que no, se abrirá un nuevo capítulo político de consecuencias inciertas en el centro del poder de la Unión Europea.

El plazo para votar se cerró el viernes por al noche y el domingo a primera hora de la mañana se conocerá el resultado, pero a estas alturas, el desenlace sigue siendo muy incierto. La cúpula del SPD confía en una victoria del “sí”, pero lo cierto es que no hay sondeos que permitan adivinar una tendencia. Depende de dónde y de a quién se pregunte, la respuesta es una u otra. Hay Estados como Renania del norte-Westaflia, donde residen un cuarto de los afiliados, o Berlín, donde la oposición a la gran coalición es muy común, mientras que en muchos otros, lo normal es la defensa de la Groko, como se conoce a la Gran Coalición en Alemania. “La mitad de los militantes están fuera del radar. No van a los actos ni tenemos ni idea de qué van a votar”, explican fuentes del partido.

A las afueras de Potsdam, la capital del Estado de Brandeburgo se va dejando caer un nutrido grupo de militantes. Mucho pantalón de pana, muchos hombres y muchas canas. Acuden a la llamada de Andrea Nahles, la mujer llamada a presidir el partido a partir de abril, pero sobre todo la encargada de convencer a los afiliados de que la gran coalición es el mal menor frente al resto de alternativas: gobierno de minoría o nuevas elecciones.

La dirección del SPD defiende ahora una alianza, de la que renegó en un principio, pero a la que se ha visto abocada tras colapsar la llamada coalición Jamaica —conservadores, liberales y Verdes— que habría permitido al SPD curar sus heridas electorales cómodamente en la oposición. Pero no ha sido así, y pactar con Merkel se ha convertido en la opción más viable para que Alemania tenga pronto un Gobierno estable. En este escenario, la edad y el perfil socioeconómico de los militantes podría jugar un papel determinante.

Andreas ha venido hoy a debatir con Nahles y con militantes llegados de todo el país. Han dedicado la mañana a dar vueltas a los pros y a los contras de votar en contra o a favor. Él tiene claro que votará a favor, porque “todo lo demás sería el caos”. Para él, primero está la estabilidad del país y solo después, el partido. “Aquí todavía tenemos muy presente la República de Weimar”, explica este militante de 55 años y afiliado al SPD desde hace 12, en alusión al periodo de inestabilidad política que precedió al nazismo.

Wolfgang Balint, de 66 años y ex funcionario va a votar también que sí porque cree que el contenido del contrato de coalición que el SPD negoció con el bloque conservador “es un éxito del SPD”. El texto de 177 páginas incluye muchas de las exigencias socialdemócratas y el reparto de carteras en un futuro Gobierno es un éxito indiscutible para el SPD. “No tenemos una mayoría para cambiar toda la política de Alemania, pero este contrato es un comienzo desde un punto de vista de vista social y sobre todo europeo. La política de austeridad tiene que acabar”.

Balint piensa que al SPD lo atraviesa una brecha generacional, porque los jóvenes tienen menos miedo al futuro. Pero también piensa que no solo la edad fractura al partido, que hay una preocupante desafección entre las bases y la cúpula del partido. “No puede ser que dijeran que nunca firmarían una gran coalición y ahora…”.

A sus 75 años, Gerhard Guldner es la prueba viviente de esa desafección. “Voy a votar que no; soy un viejo rebelde. Las grandes coaliciones solo han servido para que el neoliberalismo colonice al partido”, piensa este antiguo funcionario de aduanas que también ha venido a Potsdam a debatir.

Miedo a las encuestas

Las encuestas de las últimas semanas se han convertido en otro importante factor, que han hecho que algunos de los que pensaban votar “no” hayan acabado por abandonar la idea. Por primera vez, algunos sondeos han situado a la extrema derecha por delante del SPD, al que atribuyen un desplome histórico. Traspasar esa barrera psicológica ha ejercido de revulsivo. Si no hay gran coalición y hay que repetir las elecciones, el partido saldría todavía peor parado, piensan. Lo reconocía hace pocos días Kevin Kühnert, líder de las poderosas juventudes socialdemócratas —70.000 miembros— e impulsor de la campaña del “no” ante un grupo de corresponsales extranjeros. “Muchos me dicen: Yo estoy con vosotros, no quiero la Groko, pero me da miedo que el partido vaya a peor”, explicaba Kühnert.

“Hay que ser realista y Merkel ha dicho que no aceptará un Gobierno de minoría. La otra opción son nuevas elecciones y las encuestas son muy tristes…”, recuerda Hansjochen Steinbrecher, antiguo pastor evangélico. “Mire, a mis 72 años, yo lo que quiero es que haya ya un Gobierno. La UE tiene que echar a andar, ¿no?”.

La dirección del partido a favor del “sí”

La cúpula del partido socialdemócrata está convencida de que van a ganar, de que su proyecto de coalición va a salir adelante. “Después de todas las reuniones con miembros del SPD, soy optimista”, explica a EL PAÍS en su despacho de Berlín, Niel Annen, miembro de la ejecutiva socialdemócrata. “No hay encuestas internas. Hay lugares como Renania del Norte-Westfalia, donde la situación es más complicada, pero en las demás agrupaciones calculo que será entre un 60 y un 65% [a favor del sí]. La mayoría tiene claro que el SPD logró muy buen resultado en la negociación y que obtuvimos los ministerios más importantes y de que hace falta un Gobierno”.

A Annen no se le escapa sin embargo el papel que puede jugar el factor irracional, el mismo que sacó a delante al Brexit y encumbró a Trump más allá de números y argumentos racionales. Para muchos militantes, el rechazo a una nueva gran coalición es casi una cuestión de estómago.

Es consciente además de que muchos militantes continúan furiosos por el espectáculo que hace una par de semanas ofrecieron sus líderes: Martín Schulz adjudicándose un futuro ministerio de Exteriores después de haber prometido que jamás tendría un cargo en un gobierno con Angela Merkel, y el jefe de la diplomacia saliente y ex amigo de Schulz, Sigmar Gabriel, aferrándose sin pudor a la cartera.

Aquel episodio dio para muchos militantes la puntilla de la desafección con la dirección de un partido que no acaba de acometer una verdadera renovación. “Sí fue un episodio horrible y la gente está furiosa y eso no va a desaparecer de la noche a la mañana”, admite Annen, pero como el resto de la Ejecutiva, mira ya al día después del domingo.

Ese día, habrá que cerrar muchas heridas en un partido fracturado. “Tenemos la oportunidad de convencer a la gente durante los próximos dos o tres años. Con un nuevo estilo de política. Es difícil, no va a ser de un día para otro, pero la posición estratégica no es mala. Merkel es muy fuerte y nunca fuimos capaces de derribarla, pero ahora tenemos la oportunidad de reforzarnos para la era post Merkel”.