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EE UU intenta mediar de nuevo en Oriente Próximo con una gira del vicepresidente Pence

El Sisi y el rey de Jordania reivindican que Jerusalén Este debe ser la capital palestina. Los palestinos boicotean la visita

Considerado un impulsor de la decisión de Donald Trump de reconocer a Jerusalén como capital de Israel, el vicepresidente Mike Pence ha emprendido una gira por Oriente Próximo para intentar restaurar el papel mediador de EE UU. Sus palabras en favor del diálogo preceden a los hechos. En sus dos primeras etapas, el presidente egipcio, Abdelfatá al Sisi, y el rey Abdalá II de Jordania han reivindicado que Jerusalén Este sea la capital de un Estado palestino.

Señal en directo del discurso de Pence en la Knesset.

El número dos de la Administración de Trump (un cristiano evangélico ultraconservador) aterrizó en la noche del domingo en Tel Aviv, en la recta final de su gira. Solo tiene previsto reunirse en Jerusalén con las principales autoridades israelíes, ya que el presidente de la Autoridad Palestina, Mahmud Abbas, se ha negado a recibirle en Ramala tras el vuelco dado por Washington a 70 años de consenso internacional sobre la Ciudad Santa.

Su gira se inició el sábado en El Cairo y ha tenido un doble objetivo: expresar el apoyo “hombro con hombro” frente al azote del terrorismo que sufre Egipto, y dar la nueva de que “Estados Unidos está profundamente comprometido en la reanudación del proceso de paz en Oriente Próximo”.

Pence fue aún más explícito ante Al Sisi al defender la “preservación del statu quo de los santos lugares en Jerusalén” y precisar que las fronteras definitivas de la Ciudad Santa “deberán ser negociadas”. La presidencia egipcia expresó su apoyo al “derecho del pueblo palestino a establecer un Estado independiente con capital en Jerusalén (...) tras negociaciones basadas en la solución de los dos Estados”.

Al igual que Egipto, Jordania recibe ayuda militar y económica norteamericana por un monto cercano a los 1.500 millones de dólares anuales (1.220 millones de euros). Ambos son también los únicos países musulmanes que mantienen relaciones con Israel tras haber firmado acuerdos de paz. “Jerusalén es crucial para la paz, y para combatir con eficacia alguna de las causas de la radicalización islámica”, advirtió Abdalá II tras un frío encuentro con Pence en Amán.

Como custodio del recinto de la mezquita jerosolimitana de Al Aqsa, tercer lugar sagrado del islam, el monarca hachemí transmitió a Pence el domingo su “inquietud” por la declaración de Trump del 6 de diciembre: “Jerusalén es un lugar clave para musulmanes y cristianos, como lo es también para los judíos (...) y debe ser capital de un Estado palestino dentro de la visión de los dos Estados”. Más de la mitad de la población jordana es de origen palestino o descendiente de refugiados tras el nacimiento de Israel en 1948.

Pence tiene previsto comenzar este lunes su actividad oficial en Jerusalén, donde mantendrá dos encuentros con Benjamín Netanyahu. El primer ministro definió al vicepresidente de EE UU como “un verdadero amigo de Israel”. En su agenda figura una intervención ante la Knesset (Parlamento) en pleno. Los diputados del grupo árabe Lista Conjunta —el tercero más numeroso, con un 10% de los 120 escaños—, han anunciado que boicotearán su discurso. “Es un hombre peligroso que actúa con una visión mesiánica y es el enviado de un hombre aún más peligroso”, tronó Ayman Odeh, líder de Lista Conjunta.

El vicepresidente de EE UU prevé acudir el martes  —día en el que el partido palestino Fatah, encabezado por el presidente Abbas, ha convocado una huelga general en protesta por su visita— al Muro de las Lamentaciones acompañado por un rabino. El principal lugar de culto judío se halla en la Ciudad Vieja, ubicada en Jerusalén Este. No está previsto que Pence recorra la basílica del Santo Sepulcro, lugar sagrado por excelencia para los cristianos.