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Trump permitirá la extracción de petróleo en el 90% de las aguas de EE UU

El presidente republicano propone desmantelar las protecciones establecidas por su predecesor antes de dejar la Casa Blanca

El presidente Donald Trump en la Casa Blanca
El presidente Donald Trump en la Casa Blanca EFE

Donald Trump prometió más oportunidades de negocio para las petroleras y se las da, abriendo a la exploración de petróleo y de gas natural más del 90% de las aguas continentales del Atlántico, el Pacífico y el Ártico. El nuevo plan presentado por el Departamento de Interior para el quinquenio 2019-2024, que enmienda las protecciones que autorizó Barack Obama, cuenta con el rechazo frontal de organizaciones medioambientales e incluso de políticos republicanos.

Trump ya firmó un decreto en abril, cuando solo llevaba tres meses en el Despacho Oval, en el que ordenaba una revisión de todas las concesiones públicas a la industria “para incentivar la exploración y la producción de energía”. De esta manera quería preservar la posición estratégica de EE UU en el mercado global de la energía. La única zona excluida en la propuesta son las islas Aleutians en Alaska.

Dominación energética

S. P.

Estados Unidos quiere ser el nuevo rey del petróleo y va camino de conseguirlo antes de que concluya 2018. La producción de crudo se espera escale un 10% este año, hasta los 11 millones de barriles diarios. Así lograría destronar a Rusia y Arabia Saudí. La última vez que estuvo en lo más alto fue en 1975. El mercado de la energía cambió mucho desde entonces. Las nuevas técnicas de extracción, como la fractura hidráulica, permitieron explotar nuevos recursos y aprovechar al máximo pozos ya existentes. Eso le permitió en paralelo reducir su dependencia del petróleo que le llega de Oriente Medio. Trump busca ahora acelerar esa transformación recortando la regulación.

El expresidente Obama también se planteó durante su segundo mandato autorizar la exploración frente a la costa atlántica estadounidense. Pero cedió a la presión de las comunidades costeras desde Florida a Virginia y mantuvo la prohibición para realizar nuevas perforaciones hasta al menos 2023. La decisión se adoptó a ocho meses de las elecciones y con el precio de la energía deprimido.

Sally Jewell, que entonces dirigía el Departamento de Interior, ya advirtió que el nuevo plan para la protección del Atlántico y el Ártico podía ser revisado por la nueva Administración si lo consideraba oportuno. El Congreso de Estados Unidos también tiene poderes para forzar a la Casa Blanca a reabrir zonas a la exploración. Ryan Zinke, el nuevo responsable, opta ahora por reemplazarlo.

El lobby de la industria petrolera ejerció una enorme presión para que se revirtiera la decisión de Obama. Y eso pese a que los analistas del mercado de la energía dudan de que las grandes corporaciones vayan a beneficiarse con la apertura de la estas zonas protegidas. La exploración marina es más costosa que la que se hace en tierra firme y el valor actual del barril, que ronda los 60 dólares, no lo hace rentable.

Rechazo de Florida

“Trump es el único que confía nuestras costas a los gigantes del petróleo”, responden desde la organización ambientalista Sierra Club, en referencia al alto riesgo de levantar la protección. También cuenta con la oposición de políticos de su propio partido, como el gobernador de Florida, Rick Scott, que quiere reunirse con Ryan Zinke para que aparte su estado. El plan está sujeto a un periodo de 60 días de consulta.

El Departamento de Interior ya anunció también en octubre la mayor concesión hasta la fecha de derechos para la apertura de nuevos pozos en las aguas de Luisiana, Mississippi, Alabama y Florida. El área tiene el tamaño del Nuevo México y podrá empezar a ser explotada a partir del próximo marzo. Zinke asegura que las comunidades locales se beneficiarán de esta mayor apertura a los recursos.

El nuevo plan para el Atlántico y el Ártico se anuncia, además, una semana después de que el gobierno de Trump propusiera revisar las salvaguardias que se impusieron a la exploración marítima tras el desastre ambiental por el incendio la plataforma Deepwater Horizon, en el golfo de México. Busca reducir los requisitos en materia de seguridad y equipamiento para incentivar la producción de energía.

Desregulación

La decisión es otro paso más en el proceso de desregulación en marcha desde hace un año en Estados Unidos para incentivar el crecimiento y, de paso, desmantelar el legado del demócrata Barack Obama en materia de protección del medioambiente. La Casa Blanca insiste en que el objetivo es conseguir dominar el mercado mundial de la energía, algo que podría logran ya este año.

Trump ordenó nada más instalarse en el Despacho Oval eliminar todas las normas que fueran nocivas y costosas para las empresas. También prometió acabar con cargas indebidas para la industria petrolera. El proceso de desregulación también se está aplicando en otros ámbitos de la economía, como la industria financia. Estas medidas favorables a las empresas se combinan con la rebaja de impuestos.

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