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La volatilidad en Jerusalén amenaza la salida de la crisis de Líbano

Hariri y Macron critican en París el reconocimiento por parte de Washington de Jerusalén como capital de Israel. Tillerson asegura que la Embajada no se trasladará en al menos dos años

El primer ministro libanés, Saad Hariri, el presidente francés, Emmanuel Macron y la vicesecretaria general de la ONU, Amina Mohammed, en París
El primer ministro libanés, Saad Hariri, el presidente francés, Emmanuel Macron y la vicesecretaria general de la ONU, Amina Mohammed, en París AFP

París debía concentrarse este viernes en Beirut y en la salida de Líbano de su crisis política. Para ello, había previsto mostrar el apoyo decidido de la comunidad internacional desplazada hasta la capital francesa a su primer ministro, Saad Hariri, a la par que realizaba una advertencia firme a las fuerzas internas libanesas como Hezbolá, pero también a las potencias regionales como Arabia Saudí o Irán, para que dejen de interferir en el país. Sin embargo las miradas, y las preocupaciones, se dirigieron primero a Jerusalén, un potencial polvorín tras la decisión de Donald Trump de reconocerla como capital de Israel. Un gesto, advirtió Hariri, que supone un “desafío suplementario” a una región ya de por sí cargada de tensiones. A su lado, y frente al secretario de Estado norteamericano, Rex Tillerson, participante en la conferencia internacional sobre Líbano convocada por el presidente francés, Emmanuel Macron, este llamaba a la calma, aunque a la par advertía de la futilidad de “decisiones unilaterales” como la de Jerusalén.

La decisión de EE UU de reconocer Jerusalén como capital del Estado israelí complicará aún más el proceso de paz (palestino-israelí) y supondrá un desafío suplementario a la estabilidad de toda la región”, afirmó Hariri con gesto grave al inicio de la reunión del Grupo Internacional de Apoyo a Líbano. El encuentro ha sido convocado por París para dar un respaldo definitivo al primer ministro libanés tras su decisión de retirar su dimisión como jefe de Gobierno, que había provocado una grave crisis en el país mediterráneo.

Poco antes, Macron había llamado “a la calma y a la responsabilidad de todos” los actores en el conflicto palestino-israelí y en toda la región. “Espero que las iniciativas tomadas sobre el estatus de Jerusalén, que deberían ser ante todo objeto de negociaciones entre palestinos e israelíes bajo la égida de Naciones Unidas, no añadan inestabilidad a la región”, agregó en consonancia con los miedos de su invitado Hariri. Porque, insistió en un mensaje que consideró válido tanto en Beirut como en Jerusalén, “ningún problema de la región será arreglado con decisiones unilaterales, por la ley del más fuerte o por la humillación del otro”.

Consciente de la tensión, Tillerson aseguró al término de las reuniones parisinas que el traslado de la Embajada a Jerusalén "no es algo que vaya a pasar este año ni tampoco, probablemente, el próximo", en referencia a que ni siquiera han comenzado aún los planes para construir la legación diplomática. Y puntualizó además que el propio Trump ha manifestado que el hecho de mover la Embajada a la Ciudad Santa "no indica ningún estatus final de Jerusalén, algo que, como sus fronteras, tendrá que negociarlo las partes".

Respaldo a Hariri

A París estaban invitados los miembros del Grupo de apoyo conformado por los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU, más Alemania e Italia. También fue invitado Egipto como miembro no permanente y representante regional, así como diversas organizaciones internacionales.

El encuentro parisino debe ser entendido, según fuentes del Gobierno francés, como una demostración contundente del apoyo de la comunidad internacional a la “soberanía, integridad y estabilidad” de un país considerado, pese a todos sus problemas, como un ejemplo de respeto y convivencia para toda la región gracias a su complejo sistema de representación.

Para ello, los actores internacionales llegaron a la capital gala dispuestos a manifestar su apoyo económico y político a un Líbano que además de sus problemas internos propios ha visto agravada su crisis económica con la carga que supone la acogida de 1,5 millones de refugiados de conflictos regionales, especialmente del sirio.

Los temas económicos se discutirán con más detalle en próximas conferencias a celebrarse en los primeros meses de 2018 en Roma sobre la financiación de las fuerzas armadas y la policía libanesas; en Bruselas para la ayuda a los refugiados y, nuevamente en París, en apoyo a la economía y sus infraestructuras.

Un llamamiento firme a la no injerencia

Pero de este primer encuentro, el mensaje principal que se quería trasladar era una cuestión compleja pero que se resume en un concepto reafirmado esta misma semana en Beirut y reiterado una y otra vez este viernes en París: "Disociación".

“Para que Líbano esté protegido, es primordial que todas las partes libanesas y los actores internacionales respeten el principio cardinal de no injerencia”, recalcó Macron al inaugurar la cita. Beirut, especialmente las facciones que componen su Gobierno, deben mantenerse alejadas de los conflictos de la región. Un mensaje que según la diplomacia francesa va dirigido especialmente al partido-milicia chiita Hezbolá, activo en conflictos como el sirio y el de Yemen, pero que también debe calar en todas las demás fuerzas que componen el complejo sistema de equilibrios que es la política libanesa. "No podemos aceptar que las aventuras en la región comprometan la seguridad, soberanía e integridad de Líbano", según fuentes oficiales galas.

El llamamiento a la no injerencia es válido, también, para las potencias regionales respecto de Líbano, tanto Irán como Arabia Saudita. A Riad, Tillerson recomendó que sea "algo más mesurado" y "considere las consecuencias" de sus acciones en Líbano, pero también en Yemen o Qatar.

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