Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra

“Hoy hemos perdido a nuestra hija de 14 años”

Las edades de las más de 20 víctimas en la parroquia de Texas van de los cinco a los 72 años

El gobnerador de Texas, Greg Abbott, consuela a una vecina de Sutherland Springs.

La tragedia agarró al pastor de la parroquia, Frank Pomeroy, y su esposa, Sherri, lejos del pueblo. Ambos se encontraban de viaje por separado cuando, sobre las 11.20 de la mañana, Devin Kelley entró en la pequeña iglesia baptista de Sutherland Spring (Texas) en mitad de la misa y mató a más de 20 personas. Entre ellas estaba Annabelle. “Hoy hemos perdido a nuestra hija de 14 años y a muchos amigos. Ninguno de los dos hemos podido llegar aún a la ciudad para ver la devastación en persona”, declaró la mujer a la cadena NBC poco después del suceso.

La adolescente Annabelle se convirtió así en la primera víctima identificada del tiroteo, cuyo recuento de fallecidos sobre las ocho de la noche (hora de Washington DC) ya había alcanzado los 26 y el de heridos, los 20. Hay varios menores entre las víctimas mortales, niños que acompañaban a sus familias en la tradicional eucaristía del domingo por la mañana. Las autoridades no habían informado por la tarde de los nombres de los muertos, pero sí detallaron que tenían edades comprendidas entre los 5 y los 72 años.

La angustia invadió a los vecinos que tenían a seres queridos en la parroquia, un lugar muy familiar y con pocos feligreses, ya que al oír cómo engordaba el parte de víctimas sentían que aumentaban exponencialmente las probabilidades de que sus familiares o amigos se encontrasen entre ellos. Era el caso de Regina Rodriguez, una mujer que al poco de producirse el tiroteo se acercó al cordón policial y explicó a Associated Press que su padre, llamado Richard, acudía a esa misa cada domingo. “Creo que acabo de perder a mi padre”, dijo.

Nick Uhlig, de 34, contó también a AP que sus primos estaban en la misa cuando se produjo el ataque y que, según las noticias que le habían llegado, al menos uno de ellos, una mujer embarazada y madre de otros tres niños, figuraba entre los fallecidos. Otra parroquiana, Sandy Ward, declaró que su nuera y tres de sus nietos habían sido disparados. Uno de los pequeños, de cinco años, recibió cuatro balazos y lo estaban operando el domingo por la noche, según The New York Times.

La Iglesia del Primer Bautismo, como se llama la parroquia teñida de sangre este domingo, es el típico templo rural de paredes blancas y tejado marrón. Su comunidad es pequeña, pero con gente joven y activa, a juzgar por los misas que se encuentran colgados en su propio canal de YouTube. La última disponible corresponde al 29 de octubre. El vídeo comienza con una canción La felicidad es el señor, acompañada por dos jóvenes con guitarra eléctrica. Frente al altar hay aparcada una motocicleta inclinada sobre su pata. El pastor explica en su sermón que “de la misma manera que inclinarse en un giro puede no tener sentido, inclinarse hacia Dios debería ser nuestro camino, porque él lo tiene todo resuelto, aunque nosotros no lo tengamos”.

Los bancos que aparecen en esos vídeos estaban volcados este domingo. Kevin Jordan, un enfermero del pueblo que corrió a refugiarse en casa cuando oyó los disparos, corrió a la iglesia en cuanto cesaron los disparos para tratar de ayudar. Al llegar allí, según su relato a The Washington Post, lo encontró todo lleno de cuerpos y de sangre. Tuvo que salir. “Entré y salí, no pude aguantarlo”, dijo. “Soy auxiliar médico y eso no te prepara para esto”.

Devin P. Kelley, que residía en la zona, mató a 23 de sus víctimas dentro de la propia parroquia, a otras dos la abatió fuera y una perdió la vida camino del hospital. Uno de los vecinos del pueblo lo persiguió en su huida y le disparó. Kelley fue encontrado muerto poco después con varias heridas de bala. Por la noche aún no estaba confirmado si había muerto por estas o se había suicidado.

Más información