Un diván para el desarrollo

Según la Organización Mundial de la Salud, en Argentina hay 82.776 psicólogos activos pero el acceso a terapias de salud mental es muy desigual, al igual que en el resto de América Latina

Los estigmas y prejuicios aún mantienen los trastornos mentales en las sombras.
Los estigmas y prejuicios aún mantienen los trastornos mentales en las sombras.B. M.
Más información
Las ciudades del futuro en América Latina: menos autos, menos jóvenes
Agua usada (y tratada) no la dejes correr
¿Cuántos kilómetros caben en un Metro?

¿Conoces Villa Freud? Villa Freud es la denominación informal que se utiliza para referirse a una zona dentro del barrio de Palermo, en la Ciudad de Buenos Aires, en donde se multiplican los consultorios de psicólogos que escuchan y aconsejan a miles de pacientes semanalmente.

Para los argentinos, este ejercicio es parte cotidiana de su rutina, incluso resulta extraño que una persona no haya recurrido nunca al diván del terapista en algún momento de su vida. De hecho, Argentina tiene la mayor cantidad de psicólogos per cápita en el mundo: cerca de 198 por cada 100.000 habitantes, de los cuales casi la mitad están en la capital argentina. En la región, le sigue muy de lejos Colombia, con 11 por cada 100.000 habitantes.

Tal es la importancia del tema para los argentinos que existe una Ley Nacional que asegura el derecho a la protección de la salud mental de todos los ciudadanos, vinculando el bienestar emocional con el respeto de los derechos humanos y sociales.

Pero a menos de cinco kilómetros del barrio del psicoanálisis, en uno de los asentamientos precarios de la ciudad de Buenos Aires, miles de personas están expuestas a problemas sociales complejos y grandes dificultades para acceder a prestaciones de salud mental. Para ellos, Villa Freud no es más que un conjunto de calles y manzanas en una zona acomodada de la ciudad.

Este gran número de vecinos de Villa Freud con escaso acceso a los servicios de salud mental requiere de estrategias que contribuyan a lograr una cobertura integral. Todos los individuos, particularmente los más vulnerables, requieren de acceso a servicios de salud de calidad a lo largo de su vida, ya sean de promoción, prevención, curación, rehabilitación o cuidados paliativos, sin tener que pasar por dificultades financieras para pagarlos.

Únete a EL PAÍS para seguir toda la actualidad y leer sin límites.
Suscríbete

En general, cuando se hace referencia a los servicios sanitarios se dejan de lado los problemas de salud mental, un componente esencial e intrínseco de la misma y que está directamente relacionado con el bienestar personal, familiar y comunitario. Por esta razón cada 10 de octubre se conmemora el Día de la Salud Mental para contribuir a la toma de conciencia y a erradicar los mitos y estigmas en torno a este tema.

Lidiar con la depresión, y la pobreza

La depresión es el trastorno mental más común en el mundo. A pesar de su gran carga social, los trastornos mentales continúan estando en la penumbra, debido al estigma, los prejuicios y el miedo. En América Latina el 5% de la población adulta padece de ella, pero el 60% no busca —ni recibe— tratamiento, según la OMS. La estigmatización de las enfermedades mentales, entre ellas la depresión, sigue siendo un obstáculo para que las personas de todo el mundo pidan ayuda, incluso en momentos de extrema urgencia como ante un intento de suicidio.

A pesar de estas estadísticas que demuestran la importancia del problema, en promedio, los países de bajos ingresos dedican menos del 1% de sus presupuestos de salud a las enfermedades mentales. Justamente, este bajo gasto perjudica a los más humildes ya que son ellos quienes tienen mayor riesgo de sufrir depresión y ansiedad dado que sus posibilidades aumentan debido a la pobreza, el desempleo, el conflicto, el desajuste social, la criminalidad y la violencia.

Indudablemente, la pobreza repercute en la calidad de vida e influye en el estrés crónico, la violencia, la delincuencia y la vulnerabilidad social. Todos estos factores tienen consecuencias y forman la combinación perfecta para el desarrollo de las enfermedades de salud mental, sumado a que estos sectores están por fuera de los servicios de salud formales.

En particular, la Organización Panamericana de la Salud señala que los niños, niñas y adolescentes latinoamericanos que viven en la pobreza, tienen responsabilidades adultas durante su etapa infantil o viven en situaciones de violencia en sus hogares o comunidades. De este modo, son particularmente susceptibles a poner su salud mental en riesgo al enfrentar un entorno que afecta su bienestar emocional.

Patricio Marquez, especialista principal en Salud del Banco Mundial, destaca que "los problemas de salud mental ejercen un fuerte efecto negativo sobre el desarrollo del capital humano y la productividad de la sociedad", al afectar especialmente a jóvenes y adultos que se están incorporando al mundo laboral. Niños, adolescentes y adultos sin acceso a la atención de su salud mental perderán tiempo de trabajo o producirán menos, lo que alimenta el círculo de la pobreza y dificulta el progreso de sus países.

Sistemas de salud universales

¿Cómo lograr que todas las personas puedan disfrutar un óptimo estado de salud integral?

Vanina Camporeale, especialista sénior en Salud del Banco Mundial, destaca el apoyo a iniciativas en pos de "una cobertura efectiva integral para la población sin afiliación a un sistema explícito de salud, por la cual los beneficiarios conocen los servicios a los que puedan acceder, a la vez que se subscriben a estándares de calidad y de oportunidad de atención". Destaca que "estos programas incluyen, entre otras, prestaciones preventivas y de urgencia relacionadas con salud mental en adolescentes y adultos".

En este sentido, resultan claves los servicios de prevención para los problemas de salud en general, así como para los trastornos asociados a la salud mental. Además, los puntos de atención primaria, una primera forma de entrada al sistema de salud, ayudan a enfrentar de manera más eficiente y rápida los factores sociales y económicos relacionados a estas enfermedades.

El tercer Objetivo de Desarrollo Sostenible tiene, como una de sus metas, la de reducir en un tercio la mortalidad prematura por enfermedades no transmisibles mediante la prevención y el tratamiento y, a su vez, promover la salud mental y el bienestar. Para lograr esto, es necesario que la salud mental se convierta en un asunto de primera plana, es decir, un tema de desarrollo mundial en el que todos tenemos algo por hacer.

Leandro Hernández es productor online del Banco Mundial.

Normas

Más información

Archivado En

Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS