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Muere Pierre Bergé, empresario y mecenas francés

Cofundador de la casa de moda Yves-Saint Laurent y accionista de Le Monde, falleció a los 86 años en el sureste de Francia

Pierre Bergé, en 2015. Reuters-Quality

Pierre Bergé era un hombre de múltiples talentos. No cabía en una definición. Empresario, mecenas, filántropo. Compañero durante décadas del diseñador Yves Saint-Laurent y cofundador de la casa de moda del mismo nombre. Prosista elegante y activista en favor del matrimonio homosexual y del derecho a la eutanasia. Accionista del diario Le Monde, que leía con ojo crítico y el orgullo, decía él, de alguien que no tenía el bachillerato y sin embargo pudo permitir “comprar” el diario de referencia en Francia.

Bergé murió este viernes en su domicilio de Saint-Rémy-de-Provence, en el sureste de Francia, a causa de “una larga enfermedad” según informó la Fundación Pierre Bergé-Yves Saint Laurent. Tenía 86 años.

Bergé se había casado en marzo con el paisajista norteamericano Madison Cox, vicepresidente de la fundación Bergé-Saint-Laurent, informa la agencia France Press. Enfermo desde hacía tiempo, le habría gustado inaugurar el mes próximo dos museos dedicados a la obra de Saint Laurent, uno del París y otro en Marraquech.

Podía parecer un personaje sacado de las novelas de Proust, un mundo pretérito de fiestas aristocráticas y palacetes rococó, negocios de alto vuelo y atormentadas historias de amor. Fue un gran patrón, el businessman que supo convertir el talento del tímido Saint-Laurent en un negocio global, y el intelectual refinado que aconsejaba al presidente François Mitterrand. Un hombre que simbolizaba la Francia del buen gusto pero también, para algunos detractores, un elitismo parisino que movía los hilos a espaldas del buen pueblo francés. En la última campaña electoral, una acusación típica de la extrema derecha contra Emmanuel Macron era que se trataba del "candidato de Pierre Bergé". Bergé, que solía dar a conocer sus posiciones en la red social Twitter, declaró su apoyo “sin la mínima restricción” a Emmanuel Macron quien, dijo, “nos conducirá hacia una socialdemocracia”.

Pierre Bergé nació el 14 de noviembre de 1930 en Saint-Pierre-d’Oléron, una isla situada frente al puerto de La Rochelle, en la costa Atlántica, hijo único de un funcionario de Hacienda y de una institutriz. Fue un joven rebelde: Le Monde explica en su obituario que abandonó los estudios el día mismo del examen de bachillerato, cuando le entregaron las preguntas y, antes de romper la hoja, dijo: “Este tema no vale nada, no me interesa en absoluto”.

Ebrio de literatura, se marchó a París para buscar fortuna, el trayecto clásico —en las novelas del siglo XIX y en la vida real— de todo francés de provincias con ansias de triunfar. Bergé poseía el don de las relaciones sociales, la capacidad de estar en el lugar y el momento adecuado. “El día de mi llegada a París me paseaba por los Campos Elíseos cuando, de repente, vi a un hombre cayendo de una ventana. Se agarró a una señal, se balancéo y cayó a mis pies. Sangraba en abundancia”, escribió más tarde. Al día siguiente descubrió en la prensa que se trataba del célebre poeta Jacques Prévert. “Siempre lo consideré un signo”.

Su primer gran amor fue el pintor Bernard Buffet. Bergé será su amigo y su agente. Las ventas de los cuadros les enriquecieron y les dieron entrada en la alta sociedad.

En 1957, asiste al entierro del modisto Christian Dior, y allí coincide con Yves Saint-Laurent. Unos días antes de morir, Dior le había dicho a la madre de Saint-Laurent: “Él será mi sucesor”. Saint-Laurent y Bergé se conocen en persona un año más tarde, coincidiendo con el alejamiento de Buffet. El llamamiento a filas de Saint-Laurent en 1960, para incorporarse a la guerra de Argelia, sume al joven modisto en una depresión y precipita su ruptura con Christian Dior.

Bergé y Saint-Laurent fundan Yves Saint-Laurent. El primero —un hombre de letras, un intelectual que se había interesado poco por la moda— dirige la parte comercial. El segundo se encarga del diseño. Forman un equipo compacto que revolucionará el negocio de la moda, que expandieron más allá de la alta costura, del prêt-à-porter a los perfumes hasta convertirlo en un gigante de la industria del lujo. “Sin ti, yo quizá no será lo que soy. Si mi, no lo espero pero lo pienso, tú no serías lo que eres. Este gran águila con dos cabezas que surca los mares, sobrepasa las fronteras, invade el mundo, con un envergadura sin igual. Somos nosotros. Y cuando digo nosotros, pienso ante todo que eres tú”, escribió Saint-Laurent a Bergé cuando este cumplió 57 años.

La relación no siempre fue fácil. En 2011, tres años después de la muerte de Saint-Laurent, Bergé dijo a The New York Times: “Cuando tienes una relación con un alcohólico, con un drogadicto, estás obligado a tener relaciones muy difíciles. ¿Qué se puede hacer? Nada. Aceptar el hecho. Intentar ayudar, sí, y es lo que hice, pero no con mucho éxito”.

En 2009 Bergé vendió en Christie’s más de 700 objetos de arte que había pertenecido a él y a Saint-Laurent.

Bergé fue más que el socio y amante de Yves Saint-Laurent. Fue un hombre de letras, autor de varios libros memorialísticos, amigo de escritores como Jean Giono y aspirante frustrado a entrar en la Academia francesa. Fue un hombre de prensa, fundador de la revista gay Têtu y de la revista de información internacional Courrier International, además de su papel como accionista y presidente del Consejo de vigilancia de Le Monde. Dirigió la Ópera de París y coleccionó arte y libros antiguos. Y fue un activista, en movimientos pacifistas cuando desembarcó en el París de mediados de siglo, en la lucha contra el SIDA en los años noventa y por el matrimonio igualitario y la muerte digna.

En 2016, en el programa de televisión Le divan, reveló que su longeva madre acaba de morir cuando estaba a punto de cumplir 108 años. “Si no se lo he contado a nadie, es porque no tenía ganas de recibir un montón de cartas”, dijo. ¿Miedo a morir, él? “Me da igual”, respondió. “Estoy totalmente a favor de la eutanasia. Lamento evidentemente que en Francia seamos tan tímidos con esto. No entiendo por qué no podemos ayudar a las personas que quieren desaparecer. Es el derecho de cada uno”.

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