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Tablas de la ley de emoticonos para judíos ortododoxos

Un rabino ultranacionalista israelí prohíbe enviar 'emojis’ como el de cruzar los dedos o juntar las palmas de las manos por ser símbolos cristianos y paganos

El rabino Shlomo Aviner interviene contra la evacuación de colonos de Gaza, en 2005.
El rabino Shlomo Aviner interviene contra la evacuación de colonos de Gaza, en 2005. Getty Images

“Hay gente que en lugar de responder ‘amén’ en un SMS envía el emoticono de las palmas de las manos unidas, con origen en el paganismo del Lejano Oriente y en el cristianismo. No es kosher [apto]”. En la era de los teléfonos inteligentes, la mensajería instantánea y la globalización, el rabino israelí Shlomo Aviner cree necesario introducir nuevos preceptos en las tablas de la ley para proteger la moral de su comunidad de creyentes. El ultranacionalista rabí Aviner ha dictado normas prácticas que van desde el uso los emojis en el teléfono móvil hasta cómo afrontar costumbres aparentemente inocentes de la vida cotidiana.

Si el ideograma en el que se juntan las palmas de las manos una contra otra supone rendirse a tradiciones religiosa ajenas, el de cruzar los dedos para desear buena suerte no es menos reprobable. “Simboliza la recreación de una cruz con la esperanza de recibir la protección de Jesús de Nazaret”, advierte el rabino en la página web israelí Kippa.

Nacido en Francia en 1943, Aviner emigró a Israel a tiempo para combatir en la guerra de los Seis Días (1967) y en la del Yom Kipur (1973). Después estudió la Torah en una yeshiva o escuela rabínica de Hebrón (Cisjordania) y comenzó a ejercer su ministerio en los Altos del Golán (territorio sirio ocupado). Desde 1981 está al frente de la sinagoga del asentamiento de Beit El (colindante con Ramala) y es el decano de la yeshiva de Ateret Cohanim, organización que persigue la implantación de una mayoría de población judía en zonas de Jerusalén Este, incluido el barrio musulmán de la Ciudad Vieja, desplazando a sus habitantes palestinos.

Es lícito utilizar una navaja suiza siempre que se oculte la cruz

El rabino Aviner cuenta con miles de seguidores de sus libros y artículos o de su blog en inglés y sus programas de radio. A todos ellos les prescribe nuevos mandamientos morales, de acuerdo con una información publicada por el diario Yedioth Ahoronoth. Por ejemplo, tocar madera no es kosher, ya que se relaciona con la adoración a los antiguos ídolos o con la cruz de la cristiandad.

Celebrar el Día de los Inocentes también equivale a sumirse en el paganismo y en el santoral cristiano, además de ser “una sandez”, remacha el rabí. Utilizar la expresión evangélica “la sal de la tierra” (Mateo 5.13) como alabanza es contrario a la tradición judía, puesto que tiene sentido peyorativo al aludir a la destrucción de Sodoma y Gomorra (Génesis, 19).

La doctrina del rabino ultranacionalista tolera, no obstante, jugar al ajedrez con la pieza del rey o utilizar una navaja suiza siempre que se retiren o se oculten convenientemente las cruces que portan. El signo más (+) no está vetado por la halaha, la ley judía, ya que no debe ser visto como un símbolo religioso, sino matemático.

De la misma forma, franquear una carta con un sello de correos en el que figure una cruz tampoco debe interpretarse como un acto de idolatría, dado que se trata de una decisión de las autoridades postales. Incluso es lícito comer galletas en forma de árbol de Navidad, si se da el caso, sin que los temerosos de Dios caigan en la tentación ni pierdan la fe.

Frente a las supersticiones que aterran a otros, los judíos no deben tener miedo a pasar por debajo de una escalera —“representación de la creencia cristiana en la Santísima Trinidad”, argumenta Aviner—, ni a sentarse en una fila 13.

Además de destacar por sus recomendaciones para lidiar con los peligros que acechan a los religiosos ortodoxos en la vida cotidiana, el rabino ultranacionalista ha alcanzado también notoriedad en Israel por sus polémicas doctrinas. Sostiene que las mujeres tienen prohibido presentarse como candidatas a la Knesset (Parlamento) por considerar contrario a la moral que una diputada pueda dirigirse a una audiencia de hombres. Y también defiende la terapia de reorientación para homosexuales, dirigida a inhibir el deseo, pese a estar proscrita por el Ministerio de Sanidad israelí.

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