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Revuelta feminista en el Muro de las Lamentaciones

Los judíos más progresistas de EE UU e Israel exigen a Netanyahu que cumpla su promesa de construir una zona mixta de rezo en el lugar más sagrado de su fe

Concentración de manifestantes ante la casa del primer ministro israelí, este sábado. Ampliar foto
Concentración de manifestantes ante la casa del primer ministro israelí, este sábado. AFP

El teléfono de la rabina Anat Hoffman echa humo. No para de anotar reuniones en su garabateada agenda desde que el Gobierno de Benjamín Netanyahu decidiese “congelar” el histórico acuerdo para que hubiese una zona de rezo común entre hombres y mujeres al que había llegado con la asociación Nasot HaKotel (Mujeres del Muro de las Lamentaciones), que ella dirige. Hoffman y el resto de rabinas luchan junto con sectores de la diáspora por la igualdad de condiciones a la hora de rezar en el Kotel, como se denomina en hebreo al lugar sagrado judío.

La rabina Anat Hoffman, este miércoles en Jerusalén.
La rabina Anat Hoffman, este miércoles en Jerusalén.

Ante la crisis generada con la comunidad hebrea de Estados Unidos, el todopoderoso lobby del Comité Americano Israelí de Asuntos Públicos (AIPAC) envió una delegación a Jerusalén. Uno de los artífices del acuerdo echado por tierra por Netanyahu, Natan Sharansky, presidente del comité ejecutivo de la Agencia Judía, advirtió de que, ahora, lo más difícil será restaurar la confianza en el primer ministro israelí.

Hoffmann acaba de llegar de la Knesset (Parlamento), donde, dice, ha “montado un show” poniéndose ante los diputados las “ridículas ropas” con las que en ciertas ocasiones obligan a cubrirse a las mujeres que quieren orar en el Kotel y no van vestidas “adecuadamente”: una especie de sobrecamisa estampada y un pareo azul para colocarse a modo de falda.

“Nos han mentido, dicen que congelan el acuerdo y que buscarán alternativas [para una zona de rezo mixta] mientras continúan las obras al sur del Muro. ¿Qué obras? Si ni siquiera han solicitado la licencia al Ayuntamiento”, exclama airada. “Jamás se la van a conceder. Lo sé bien. Durante 14 años formé parte del Consistorio. Son unos mentirosos”, sentencia antes de soltar una retahíla de palabrotas en árabe. El hebreo es una lengua pura y Anat, como muchos judíos en Israel, cuando jura lo hace en otra lengua.

Hace año y medio, las Mujeres del Muro lograron que el Gobierno israelí se comprometiese a construir aledaño al Muro un lugar para que mujeres y hombres pudieran orar juntos. Pero las obras de la conocida como zona mixta de rezo nunca comenzaron. Junto con representantes de los movimientos reformistas y conservador (moderado), a los que pertenecen la mayoría de los judíos estadounidenses, la asociación de Anat decidió poner el asunto en manos de la justicia israelí.

El Tribunal Supremo reclamó al Ejecutivo que expusiese antes del 25 de junio las razones por las que aún no había aplicado su propia decisión. La respuesta de Netanyahu —dejar en suspenso el acuerdo— echó a pique las esperanzas de las mujeres y los reformistas que pretenden terminar con el monopolio de los ultraortodoxos en el Kotel. El Gobierno, además, sigue reconociendo al rabinato ultrarreligioso como única autoridad capacitada para supervisar las conversiones al judaísmo en Israel, y ha reforzado el poder de los ultraortodoxos, en contra de las aspiraciones de las Mujeres del Muro y de los judíos reformistas y conservadores.

“No vamos a amenazar con un recorte de fondos, eso sería propio de niños de tres años. Acudiremos de nuevo al Tribunal Supremo para que obligue [al Gobierno] a cumplir lo acordado. Ese será el primer paso. Nosotras buscamos la igualdad completa: que las mujeres podamos leer la Torà en el Muro, o portar el tefilin o el talit [atributos de rezo reservados a los hombres]”, anuncia Hoffmann antes de lanzar un nuevo desafío al monopolio de los rabinos ultraortodoxos: “Aspiro a ocupar un puesto entre quienes dirigen el Kotel, porque el Muro es de todos”.

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