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Vence el ultimátum dado a Qatar por Arabia Saudí y sus aliados

Doha no da señales de plegarse a las draconianas exigencias de sus vecinos de cerrar Al Jazeera, romper con Irán o finalizar la cooperación militar con Turquía

El presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, recibe en Ankara al ministro de Defensa catarí, este sábado en Ankara.
El presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, recibe en Ankara al ministro de Defensa catarí, este sábado en Ankara. AP

El ultimátum dado a Qatar por sus vecinos expira en este domingo sin que ese país haya dado señales de plegarse a las exigencias de Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos (EAU), Bahréin y Egipto. No está claro cuáles serán las consecuencias si los responsables cataríes mantienen, como parece, su desafío, pero todo apunta a un enquistamiento de la crisis. Portavoces saudíes y emiratíes han dado a entender que van a profundizar el aislamiento a que le someten desde hace un mes y que presionarán a sus socios comerciales para que dejen de hacer negocios con Doha.

La lista de exigencias busca el rechazo”, titulan este domingo en sus primeras páginas la mayoría de los periódicos cataríes, haciéndose eco de unas palabras del ministro de Exteriores, el jeque Mohamed Bin Abdulrahman al Thani.

El jefe de la diplomacia catarí reiteró, la víspera en Roma, la postura oficial de que “las demandas violan la legislación internacional y no buscan combatir el terrorismo, sino minar la soberanía de Qatar, imponerle mecanismos de control y restringir la libertad de prensa”. No obstante, el jeque Mohamed dijo en lugar de rechazarlas por principio, su país estaba “abierto al diálogo, siempre que se dieran las condiciones adecuadas”.

Qatar admitió haber recibido el pasado día 22 “un papel” con las condiciones, en el que se le daban 10 días para cumplirlas. No obstante, ninguna de las partes ha confirmado el vencimiento del plazo. Entre los requisitos que le imponen sus vecinos destacan el cierre de la cadena de televisión Al Jazeera, reducir sus lazos con Irán y romper relaciones con organizaciones islamistas como los Hermanos Musulmanes (suní) y Hezbolá (chií), así como cancelar el proyecto de base militar turca en su territorio.

Arabia Saudí y EAU han subrayado que sus exigencias son innegociables. Un portavoz emiratí incluso ha mencionado la posibilidad nuevas sanciones y sugerido que podrían pedir a sus socios comerciales que eligieran entre hacer negocios con ellos o con Qatar, un lenguaje que parece un calco del empleado por EE. UU. con Irán antes del acuerdo nuclear. La incertidumbre ya ha empezado a hacer mella en la Bolsa catarí, que este domingo ha caído un 3,1 % y ya acumula pérdidas del 11,9 % desde el inicio de la crisis, según Reuters.

Los saudíes y sus aliados cortaron relaciones diplomáticas con Qatar el pasado 5 de junio por su supuesto apoyo al terrorismo (acusación rechazada de plano por Doha) e interrumpieron todas las comunicaciones terrestres, aéreas y marítimas con ese país. Diecisiete días después le entregaron una lista de 13 requisitos para levantar ese embargo, que ha puesto a prueba su capacidad de resistencia y sus alianzas regionales. Turquía e Irán se han apresurado a cubrir el vacío de alimentos y productos de primera necesidad creado por el cierre de la frontera saudí, la única terrestre de la pequeña península catarí.

Además de las importaciones de comida, la crisis ha afectado al tráfico aéreo y al turismo regional. Sin embargo, de momento, no ha alcanzado a las exportaciones de gas natural licuado (LNG), la fuente de la enorme riqueza de Qatar. Y lo que es más sorprendente, tampoco a la cooperación en el transporte de petróleo. El número de petroleros que se están llenando con crudo catarí además de saudí o emiratí incluso ha aumentado desde la ruptura de relaciones, de acuerdo con datos recopilados por Bloomberg. Si Riad decidiera imponer un boicot en ese terreno, crearía una pesadilla logística para sus propios clientes. La necesidad de reorganizar los cargamentos, reduciría la disponibilidad de barcos y aumentaría los cortes de flete, según la agencia.

Al mismo tiempo, el clima de enfrentamiento, sin precedentes entre las petromonarquías, que comparten lazos familiares además de geografía e historia, está dando lugar en las redes sociales a una exagerada retórica anticatarí e intolerancia hacia el menor desacuerdo. Algunos analistas empiezan a temer que ese clima refuerce la intransigencia de Arabia Saudí y EAU. Tras su retórica contraria al extremismo, esos países llevan años rechazando las políticas independientes de Qatar, que ven como una amenaza para el orden regional y sus propios intereses.

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