Selecciona Edición
Entra en EL PAÍS
Conéctate ¿No estás registrado? Crea tu cuenta Suscríbete
Selecciona Edición
Tamaño letra

Es circular, pero sobre todo es economía

Gracias al impulso de la UE se abre un escenario donde iremos abandonando paulatinamente la economía lineal para comprender que los recursos son limitados

Una mujer recicla en el centro de Viena.
Una mujer recicla en el centro de Viena.

Gracias al impulso de la Comisión Europea con el lanzamiento del Paquete de Economía Circular se abre un escenario donde iremos abandonando paulatinamente la economía lineal (producir, usar y tirar) para comenzar a comprender que los recursos son limitados. Es un camino necesario si Europa quiere liderar el desarrollo sostenible y la economía hipocarbónica, proteger el medio ambiente y fortalecer su competitividad.

A esto se han ido sumando organizaciones y administraciones públicas. Nos gusta pensar que Ecoembes también está aportando su “granito de arena” en este nuevo paradigma en cuanto a la recuperación de los envases domésticos, de los cuales ya reciclamos 1,3 millones de toneladas en 2016 (un 4% respecto a 2015). 

Como nos recuerda el profesor Antonio Valero: “El ser humano tendrá que vivir de sus residuos, como hace la naturaleza”. Y es que serán los residuos que generamos los que sustentarán buena parte del ciclo productivo. De hecho, el proceso circular más perfecto que conocemos es el de la propia naturaleza, donde no existe el concepto “residuo”. Seamos, por tanto, receptivos a procesos de biomímesis como parte de nuestra estrategia de adaptación.

Además de promover el reciclaje, hay otras etapas donde los principios de la economía circular ya están calando. Esto se ve reflejado en la jerarquía que la Unión Europea establece para los bienes de consumo, primando la reducción, la reutilización y la recuperación para finalizar con el reciclaje.

Pero antes de estos pasos, hay un proceso donde todavía queda mucho por hacer: el ecodiseño. La mayor parte de la materia usada para producir un objeto se pierde en la fabricación, que suele ir acompañada de importantes consumos de energía y agua, y de emisiones de gases de efecto invernadero.

Por ello, trabajar en el ecodiseño —en nuestro caso de los envases domésticos— fue siempre una prioridad. Colaborando con miles de empresas hemos conseguido envases más ligeros, usando menos materia prima, más reciclables y con menor impacto ambiental. Hoy un envase de yogur pesa un 18% menos que en 1999 y una caja de detergente, un 20%.

Hemos apostado por la innovación en todo el proceso de gestión de los residuos de envases; desde su diseño hasta el reciclaje, pasando por la recogida o el tratamiento. En el recién inaugurado TheCircularLab, hemos creado un espacio para la innovación donde el ecodiseño tiene una faceta capital.

Gracias a la colaboración con productores de materias primas, universidades, centros tecnológicos y empresas, ya trabajamos en proyectos como la compostabilidad de los envases más pequeños, envases monomateriales, y por tanto de mejor reciclabilidad, el diseño de envases de gran consumo a partir de material 100% reciclado y con una huella de carbono un 30% inferior, nuevos materiales como bioplásticos o la creación de envases comestibles. Y esto es solo el principio. 

Aunque realmente “economía circular” no deja de ser un bello oxímoron, y así nos lo recuerdan las leyes de la termodinámica, hemos de empezar a ver y gestionar las materias primas dentro de un bucle, un proceso infinito, donde les saquemos el máximo provecho sin perjuicio ni de la salud humana ni del medio ambiente.

Óscar Martín es consejero delegado de Ecoembes.

Más información