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Estados Unidos prosigue su escalada en Siria y derriba un dron de fuerzas partidarias del régimen

El Pentágono anuncia la muerte del jefe religioso del ISIS en un bombardeo

Imagen de archivo de un caza estadounidense F-15, como el que abatió el dron
Imagen de archivo de un caza estadounidense F-15, como el que abatió el dron AFP

La tensión sigue arreciando en Siria. La aviación estadounidense derribó este martes en el sur del país un dron de fuerzas partidarias del régimen de Bachar el Asad que amenazaba a soldados de la coalición internacional. El ataque tiene lugar a los dos días de que Washington abatiera un avión del Ejército sirio, lo que enfureció a Moscú, el principal valedor de Damasco, y expuso los delicados equilibrios en el sangriento conflicto.

Un caza F-15 estadounidense derribó un dron armado a las 12:30 en Siria después de que la aeronave no tripulada mostrara “intenciones hostiles y avanzara” hacia las fuerzas de la coalición posicionadas en los alrededores de At Tanf, cerca de la frontera con Jordania. En ese mismo lugar, EE UU destruyó el pasado 8 de junio otro dron de milicias afines al régimen que atacaba el puesto militar.

La coalición internacional advirtió de que “no tolerará” los “demostrados intentos hostiles y acciones” de fuerzas favorables al régimen hacia los países y sus aliados que llevan a cabo “operaciones legítimas” contra el autodenominado Estado Islámico (ISIS, por sus siglas inglesas).

Washington entrena y asesora en esa zona a fuerzas rebeldes para combatir al grupo yihadista. Ese es el objetivo oficial, pero sobre el terreno los límites se difuminan en el laberinto sirio, como revelan los últimos incidentes. En un momento en que se han intensificado los combates en el sur del país árabe, las milicias apoyadas por EE UU libran una pugna territorial con las fuerzas favorables a El Asad, que también tienen al ISIS como enemigo.

Por otra parte, el Pentágono anunció este martes que un bombardeo de la coalición en el sureste de Siria mató el pasado 31 de mayo a Turki al-Bin’ali, el jefe religioso del ISIS. Tuvo, según EE UU, un “papel central en reclutar a terroristas extranjeros y provocar atentados alrededor del mundo”. Como clérigo del ISIS, difundió mensajes de propaganda para incitar ataques, intentos de “legitimar” la creación del llamado califato y era un confidente cercano a Abu Bakr al-Baghdadi, el líder del grupo.

Tensión en el norte

La tensión también crece en el norte del país. EE UU justificó el derribo el domingo del avión sirio porque atacaba a sus aliados kurdos, que preparan el asalto a Raqa, el bastión del ISIS. Fue la primera vez desde el conflicto en Kosovo en 1999 que un caza estadounidense abatió uno de otro país.

Rusia, que apoya militarmente al Gobierno de El Asad y también combate a los yihadistas, reaccionó al ataque advirtiendo de que considerará como objetivos los aviones de la coalición que sean detectados al Oeste del río Éufrates. También amenazó con romper el canal de comunicación con EE UU creado para evitar incidentes aéreos.

Tras el aviso ruso, Australia anunció, como “medida de precaución”, la suspensión temporal de su participación en los bombardeos en Siria de la coalición, integrada por países occidentales y árabes.

Todo ello llega en un momento en que el presidente estadounidense, Donald Trump, no ha alterado el rumbo de la estrategia de Washington en Siria, pero sí el ritmo. El objetivo sigue siendo el ISIS y no El Asad, pese a que se pide oficialmente su renuncia. Pero el republicano ha reclamado “acelerar” la lucha contra el ISIS, ha delegado responsabilidades al Pentágono y ha dejado claro que no le temblará el pulso si lo cree conveniente, como exhibió en abril con el lanzamiento de misiles a un aeródromo del Ejército sirio en represalia a un ataque químico contra civiles.

La cúpula militar ha definido el nuevo enfoque como una “campaña de aniquilación” del ISIS, pero también se disparan los peligros para los cerca de 1.000 militares estadounidenses en el país y sus aviones de combate. Al aparcar la cautela de su predecesor, Barack Obama, Trump corre el riesgo que ha perseguido a muchos mandatarios estadounidenses en sus aventuras bélicas: la llamada slippery slope, pendiente resbaladiza, el concepto de que una escalada militar lleva a otra y EE UU acaba atrapado en un conflicto.

“La presencia de la coalición en Siria aborda la amenaza inminente que el ISIS en Siria propicia globalmente”, señaló el Ejército estadounidense en un comunicado tras el derribo del dron. “La coalición no busca luchar contra el régimen sirio, Rusia o sus fuerzas aliadas, pero no dudará en defender a la coalición y sus socios ante cualquier amenaza”.

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